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Puntadas de amor

Según esta consolareña, la muñequería también es un arte / Foto: Vania López

Según esta consolareña, la muñequería también es un arte / Foto: Vania López

Desde hace varios años Giselle Martínez Menéndez desarrolla varias vocaciones. Con sus más de tres décadas de vida, impartir conocimientos a estudiantes de la enseñanza Primaria deviene don profesional; como madre, cada tarde aguardan por ella sus tres tesoros y en los ratos libres entre retazos confecciona muñecos de trapo.

No sabe cuántos tiene. Todos son resultado de su destreza. Los supervisa recelosa solo cuando los lava y los tiende en el patio. Conoce cada uno de ellos porque en cada ejemplar ve una huella de su vida. “Mi muñeca preferida se llama Sofi, y tiene tres años de creada. Es un diseño propio”, confiesa orgullosa.

“Comencé hace algún tiempo, un día que salí con mi mamá. Íbamos para un turno médico y vi a una muchacha que vendía un muñequito bien bonito y curioso, pero muy caro. El precio era un horror. Yo sabía coser, pero nunca había intentado hacer algo aquí.

“Llegué a mi casa con aquella inquietud de creadora. El primero no salió como esperé, pero en el segundo fui a los detalles y me quedó más bonito que aquel que había visto, porque lo hice con mucho cariño.

“Después comencé a explorar varios tipos de diseño. Encontraba otro peluche, ya fuera un oso, un perro o un gato. Me fijaba en cada costura, la cantidad de piezas, y así me fui haciendo de mis moldes. Varias amistades también me ayudaban, con algunas ideas hasta que logré muchos modelos.

A los niños les llama la atención el muñeco de trapo porque lo pueden manipular con facilidad. A mí hacerlos me permite representar la expresión que deseo transmitir: dormido, triste, con sueño, sonriente. Si hablamos de valor económico es mucho más barato dado que el costo es ínfimo en comparación a un muñeco industrial. Las telas provienen de las tiendas que venden ropa reciclada y como relleno uso el saco de nailon deshilado.

“Además, lo considero como una obra de arte. Por lo general el que crea es porque le gusta, tu creación lleva ese valor espiritual, que es como el crecimiento personal, un reto.

“Mis conocimientos empíricos los comparto en un proyecto socio productivo que vincula a los padres de la comunidad, a niños de la escuela Joe Westbrook de Consolación del Sur y a sus familiares.

Una pequeña representación. “En mi casa hay muchos más”, declara Giselle Martínez Menéndez / Foto: Vania LópezUna pequeña representación. “En mi casa hay muchos más”, declara Giselle Martínez Menéndez / Foto: Vania López

“Pretendemos donar los muñecos que confeccionamos a las aulas de prescolar de diferentes escuelas. El material de juego para esos grados es escaso y todas las actividades docentes se desarrollan a través del juego. Nos estamos dando a la tarea de apoyar el proceso de enseñanza aprendizaje. Ahora somos alrededor de 12 personas adultas y 20 niños”.

El proyecto apenas emprende y ya promete realizar un gran aporte a la comunidad.

Giselle, consolareña, maestra, madre y ciudadana consecuente comparte un don que la vida le otorgó, para que con cada puntada de amor diseñar la sonrisa de un niño.

Sobre el Autor

Loraine Morales Pino

Loraine Morales Pino

Red 2.0

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