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Trazos de la realidad

Carlos Enrique Álvarez Delgado. / Foto tomada del perfil de Facebook

Carlos Enrique Álvarez Delgado. / Foto tomada del perfil de Facebook

Carlos Enrique Álvarez Delgado es un pintor de apenas cuatro décadas de vida. Elocuente, conversador e inteligente pudieran ser algunos rasgos perceptibles para quienes intercambian con él unos pocos minutos.

Su formación artística en la manifestación de artes plásticas fue enriquecida con el paso del tiempo con varios talleres como de técnicas de representación, cinematografía, vitrales, entre otros que le dieron una visión amplia e integral de la cultura. Por su labor ha obtenido reconocimiento en el gremio cubano y sus obras integran colecciones privadas en países como Inglaterra, Alemania, Rusia, Holanda, Estados Unidos, México y Puerto Rico. ¿Cómo descubre su inclinación por la pintura y cómo fue ese tránsito por la educación artística? “Yo nací en San Luis el ocho de abril de 1976. De pequeño incursioné en el mundo del arte a través de un círculo de interés en la casa de cultura y después matriculé en la escuela vocacional de arte Raúl Sánchez. “En el momento en que se realizó el pase de nivel no pude ingresar en la Escuela Nacional de Arte (ENA) y me decepcioné un poco. Inicié el décimo grado en tecnología de los metales en el instituto politécnico Primero de mayo. “Muchas amistades me apoyaron para que me presentara al año siguiente a los exámenes e incluso la directiva de la escuela me convalidó algunas asignaturas y me dio tiempo para la preparación. Así fue como pude inscribirme en la especialidad de Artes Plásticas en la ENA. “En ese tiempo pasaron las bienales de La Habana, los circuitos de las enseñanzas artística media y superior. Esos entornos eran muy especiales. Confluían propuestas de artistas y fue entonces cuando participé en una de las primeras exposiciones que se hizo colateral. Después formamos parte de otras muestras colectivas en la casa del joven creador. “Durante mis estudios en la Habana fundamos un grupo llamado Molino Rojo, integrado por pintores y escultores, e hicimos una exhibición en lo que hoy es la fundación Habana Club de la capital que antes era la Casa del Joven Creador. Solo hicimos una exposición en la que estábamos Yoan Capote, José Emilio Fuentes Fonseca, Yosvani Malangón y yo. “Hubo otras en las cuales participé en la galería La Copa en Playa y en la Servando Cabrera. También se hicieron algunas muestras colectivas. “Al terminar mis estudios hice mis prácticas laborales en el hotel Copacabana durante casi seis meses. Me mantuve viajando a Pinar visitando a la familia, pero radicaba en La Habana. Hubo otros proyectos como por ejemplo en la biblioteca Luis Rogelio Noguera, en la cual había un pequeño espacio donde muchas veces exhibíamos nuestras obras relacionadas a temas literarios. “A la provincia regreso con 32 o 33 años porque me había casado y mi esposa esperaba a nuestro primer hijo, Carlos Manuel. Decidimos que lo mejor era estar en un entorno más familiar para la espera del suceso”. ¿Cuál fue el ámbito que encontró en Vueltabajo para su desarrollo profesional? “Pinar del Río fue una etapa muy importante durante cinco o seis años. Adversidades y problemas siempre van a existir en cualquier parte de este mundo. Uno trata de asumir la realidad de una forma digna. Ese era un nuevo periodo, como padre y por primera vez en Vueltabajo como ciudad. “Empecé a desempolvar viejas conexiones con amistades y a actualizarme con los nuevos proyectos que estaban aconteciendo. Participé en salones importantes como el de adquisición Tiburcio Lorenzo Sánchez (2013) y la XXVII edición del Salón 20 de Octubre en los cuales fui premiado. “Aprendí de muchas personas que conservan o quieren hacer una obra desde la periferia”. Al igual que usted otros artistas migran hacia la capital buscando un mayor desempeño profesional. ¿Cómo explica este fenómeno desde su vivencia? “Hacer arte desde una provincia no es igual a realizarlo en La Habana, porque allá están más centralizadas todas las galerías, los circuitos, museos, salones, eventos, bienales, los cuales siempre abarcan mayor número de instituciones y son más ambiciosos. “Aunque en Pinar se hacen cosas colaterales los espacios son reducidos. Sin embargo, aquí cree nuevas series y etapas que fueron parte de la evolución de mi obra y de lo que hoy por hoy vengo haciendo. “En la medida que fui creciendo en cuanto a visión conceptual de mi obra, a aspiraciones pictóricas de una envergadura un poco más ambiciosa, profunda, seria y abarcadora, la misma obra me estaba pidiendo otros espacios donde pudiera darle otro tipo de visión o hacerme un poco más visible. “Entre las dos ciudades hay diferentes dinámicas, y