Actualizado 17 / 12 / 2017

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Miguel Arcángel Conill (hijo), vocalista del Conjunto Chapotín

Miguel Arcángel Conill (hijo), vocalista del Conjunto Chapotín

El río Ajiconal franquea como un arañazo el barrio de mismo nombre, de casas menudas y pobres. El cultivo de tabaco ocupa a los campesinos y me pregunto si alguno sabrá que hace 100 años –el ocho de mayo de 1917– nació en el poblado uno de los músicos más grandes que ha dado Cuba: Miguel Arcángel Conill, sin otro apellido que este.

El muchacho creció oyendo historias de un abuelo suyo que había sido rey en los montes de Guinea Bissau y esclavo inadaptado en la Mayor de las Antillas. Aprendió a amar la música casi por instinto.

Su familia se mudó a la ciudad de Pinar del Río siendo él muy pequeño. Al respecto contó al musicólogo Ezequiel Rodríguez: “Me crié en la calle Maceo número 28, junto con otros cinco hermanos. El lugar donde vivíamos era el más pobre de todos: el solar de Lolita Santiago; sin embargo, era un ambiente de decencia, porque los que habitaban los alrededores eran abogados, médicos... todos profesionales y junto a ellos se me pegó cierta cultura”.

Una vez escaló el muro trasero del Liceo de Pinar del Río para escuchar al Sexteto Habanero que se presentaba por aquellos días en Vueltabajo. Le impresionaron las voces de Cheo Jiménez y Gerardo Martínez y descubrió que quería ser como ellos.

A los 13 años cantaba con una agrupación familiar llamada Los Carameleros. Amenizaban bailes y fiestas sin recibir paga alguna.
Luego integró el sexteto Caridad, las orquestas de Fernando Sánchez y Jacobo Rubalcaba, entre otras.

El músico Ernesto Muñoz lo escuchó cantando en una ocasión y le gustó tanto su interpretación, que hizo un espacio para él en su orquesta, aclamada por entonces entre los bailadores de la capital.

El muchacho agarró su maleta y partió a labrarse su vida en La Habana. Dos años estuvo trabajando con Muñoz. Al término lo contrató el flautista Antonio Arcaño y más tarde fue vocalista en el conjunto de Arsenio Rodríguez, el ciego maravilloso. Arsenio viajó a New York en 1941 y la agrupación quedó a cargo del trompetista Félix Chapotín. En la etapa de Chapotín y sus estrellas acarició Cuní el cenit de su carrera.

Se presentó en Panamá. Viajó a Caracas junto con la Banda Gigante de Benny Moré. Estuvo en Aruba, Curazao, las Antillas Holandesas. Cantó en el Palladium de New York, un salón de baile que admitía 2 000 parejas. Lo ovacionaron en la Unión Soviética, donde se hizo acompañar por la orquesta sinfónica de Moscú en el bolero Convergencia.

Se conservan varios quinescopios o vídeos rudimentarios de la época, en los que le veo estirar y encoger las notas, colocar las palabras en lugares que solo él conoce, con la boca pegada al micrófono y el cuerpo pegado también. Sereno en su puesto y loca la gente en el baile.

“La gran musicalidad de Cuní, buen fraseo en una voz seca, pero con gran sentido del ritmo y amplia extensión vocal, además de una buena capacidad de improvisación, lo convirtieron en un cantante popular que conocía profundamente la materia sobre la cual trabajaba”, explica José (Pepe) Reyes Fortún, director del Museo nacional de la música, en la sesión teórica del festival La Guarapachanga.

Pepe cuenta que cuando tenía 15 años solía visitar las tertulias de Frank García Monte, uno de los coleccionistas de discos de ópera más grandes que tenía el mundo por entonces.

“Llegué un día y vi al cantor pinareño sentado en un rincón, con los ojos cerrados. ‘¿Y esto qué cosa es?’, me dije. El negro estaba oyendo Aida, de Giuseppe Verdi”.

–o–o–

Lilián, Isidro, Calili y Miguel Conill están en Pinar del Río la víspera del centenario de su padre y Guerrillero se acerca en busca de anécdotas.

Dice Isidro que el viejo era recto en la casa y a la vez cariñoso con los muchachos. “Me gustaba acompañarle a hacer mandados”.

Lilián recuerda la vez que se enfermó y Cuní la acompañó a justificar las ausencias en su beca de Tarará, donde estudiaba para maestra de primaria.

“Se demoraba un poco arreglándose y yo estaba ansiosa: ‘Papi, apúrate. Pero papi, ¿tú vas a ir de traje?’ Y me respondió ‘Este es mi sello, niña’.

“Su sitio preferido era la ventana.”, prosigue Lilián. “Allí se sentaba con sus cigarros y el respectivo vaso de ron a mirar para la calle”.
“Eran tabacos, Lilián”, la corrige Isidro.

“Oh sí, tabacos grandes. El carro de la basura pasaba todos los días a las seis de la tarde por Santa Catalina y el encargado siempre lo saludaba: ´ Cuní, eh, Cuní´, le gritaba. ´Aquí, faja´o con el mundo´, le decía papá desde la segunda planta. A veces le bajaba un trago al hombre”.

Miguel nació el mismo día que su padre y se enorgullece de seguir su legado como vocalista del Conjunto Chapotín:
“Yo me crie con mis tías maternas, como a 20 minutos de La Habana. Papá me iba a visitar cada cierto tiempo porque andaba ocupado en su farándula musical”, evoca. “Me mudé con él a los 13 años y descubrí que era un músico famoso. Me llenaba de asombro cada vez que lo sacaban por la televisión”.

Cuando su viejo murió el tres de marzo de 1984, Calili tenía apenas 12 años. Es la más joven y sonríe algo tímida mientras sus hermanos conversan. “Nunca se olvidó de mi cumpleaños”, confiesa.

Poeta sonero era. Nadie después de él supo interpretar mejor El Carbonero o la copla pegajosa del “kimbombó que resbala con la yuca seca”. Mi abuelo me cantaba esto de niña para que aprendiera a comer el vegetal gustosa, pero creo que ya les relaté esta historia.

En fin, que el Conjunto Chapotín hizo historia en el panorama sonoro de la Isla y nadie quedaba indiferente ante la afinación perfecta de Miguelito Cuní.

Tras el deceso del cantante, escribió el comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque la letra de Este son homenaje. Así rezan sus primeros versos: “Este son/ no se ha escrito para baile/ es un póstumo homenaje/ al que tanto son cantó/ lleno de gracia son era/ Miguel Cuní se llamó”.

“Mi tiempo fue el de la Década Prodigiosa. Adoraba escuchar a los Beatles y otros grupos foráneos; pero papi me enseñó a amar la música cubana”, dice Lilián“Mi tiempo fue el de la Década Prodigiosa. Adoraba escuchar a los Beatles y otros grupos foráneos; pero papi me enseñó a amar la música cubana”, dice Lilián

Miguelito Cuní

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

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  • Invitado - Tulio Gonzalez

    Soy Pinareno, me gusta la musica. Miguelito Cuni, fue un gran interprete de la musica cubana, siempre que lo oigo me alegra el Corazon. Saludos.

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