Actualizado 24 / 11 / 2017

buscar en guerrillero

Facebook Twitter Youtube  Rss 

19ºC
28ºC
Estado del tiempo en Pinar del Río

Un niño, un poeta, un árbol…

Nelson Simón

“Una casa protege como un útero”, advierte Nelson Simón en uno de sus poemas. La suya es espaciosa y cálida. Huele a inciensos, a velas aromáticas de vainilla y lavanda.

En la planta alta está la biblioteca y el escritorio donde concibe todos sus libros. Hay además una azotea con cientos de orquídeas.
“La casa es un espacio muy íntimo, de construcción personal, una prolongación del hombre que la habita; es esa matriz que te inventas, de madera, de hormigón o de concreto, donde puedes ser tú mismo”, piensa él.

En la sala-comedor, contigua a una terraza pequeña recibe a sus visitas. Allí me cuenta de otra casa querida, la de su infancia en los alrededores de Puerta de Golpe:

“Los primos de la ciudad llegaban los domingos alborotándolo todo y abuela se esmeraba en la cocina: ¡Eran días de fiesta!”, relata.
“Fui inmensamente feliz en aquel sitio. Tenía mis tesoros ocultos en las arboledas, mis cuevitas a la orilla del arroyo. Solía trepar por las barrederas de la casa de tabaco y acostarme en los cujes más altos. ¡Qué osado!

“Mami era militar y llegaba tarde en las noches y mi padre, por su parte, casi nunca estaba, empezó otra vida y tuvimos cierto distanciamiento; pero ambos se preocuparon siempre por cultivar esa sensibilidad que ya veían en mí. Ponían en mis manos los mejores libros y materiales para pintar.

“Una tía jovencita, que por entonces no tenía marido ni hijos, me dormía todas las noches con un cuento infantil y me llenaba de mimos.

“La figura de Lelo también fue fundamental en aquella etapa. Lo consideraba mi abuelo, aunque en realidad no lo era. Vivía en un rancho al lado de nuestro hogar. se llamaba Valerio.

“Esta persona cultivaba la tierra, me llevaba con él a ordeñar las vacas por la mañana, me buscaba una chiva para que yo tuviera mi chiva en el patio y me acompañaba a la escuela, que quedaba justo enfrente de donde vivíamos.

“El primer año de docencia se me confunde en la cabeza, porque ya con cuatro años me permitían asistir de oyente.

“Mi maestra se llamaba Francisca, vivía en Pinar del Río y viajaba todos los días hasta aquella escuelita rural para darnos clases. Yo siento que fui uno de sus alumnos preferidos, por el trato que nos propinamos toda la vida”.

Cuando Nelson comenzó el tercer grado, su madre tuvo a bien cambiarlo al seminternado Oscar Cabrisses, en Consolación del Sur. Todas las mañanas, a las 6:30, lo montaba en su recorrido. Ella seguía hasta su unidad militar y el niño se bajaba en el parque Martí, a la salida del pueblo, y hacía solo el trayecto hasta la escuela.

“Me sentaba en el contén de la acera a esperar a que abrieran las puertas. Por lo general las primeras en llegar eran las bibliotecarias y yo me iba con ellas a leer historias, hasta la hora del matutino”.

A los 11 años, este muchacho menudo salió por primera vez del ambiente bucólico de su pueblo para becarse en la escuela vocacional Federico Engels. Adaptado como estaba a la soledad del campo, le chocó la disciplina de su nuevo centro de estudios, la ruptura de su mundo creativo y fantástico.

“He tratado en mi obra de restablecer ese mundo perdido que en algún momento me fue quitado.

“Cuando cumplí 16 años me mudé con mi madre para la capital provincial, pero continuaba visitando Puerta de Golpe los fines de semana. Pinar del Río empezó a existir para mí a partir de mi etapa universitaria”.

¿Cuándo resolviste que serías escritor?, indago.

“La carrera que escogí fue Medicina, pero estando en la Facultad de Ciencias Médicas me vinculé a un taller literario y no sé por qué, me sentí pleno escribiendo aquellos poemas de amor trasnochados y románticos.

“Empecé a obtener resultados literarios, vi que la literatura me aportaba cosas y decidí abandonar mis estudios en tercer año”.

¿Cómo lo tomó tu familia?

“Fue una época muy difícil. Mi futuro se veía para todo el mundo como algo incierto. Mis padres habían hecho un sacrificio enorme educándome y yo me volcaba hacia una vida bohemia.

“Ahora un escritor puede vivir de su literatura, tiene mecanismos para integrarse al sistema de la cultura, ya sea como trabajador o como escritor independiente; pero en aquel momento al escritor se le igualaba a un paria, un vagabundo, un mantenido...”.

¿De qué año hablamos?

“1986. Me debatía entre buscar mi camino y complacer a mis padres. Por no quedarme en la calle fui a estudiar Biología pura en la Universidad de La Habana. La carrera era preciosa y me permitía comprender el mundo en toda su magnitud, pero la literatura pulsaba ya fuerte en mí. Un día, en medio de un examen de cálculo matemático, tuve un momento de lucidez y entregué la hoja en blanco. Fui a mi albergue, dejé una nota y un presente para cada uno de mis amigos y retorné a Pinar.

“Ese año en la Universidad de La Habana fue muy rico en el sentido de conocer mundo e intercambiar con los artistas de mi generación”.

¿Qué hiciste a tu regreso?

“Pasé un tiempo tratando de trabajar, de encontrar algo. Pinar del Río fue muy hostil. Hubo muchas incomprensiones, luchas generacionales, tabúes. La gente no comprendía mi literatura, mi posición ante la vida. Los directivos de las instituciones culturales marginaban a los poetas irreverentes que hablaban de cambio.