cada una tiene sus méritos. En La Habana me pedían cosas aún más serias, obras de más categoría y eso me forzaba a buscar mejores condiciones de trabajo, otros espacios, poder trabajar con la fotografía. La capital me empezaba a mostrar otros senderos. Era una forma de continuar el camino del desarrollo de mi obra”. ¿Qué peso tiene la fotografía en su trabajo? “Desde hace tiempo trabajo el estilo hiperrealista, foto realista o superrealista. Es una tendencia en la que se pueden tocar muchas aristas o temas como el paisaje como género o el retrato. “Para ello la fotografía es una herramienta muy importante porque me da muchos recursos como el trabajo con los colores, escenarios, luces o drama que yo pueda desarrollar. A veces puedo tener una idea preconcebida en bocetos pero a lo mejor con algunas modificaciones surge una idea por encima de la inicial. “Cada día el artista es más independiente y trata de ser más multipropósito. Busca ir a la par de su tiempo y necesita tener conocimiento de diversas herramientas que enriquezcan su obra como la fotografía, la informática, las redes sociales, arquitectura...”. Todo profesional está llamado a una formación integral y el arte no está exento de este requisito de la modernidad. ¿Qué beneficios le brinda las plataformas alternativas como creador? “Internet es una herramienta clave en los tiempos en que vivimos para muchas esferas, no solo en el arte. Para el artista es trascendental porque ayuda a proyectar nuestra obra, de una forma más inmediata, fresca y ponerla a disposición del mundo. “Tiene un sinfín de utilidades, pues permite dar a conocer las últimas creaciones, un making off de una exposición o el montaje de una exposición o de una serie de obras, por citar algunos ejemplos. Estas plataformas permiten a aquellas personas que no pueden viajar por el mundo que el mundo llegue a ellos. “Cada día aumenta el desarrollo y el fomento de la necesidad de proyectar una apariencia seria y responsable del acontecer cultural de Cuba, tanto de proyectos a gran escala como de artistas en individual. Eso nos obliga a conocer cómo proyectar nuestra imagen y obra a través de esos medios alternativos, con las ganancias y los perjuicios de su uso”. ¿Qué proyectos tiene para el 2018? “Desde hace dos años vengo trabajando en una serie llamada El robo del polen, que va dirigida a aquella sensación o sentimiento de pérdida con respecto a algo. Consta de tres etapas dirigidas al retrato, también en la vertiente del hiperrealismo. En la primera reflejo la figura humana en diversos escenarios, la segunda vinculada a animales y la tercera a lo objetual (muñecos, artefactos o figuras amorfas). “He hecho varias obras pero debo terminar unas sesiones fotográficas, seguidas de un trabajo de mesa y finalmente terminar de pintar la primera parte. “Ha habido interés de ciertas galerías como La Acacia con algunas de esas obras. Para cuando termine el proyecto ellos lo estudian y si dan luz verde veremos qué puede pasar”. Volver al principio es parte de todo ciclo. Usted inició hablando de su pueblo natal, y para concluir sería un gran reconocimiento para un municipio como San Luis saber qué peso tiene ese territorio en su desarrollo, tanto personal como profesional. “San Luis es el pueblo donde nací y me crié durante mi infancia y adolescencia. Allí está la mayor parte de mi familia, donde bebí y me nutrí de la vida campesina. De una forma sana fui creciendo con un entorno familiar y de amigos de infancia, donde me escapaba al río, montaba a caballo, tumbaba mangos. San Luis agrupa un peso emocional muy grande a la hora de apuntalar aquellas grandes aspiraciones del niño que un día fui, el mismo que soñó con hacer arte, ser un creador, pintor. Todo lo soñé desde San Luis “Este niño le debe mucho a los que contribuyeron a que no desistiera de ese sueño. Esas personas que me apoyaron y siempre estuvieron muy pendientes de mi vida en todos los sentidos, tanto personal como profesional. Creo que cuando pueda sentirme mal o con decepciones grandes en mi vida, me seguirán moviendo mis dos hijos y esa deuda eterna con esa gente que a la vez es San Luis”. Carlos Enrique es un hombre fácil de palabra. Conversar con él puede llevar horas mientras los temas se entrelazan de manera casi imperceptible. Quizás sea de esas personas cuyo nombre es desconocido para quienes no frecuentan las galerías, pero cuyo talento e inteligencia es inconfundible para quienes han presenciado su obra. Él continúa guiando un pincel que fotografía en el lienzo la esencia que no solo capta el ojo sino también el alma.

Sobre el Autor

Loraine Morales Pino

Loraine Morales Pino

Licenciada en Periodismo, graduada en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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