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De Agramonte a las enseñanzas de Fidel

Ignacio Agramonte

La historia de Cuba se formó por hombres de estirpe patriótica, de valores trascendentales y de un coraje sin igual, que los han inmortalizado a través de los tiempos, haciendo de ellos los ejemplos a seguir en cada contienda hasta nuestros días. Ofrendar la vida por las causas justas, por el respeto al amigo o por el compañero de lucha, nos evocan las buenas acciones de heroísmo; por lo que no podemos olvidar la historia de aquellos que nos legaron los más puros principios de fidelidad y entrega.

Sanguily, general del Ejército libertador y jefe de la caballería camagüeyana, mutilado de las dos piernas por las heridas recibidas en combates, se separó de la columna para lavar sus ropas y curar sus heridas; entretenido en ese menester estaba el general aquel ocho de octubre de 1871, cuando entró al bohío el hombre de su escolta anunciando la presencia de soldados españoles, y tomándolo en brazos salió con la preciosa carga, pero ya el enemigo los asediaban. Sanguly comprendió que estaban perdidos, entonces se agarró fuertemente de las ramas de un árbol y le ordenó al escolta que se marchara y que salvara la vida.

De nada valió la valentía de Luciano Caballero (escolta), no pudo evitar lo sucedido, y el general cayó prisionero de los españoles, quienes contaban con más de 120 rifleros y además comandados por el experimentado comandante César Matos.

Ignacio Agramonte, el Mayor, palideció al conocer la noticia en voz de Castellano, quien salvó la vida milagrosamente. Pero el Mayor reaccionó inmediatamente a pesar de no tener las fuerzas necesarias para enfrentar al enemigo, pero se iluminó y decidió rescatar a Sanguily o caer en el intento. Ordenó una rápida formación de los soldados, escogió 35 hombres y partieron a galope en busca del enemigo.

Rato después, al divisar la tropa española dijo: “El general Sanguily va prisionero en aquella columna enemiga, y es preciso rescatarlo vivo o muerto, o quedar todos allí”.

Los seleccionados lo escucharon con ese silencio solemne que preside el momento preciso de las grandes resoluciones. Tocó el corneta al degüello, y aquellos hombres se convirtieron en tromba arrolladora sobre el enemigo, que desmontados y prevenidos tras sus corceles repelían el choque haciendo nutrido fuego.

Los jinetes cubanos penetraron la tropa enemiga como entra un avispero en cólera tras la presa a la ofensiva. Sanguily abriéndose paso y herido en una mano además llegaba a sus libertadores y caía libre en los brazos de Agramante, quien lo estrechó emocionado; mientras, el escuadrón español huía con los heridos bajo el fragor de las descargas y cargando en el ánimo la estupefacta derrota infringida.

Han transcurrido 146 años de tan titánico hecho, y lo recordamos, para que ningún enemigo por poderoso que sea piense que el espíritu que primó en aquellos días gloriosos de nuestra gesta independentista va a estar ahora fruncidos de concesiones ante amenazas y condiciones que tratan de imponernos. Cuba es libre y como tal no admite imposiciones ni amenazas de ninguna potencia, ni de engreídos gobernantes que han tratado de aplastarnos con bloqueo y guerras encubiertas. Luchamos por la paz, nos solidarizamos con los pueblos y compartimos lo que tenemos como nos enseñó Fidel, pero claudicar y renunciar a la gloria vivida, jamás.

Sobre el Autor

Fermín Sánchez Bustamante

Fermín Sánchez Bustamante

Graduado del Instituto Superior Pedagógico en Pinar del Río, Cuba. Diplomado en Periodismo Internacional.

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