Actualizado 17 / 12 / 2017

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Una lección de hermandad

Dicen que eran muy amigos. Entre los dos, tan diferentes por el lugar de nacimiento y por la idiosincrasia en la que se criaron, surgió una empatía nada más se conocieron.

Ambos, Camilo y Che, dos de las grandes personalidades de Cuba, amados y venerados por los niños y adultos de este archipiélago, supieron cultivar la amistad, un sentimiento que solo los hombres honrados saben venerar.

Eran muy distintos en sus caracteres, los combatientes de sus tropas los describen a uno serio, Che, y al otro jaranero y bromista, Camilo. Sin embargo, la relación entre los dos siempre fue de maravillas, porque aunque uno de los dos siempre era propenso al chiste y las ocurrencias, primaba el respeto, la admiración y el afecto.

Si vamos a la génesis de estos dos hombres, sabremos que aun en escenarios distintos, cuando niños, ambos simpatizaban con ideales idénticos y soñaban con la independencia de España.

Hace un tiempo ya escribí sobre esto, creo que lo leí en un libro en el que hablaban de la infancia de Ernestico, en el cual aprendí que el año 1936, en Argentina, en el patio de la Villa Nidia, el pequeño inventó un juego en que él y sus amiguitos daban vítores. Casi los puedo escuchar a la distancia del tiempo y el espacio, y entre la algarabía infantil escucho el ¡Viva la República Española! Desde aquel entonces se gestaba en Che el ansia de libertad y el luchar por las causas justas.

Para Camilo no fue diferente, dicen que aún muy jovencito, recorría las calles de San Francisco, en la Habana, y pedía ropas y dinero para los niños españoles.

Tremendos hombres que unió la historia cubana. Ambos estaban predestinados a conocerse y a ser grandes amigos, al fin y al cabo sus corazones generosos y su forma de pensar coincidían.

No sé si la simpatía mutua surgió a partir de la lata de leche que compartió Camilo con el Che, cuando este perdió su mochila, pero lo cierto es que lograron ser legendarios no solo por su valor y patriotismo en la lucha contra la tiranía, si no por lo bien que se llevaban.

Octubre es el mes que más los recordamos, a los dos. Coincidieron hasta para morir, uno el nueve de octubre de 1967, el otro el 28 de octubre de 1959. Por eso por estos días, cada año, los cubanos les rendimos merecido homenaje a quienes inmortalizados por los apelativos de Guerrillero Heroico y Héroe de Yaguajay también nos dieron una lección de hermandad.

Sobre el Autor

Ana María Sabat González

Ana María Sabat González

Licenciada en Español y Literatura, periodista de Guerrillero. Ha sido profesora de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Se dedica al periodismo desde el año 1996 y aborda en sus trabajos diferentes temáticas sociales y políticas.

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