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El 13 de marzo en el camino de la libertad

El líder estudiantil José Antonio Echevarría cayó en la heroica acción. Foto. Archivo Cubadebate

El líder estudiantil José Antonio Echevarría cayó en la heroica acción. / Foto. Archivo Cubadebate

A 60 años del suceso, el levantamiento armado del 13 de marzo de 1957 en la capital cubana, sigue siendo un hito inolvidable de la historia nacional y el recuerdo de su líder, José Antonio Echeverría, muerto en la acción heroica, conmociona como el primer día.

El asalto al Palacio Presidencial, con el fin de ajusticiar al dictador Fulgencio Batista, y la toma de la emisora Radio Reloj, para difundir la noticia, eran los dos ejes principales de esta acción del Directorio Revolucionario, brazo armado de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).

José Antonio Echeverría, al frente de ambas organizaciones y a la cabeza de esos acontecimientos, había sido un sobresaliente líder estudiantil, decidido y valiente combatiente por la justicia social, desde el comienzo de la carrera de Arquitectura, a inicios de los 50, y en especial a raíz del golpe de Estado del sátrapa presidente, el 10 de marzo de 1952.

Al morir asesinado a los 24 años cerca de la colina universitaria, el propio 13 de marzo, el prestigio del joven cardenense era inmenso. Nacía de un patriotismo fogueado en años de lucha constante en los predios universitarios, tribunas, manifestaciones y reuniones que le ocasionaron prisión, golpizas y serios riesgos a su vida.

El Directorio Revolucionario heredaba con él y la pléyade de compañeros de lucha que lo acompañaron, las banderas enarboladas por Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Antonio Guiteras y otros jóvenes revolucionarios. Dentro del estudiantado encarnaban el propósito de luchar contra la tiranía, pero iban más allá, buscaban la unión con el pueblo como exponentes urbanos de la creciente resistencia nacional.

Con el liderazgo de Echeverría, llamado cariñosamente Manzanita o el Gordo por sus amigos, las acciones estudiantiles se intensificaron, a diario se producían en todo el país manifestaciones, mítines y paros que generalmente desembocaban en choques sangrientos con la policía del régimen de Batista.

Un antecedente significativo de los sucesos del 13 de marzo, fue la firma de la Carta de México el 29 de agosto de 1956 por parte del presidente de la FEU y el jefe del Movimiento 26 de Julio, Fidel Castro, quien preparaba en esa nación una expedición libertaria hacia Cuba.

En el trascendente documento se refrendaba la unidad de ambos movimientos revolucionarios en la intención de darlo todo en la lucha sin cuartel contra la dictadura de Batista.

Echeverría había viajado a tierra azteca para reunirse expresamente con el joven Fidel Castro Ruz, ocasión en la que coincidió con los revolucionarios Fructuoso Rodríguez, Faure Chomón, por el Directorio, y con Frank País García, jefe de Acción y Sabotaje del 26 de Julio en Oriente.

La intensidad de la lucha llevó a la concepción del 13 de marzo. Ciertamente las acciones desmintieron la aparente calma de la capital, en medio del clima de horror y represión sangrienta con que las fuerzas policiales reprimían a sus oponentes.

La preparación comenzó en enero de 1957. En síntesis, las operaciones se organizaron de la siguiente forma: el asalto al Palacio Presidencial por un comando de 50 hombres con armas automáticas encargado del ajusticiamiento del tirano.

Habría un grupo de apoyo, formado por otros 100 que entraría en acción posteriormente, a fin de garantizar armas, municiones y respaldar la seguridad mediante la toma de edificios aledaños.

Inexplicablemente el grupo de apoyo no se presentó y esto influyó en el fracaso de la acción combativa.

Al mismo tiempo sería tomada la emisora Radio Reloj por Echeverría y 15 hombres, para difundir la noticia de la muerte del tirano.
Este último destacamento ocuparía a continuación la Universidad de la Habana, donde se establecería el cuartel general que irradiara conexión y liderazgo con el pueblo de la capital, para extender la asonada, si era posible.

Pese al revés, que concitó aún más las acciones de venganza y crímenes de la dictadura, quedó claro para todos que el camino elegido, el de la lucha armada hasta la liberación total, era el único posible y la opción más viable en las condiciones de la Cuba de entonces.
Los patriotas lo concebían como una continuidad de las luchas emancipadoras iniciadas en 1868 y 1895, de la mano de próceres como Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo.

Manzanita, que además de joven de su tiempo y hombre de acción, tenía esto en sus convicciones, muy profundas, y que también preconizaban la unidad de todas las fuerzas revolucionarias.

Echeverría se fue tempranamente, pero su muerte en cumplimiento del deber, como él mismo dijera, señaló el camino de la libertad. Muchos otros, por suerte, siguieron su ejemplo.

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