“Un día me presenté a una entrevista con Juan Luis Acosta, director por entonces de la emisora Radio Guamá. Me preguntó: ‘¿Tú escribes para niños?’ y le dije que sí, pero era mentira, claro. Lo que pasa es que yo necesitaba trabajar, poner un pie. El día que me dejaron poner un pie, que fue allí en Radio Guamá, puse los dos y seguí andando.

“Empecé a trabajar escribiendo guiones de programas dramatizados para niños. Quería aprenderlo todo y me metía en las grabaciones a observar el ajetreo de los actores y los sonidistas. Hice relaciones con amigos entrañables como Nersys Felipe. Yo escribía para la Nersys actriz que narraba mis cuentos y me esforzaba por redactar lo más hermoso posible”.

La radio es un gran medio de formación, le comento.

“Mucho de lo que soy se lo debo: la disciplina, el rigor, el dominio de la narración, del diálogo como movimiento y progresión escénica.
Cuando escribes para la radio tienes el reto de lograr que tu oyente paladee el sabor del arroz con leche y que el olor de la canela inunde toda su casa. Pasa igual cuando escribes un libro”.

¿Cómo se te ocurren los personajes de tus cuentos?

“Un día iba de paso por la calle y reparé en unos muchachos que jugueteaban animados bajo el aguacero; entonces se me ocurrió el cuento Lluvia de mayo, donde hay una niña que se quiere mojar para que le salgan los senos y lucir bonita ante el niño del que ella está enamorada.

“Cualquier cosa me puede mover a la creación. La realidad es muy rica y te deja cosas dentro, ideas que afloran cuando menos lo esperas”.

¿Sigues alguna rutina a la hora de escribir?

“Escribo cuando puedo y quiero. Mi vida puede ser de todo, menos rutinaria”.

Según tu opinión, ¿cómo ha de ser la literatura para niños?

“Divertida”.

Hay pocos niños lectores, ¿no desalienta un poco?

“Hay pocos niños lectores porque hay pocos padres lectores, pero cuando aparece frente a ti uno de esos chiquitines, es maravilloso y vale por cien.

“Mira, aquí tengo una carta que me escribió hace poco una niña”, Nelson toma del aparador un papel doblado y lee: ‘El objetivo de esta sencilla esquela es hacerle saber qué significan para mí sus escritos, la alegría que siento cuando voy a la librería y leo en alguna portada: Nelson Simón, ahí tomo sin pensar el libro y luego, en mi casa, lo digiero con infinito gusto'”.

Antes de ese fragmento la pequeña describe cómo se conocieron y la risa que le provocó escuchar a Nelson declamando un poema.

“Otro día recibí correo de una niña de 11 años. Preguntaba si yo, que había escrito tanto del tema, creía en el amor. No sé qué le contesté después de haber llorado muchísimo”

¿Y tú crees en el amor?

“Hombre, absolutamente. Toda mi vida está basada en el amor. Mi escritura también. Creo que existe, que es posible y que hay que saberlo buscar.

“Pero no es el amor de sentarte a esperar a que te quieran. Hay que entregar, perdonar, ponerse en el lugar del prójimo, de la pareja.
El amor es tan simple como compartir una taza de café humeante en la mañana o cultivar orquídeas entre dos”.

Recién te otorgaron tu séptimo Premio de la Crítica por El humano ejercicio de las conversaciones. ¿Qué significado otorgas a estos galardones?

“El Premio de la Crítica no es un concurso al que tú te presentas, sino que concurren los libros por derecho propio. Un jurado de escritores, periodistas, críticos, investigadores e historiadores se reúne para reconocer la producción editorial del país en un año completo.

“Es un honor que siete de mis títulos hayan recibido tal distinción. Mi primer Premio de la Crítica todavía lo recuerdo con sorpresa, fue por el poemario A la sombra de los muchachos en flor, sobre el tema de la homosexualidad”.

Otra de sus obras, Cuentos del buen y mal amor, mereció, además, el premio de los lectores que otorga la Biblioteca Nacional de Cuba, al libro más consultado por los niños y adolescentes en la Red de Bibliotecas Públicas del País.

- “¿Tomas café o té?”, invita Nelson.

-Café, pero menos de media taza, le indico yo.

- “¡Muchacha, eres más rara que un perro verde!”, se ríe mientras acomoda la cafetera en el fogón. “Así dicen en España. ¿Sabes?: de vez en cuando necesito perderme en una gran ciudad como Madrid, donde nadie me conoce, donde soy una persona más que camina por el parque y hace compras.

“Luego quiero volver al cascarón. Me gusta la vida tranquila de Pinar, entre lo citadino y lo rural. Salir caminando y toparme el río a un par de kilómetros. Aquí soy el Nelson que puede ser lo que ha construido.

“Una de las cosas que me gustaría hacer es un bosque, que los escritores para niños fuéramos y plantáramos un árbol y que eso se convirtiera en un parque de recreación para las familias, con esculturas alegóricas a personajes de la literatura infantil cubana.
Quisiera que de aquí a 40 años la gente recordara: aquel árbol lo plantó Nelson Simón”.

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

Enviar un comentario como invitado

0
  • Invitado - ana maría

    Susana, me gustó mucho tu entrevista, es amena y muy bien llevada, atrapas al lector desde el primer instante. Felicidades.

    URL corta:

Red 2.0

Aplicación móvil
Extensión para su navegador

Periódico Guerrillero