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Dos joyas del patrimonio musical

Ana Fernández

Ana Fernández

En la mitología griega, Euterpe, “la muy placentera”, “la del agradable genio” o “la del buen ánimo”, está registrada como la musa de la música y es muy probable que ella, con esa flauta doble conque suele aparecer en las ilustraciones, haya rozado en diferentes momentos a numerosos pinareños cultores de tal denominación artística.

Pinar del Río ha sido una provincia pródiga en concebir exponentes del más genuino y depurado arte en las diferentes manifestaciones pero el contexto de la música, de manera especial, se ha vestido de gala históricamente.

Cuantiosos han sido los paradigmas de nuestro talento musical en el transcurso del tiempo, y por ello es menester destacarlos en cada oportunidad o zona de promoción posible, siendo en este caso la prensa, por su alcance y aceptación, el espacio idóneo donde dejar su impronta plasmada mediante la letra impresa.

La finalidad es honrar en alguna medida la obra que construyeron y encontrarnos de nuevo con el brillo que destellaron al entregar arte y vida en los escenarios, siendo ejemplos clásicos a destacar el ya fallecido Aldo del Río, auténtico caballero de la música tradicional cubana, y Ana Fernández, coronada como la reina indiscutible de las noches pinareñas.

Sus extensas y fecundas trayectorias dentro del mundo de la música y los espectáculos, se identificaron siempre por arrastrar multitudes y por incursionar en variados géneros musicales que les posibilitaron complacer a los más heterogéneos y exigentes públicos en diversos contextos.

Asimismo, teatros, cabarés, centros nocturnos, plazas públicas y demás espacios alternativos, se estremecieron durante décadas con sus inigualables voces que, acompañadas por contagiosas texturas musicales, les granjearon con justicia la aprobación y el respeto del público asistente a las presentaciones y la más alta valoración de la crítica especializada.

Aldo del Río, unido a la agrupación que dirigió por muchos años y que ostentó su propio nombre, fue el encargado, por excelencia, de amenizar la vida cultural de la campiña viñalera y por ello es recordado con extraordinario cariño y admiración en ese territorio.

Hoy, cuando ya no está presente desde el punto de vista físico, la agrupación Son de Cuní, heredera de su música y arte, continúa desarrollando su legado e incorporándole nuevas gamas musicales que lo enriquecen y perpetúan.

Ana, por su parte, apreciada por los expertos como un “encanto” de la música y el espectáculo en el país, actuó a lo largo de su fructífera carrera en significativas locaciones de Cuba y del exterior, siendo agasajada en México, España, Martinica, Angola y la antigua Unión Soviética, así como ova-cionada en plazas cubanas tan importantes como las del famoso balneario de Varadero.

Desde el ámbito de la enseñanza y la pedagogía musical, ambas figuras son consideradas como verdaderos formadores de generaciones de artistas.

Aldo transmitió permanentemente sus valiosas experiencias a numerosos músicos que hoy le agradecen en buena medida el éxito alcanzado en sus carreras, y Ana ha sido siempre una maestra del espectáculo contribuyendo con su sabiduría y asesoramiento a la formación de cantantes, bailarines, figurantes y hasta coreógrafos.

Por todas esas razones, muchos se atreven a aseverar que Viñales sin Aldo del Río y nuestros centros nocturnos sin Ana Fernández no son iguales.

Estímulos de diversas categorías y niveles, nominaciones a premios locales, nacionales e internacionales, además de condecoraciones y medallas con las cuales fueron distinguidos en numerosas ocasiones, se instauran como una constante en la vida y obra de ambos artistas y se exhiben como avales de un itinerario que los colocó de manera permanente en cimeros lugares de la constelación musical y del espectáculo de la provincia y el país.

Las distinciones recibidas por ellos comprenden un espectro tan amplio que van desde el reconocimiento a sus actitudes como padres y como revolucionarios por parte de diferentes organizaciones hasta los lauros artísticos, sindicales e institucionales otorgados por los más disímiles organismos.

En el caso de Ana debe destacarse que estuvo en el Festival de la Juventud y los Estudiantes efectuado en Helsinki (Finlandia) en 1962, lo cual es muestra de que posee una probada calidad artística desde sus inicios en la práctica de las artes.

En el año 2011, Aldo del Río y Ana Fernández agradecieron el homenaje que les hiciera Pinar del Río al dedicarles la celebración de la Semana de la Cultura, pero es innegable que a luz de estos tiempos se les puede rendir otros tributos por el hecho de estar contemplados en esa estirpe de artistas que es capaz de poner la vida al servicio del arte, la cultura y del pueblo que en definitiva es el gran destinatario.

La modesta contribución hecha en tal sentido a través de estas líneas, nunca será todo lo abarcadora que Aldo y Ana merecen, pero al menos pretende aproximarse al cumplido que la cultura cubana en general y de Pinar del Río en particular ha de entregarle a estas dos joyas del patrimonio musical pinareño, evitando con ello que se desplomen en el olvido y logrando así que jamás puedan ser borradas de la memoria.

Aldo del RíoAldo del Río

Sobre el Autor

Jorge Luis Lufriú Beade

Jorge Luis Lufriú Beade

Subdirector Provincial de Cultura en Pinar del Río

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