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Consideraciones sobre el pensamiento antiimperialista de Antonio Guiteras Holmes

Antonio Guiteras

Toda valoración que se decida realizar en torno a la década de los años 30 del pasado siglo XX cubano, signada por los desmanes de una falsa república-conocida como república neocolonial - instaurada el 20 de mayo de 1902, no puede realizarse al margen del papel desempeñado por un grupo de jóvenes que fieles seguidores del pensamiento martiano y de otros insignes patriotas, no temieron expresar sus disconformidades contra tan oprobioso modelo de explotación.

Uno de esos jóvenes cuya madurez política lo llevarían a convertirse en líder indiscutible de esta generación marcadamente patriótica y revolucionaria se llamó: Antonio Guiteras Holmes (1906-1935) de quien el Comandante Ernesto Guevara de la Serna (Che) expresara:
Antonio Guiteras representó, púes la idea internacional de nuestra lucha antiimperialista y americana, que reúne en Cuba, a todos los hombres del mundo dispuestos a pelear en cualquier terreno por un ideal que no tiene fronteras y que no puede encerrarse en las estrechas limitaciones de la patria, por importante y profunda que sea la palabra. Antonio Guiteras representa el más puro luchador antiimperialista y el precursor de la nueva etapa, de la lucha guerrillera, de la utilización del campo como factor fundamental para desarrollar la pelea contra todos los agentes del imperialismo. ()

Para encausar cualquier análisis apegados a la verdad histórica en torno al pensamiento antiimperialista de este ejemplar revolucionario, es necesario tener presente el tiempo que le correspondió vivir, marcado en su extrema complejidad, como se ha hecho referencia, por el establecimiento de una república que lejos de materializar las aspiraciones y sueños republicanos de José Martí, “...yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”, encadenó a la inmensa mayoría de los cubanos a los más crueles lazos de dependencia al imperialismo norteamericano.

No es casual que esta situación influyera significativamente en el pensamiento antiimperialista de Guiteras, el cual no solo fue capaz de hacerlo corresponder con la tradición existente y con los nuevos referentes históricos, sino en manifestarlo como expresión de una ideología revolucionaria pujante, como arma de combate y como violencia revolucionaria, posición que Raúl Roa sintetiza al decir que “(...) vivió y murió en la primera línea de batalla, oponiendo la violencia revolucionaria a la violencia contrarrevolucionaria...” .

La actividad política de Antonio Guiteras, así como su pensamiento, tuvo un profundo contenido antiimperialista. Durante la dictadura de Gerardo Machado rechazó la mediación intervencionista del Embajador norteamericano Benjamin Sumner Welles y actuó contra ella. Entre 1934 y 1935 se enfrentó decididamente a Washington y como Secretario de Guerra, Marina y Gobernación siguió la misma línea. Su posición era fruto de una arraigada convicción profundamente revolucionaria.

Su intuición acerca de que la mayoría de sus camaradas en el gobierno eran simplemente antingerencistas y que se limitaban a demandar cierto grado de autonomía para Cuba, manteniendo el sistema capitalista y la permanencia del país en la esfera de influencias y dominio norteamericano, lo condujo a escribir el artículo “Septembrismo”, en el cual demuestra una clara posición ideológicamente revolucionaria, pero sobre todo, un pensamiento antiimperialista, refiriendo que:

(...). Un estudio somero de la situación política económica de Cuba, nos había llevado a la conclusión de que un movimiento, que no fuese antiimperialista en Cuba, no era una revolución. Se servía al imperialismo yanqui o se servía al pueblo, pues sus intereses eran incompatibles

Notase la extraordinaria profundidad y actualidad de esta conclusión. Ella no solo es expresión objetivada de un conocimiento pleno de la manifestación de la república, instrumento incondicional de los intereses del imperialismo norteamericano, sino que enseña una tesis fundamental: la necesidad de que el tronco común de una revolución genuina en Cuba tiene que ser el antiimperialismo.

