Actualizado 20 / 09 / 2017

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Personajes típicos de mi ciudad

Existieron en Pinar del Río algunos individuos que, con su carisma y actuar, enriquecieron nuestra historia. Por el momento les cuento de algunos que conocí en mi infancia:

Rosita era una anciana que tenía alrededor de 70 años, bajita, mulata, sonriente, pero de poco hablar. No tenía familia y vivía en los solares yermos del otrora reparto Vélez, hoy Celso Maragoto. Fabricaba su propia casita con palos, cinc viejo, cartones... No tenía figura pero era su casa, ahí dormía sobre trapos y sacos de yute. En una lata de peras oxidada comía lo que le ofrecían sus vecinos.

¿Dónde se bañaba?, ¿dónde hacía sus necesidades?, es un misterio. Permanecía poco tiempo en los lugares (una o dos semanas a lo sumo). Luego desaparecía y levantaba en otro sitio una choza similar. A principios de la Revolución desapareció y no la vi más.

Alejo el ciego era un negro viejo de buen carácter. Caminaba por la ciudad y no tropezaba. Jamás supe dónde vivía. Se le veía andar por la calle Martí. Podía identificar por la voz a todos sus amigos. La gente bromeaba, lo tocaban por atrás: “No, con el feroz no”, replicaba él. Cierto día un hombre iba vendiendo cangrejos y Alejo compró una docena. El vendedor entregó el pedido y el ciego evaluó: “Pero estos están muertos”, a lo que aludió el comerciante: “Estos cangrejos vienen juntos en el saco y se fajan. ¡algunos mueren!”. “Deme los que ganaron la pelea”, exhortó Alejo. Siempre tuvo una sonrisa para los que lo saludaban y provocaban: “Alejo el siete”. Él sin molestarse respondía: “No, con el feroz no se juega”.

Homero Pata de Plancha fue un gigante de alrededor de seis pies: rubio, fuerte, de ojos azules. Nunca usó zapatos. Se cubría con ropas harapientas que le regalaban. Cuentan que caminaba toda la costa sur desde La Coloma hasta Bailén. No se metía con nadie y vivía de hacer trabajos de fuerza. Un día de 1963, mi familia almorzaba en un restaurante de la playa Las Canas y papá ordenó un arroz con pescado en cazuela de barro. Éramos ocho personas y se pidió comida para 16, por si acaso. Sobró más de la mitad y mi padre, al tanto de que Homero merodeaba por la zona, lo convocó a comer el resto. El gigante se llevó la cazuela al patio del establecimiento. Al poco rato pasé por allí y el cocinero me dijo que aquella era la tercera vasija que devoraba. No debió ser fácil mantener esa corpulencia, o encontrar semejante cantidad de comida todos los días. Nunca fue a un médico según me contaron, pero el día que enfermó no tuvo salvación.

personaje tipico 2

Sobre el Autor

José Martínez Márquez

José Martínez Márquez

(Pepe Martínez para sus amigos), 70 años, obtuvo mención en el concurso Crónicas de mi Ciudad

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  • Invitado - Uberto M Hernandez

    Homero murió ingresado en el hospital León Cuervo.
    Mi abuela materna que estaba ingresada en terapia intermedia en la cama de al lado,me contó en 1996 pocos días antes de morir ella, cómo Homero murió allí después de haber sido operado de un cáncer testicular que no pudo vencer.
    Homero era un personaje querido en Pinar

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