En las reflexiones que realiza el destacado ensayista, investigador y académico cubano Fernando Martínez Heredia, sobre el artículo “Septembrismo”, refiere que Guiteras.

No ha utilizado ninguna de las palabras que estaban entonces en boga en el arsenal teórico marxista, y, sin embargo, considero que los análisis y las tesis que expone en “Septembrismo” son los que suscribiría un marxista revolucionario que se esté sirviendo de la teoría, sin ataduras, para comprender la realidad y tratar de transformarla.

Refiriéndose a la existencia en Cuba de condiciones subjetivas para una Revolución, reafirma Guiteras su posición antiimperialista al plantear como una de las condiciones que:

La obra de la Revolución tiene que ser encabezada por una minoría penetrada de sus principios, con plena conciencia revolucionaria – y agrega-. La conciencia antimperialista solo puede ser completamente formada desde el poder a través de una política de reivindicaciones nacionales.

Durante la República neocolonial, tener un pensamiento contrario a lo establecido por las ideas políticas de la clase dominante, manifestadamente pro imperialista, era como firmar la sentencia de muerte; sin embargo, Antonio Guiteras, fiel seguidor de la tradición antimperialista de Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena, no descansó en su empeño de exponer constantemente su pensamiento y aunque no fue dado a escribir sus ideas al respecto, fue capaz de dejar un legado que llega hasta la actualidad.

En el programa de la “Joven Cuba” aparecen reflejadas dichas ideas: “Se suscribe como esencial al credo antimperialista, a cuya luz se desenvolverá una política exterior e interior genuinamente cubana” . Es fácil comprender el por qué dicho programa expresa como uno de sus objetivos, el antiimperialismo.

El hecho y sus implicaciones, no fue de beneplácito para aquellos que en la República vieron con malos ojos cualquier enfrentamiento con el amo del norte, interesándoles más sus intereses individuales que el interés patrio. Aspecto recurrente durante toda la vida republicana e incluso entre quienes personalmente se autotitulaban como revolucionarios y patriotas.

Todas estas acciones y reacciones condujeron a la firma definitiva de la sentencia de muerte del joven revolucionario, pues era catalogado como un peligro potencial no solo para el gobierno de Fulgencio Batista, sino para los intereses de los gobernantes norteamericanos en Cuba.

El lo sabía, pero como revolucionario que no teme a la muerte, no quiso escapar de ella a tiempo. Decidió partir de Cuba con un grupo de revolucionarios, entre los que se encontraba el venezolano Carlos Aponte, que había sido lugarteniente del General Augusto Cesar Sandino en Nicaragua.

Los heroicos combatientes no pudieron partir, porque dos traidores, uno de ellos, Carmelo González; el cual el joven Guiteras ayudó a recuperar su cargo en la marina cuando este fue Ministro, al enterarse de los planes de Guiteras, facilitaron la conducción a El Morrillo a las topas de Batista. Última acción combativa en la que participó el luchador y pensador antimperialista. Corría el 8 de mayo de 1935.

El Líder de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, refiriéndose a ese día expresó:

... con infinita satisfacción cumplo el deber de rendirle, este 8 de mayo el más emocionado tributo de recordación y simpatía... porque él quería hacer lo que nosotros hemos hecho y cayó como han caído otros muchos revolucionarios, porque se lanzó a hacer lo que nosotros estamos haciendo hoy.

Antonio Guiteras, a través de su pensamiento antimperialista, fue de los que más aportó al legado revolucionario que dejó, no solo, la Revolución del 30, sino su década. La presencia de su espíritu revolucionario, la dinámica de su lucha y su proyección ideológica, permanece viva en medio de nuestra lucha y se muestra también como un camino abierto para la liberación futura de los pueblos de América Latina.

Este joven revolucionario de ideas claras y amante del socialismo también anduvo por los muros del Moncada; pues sus ideas sirvieron de acicate a la generación del centenario que no dejó morir las ideas del maestro en el año de su centenario.

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