Actualizado 21 / 07 / 2018

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Érase una vez un rey que no necesitó telón

Escena final de Érase una vez un rey. / Foto: Anelys Alberto Peña

Escena final de Érase una vez un rey. / Foto: Anelys Alberto Peña

Sin más que sus voces, aptitudes y talento natural, en la más primitiva de las escenografías y sin las fanfarrias de un gran teatro, tres jóvenes sanjuaneros dieron vida a la obra de origen chileno Érase una vez un rey en el patio de la Casa de Cultura de ese municipio.

La puesta en escena sacó a la luz al grupo de reciente creación Fénix y rompió con la pausa de esta manifestación artística en el territorio. La decadencia del estado constructivo de la instalación no ha impedido que se cocinara la obra que pudo apreciar un numeroso público, ávido de este tipo de presentación.

La primera voz que se oyó en escena fue la de Watusi, quien demuestra su hegemonía sobre su acompañante Ñafle desde el principio.  

La historia no está recreada en un tiempo específico, un país o una ideología determinada. Es una reproducción del poder en un espacio tan ínfimo como un basurero, donde dos jóvenes disputan sobre quién será rey y quién subordinado con alusiones a procesos políticos. Más tarde, en escena, la intromisión de un tercer personaje, una tercera pata que entra en la relación de poder para reclamar su derecho al trono también, Sonajera (Leisys).

Al natural, al descubierto, quedaron el histrionismo de Andy Luis Colombé Oliva (Watusi) y Lázaro Orestes Martínez Díaz (Ñafle), el primero estudiante de Estomatología y el otro cuentapropista, ambos instruidos y dirigidos por la instructora de arte de la institución Leisys Mesa Valdés (Sonajera). En su convergencia  se encuentra el valor del arte hecho por aficionados, o mejor, por apasionados, o más allá, por enamorados del arte de las tablas.

“Coincidí con Leisys en el acto de inicio del curso de décimo grado cuando abrió el preuniversitario en el municipio. Ella mencionó que quería hacer un grupo y le dije que quería participar porque siempre me ha gustado actuar, desde niño. Esto no es solo un hobby para mí, sino que me gustaría alcanzar cierto tipo de reconocimiento”, manifestó el futuro estomatólogo a Guerrillero.

Según la directora del grupo, al principio no se llamaba Fénix. Asumieron ese nombre ahora porque resurgió después de muchos años en los que sus integrantes tomaron distintos caminos de estudio y trabajo.

Para Lázaro la experiencia fue otra: “Empecé un poco más tarde, Andy me comentó lo que estaban haciendo y como siempre quise ser parte de una obra de teatro, le dije que estaba interesado.

Entonces empezamos con esta desde hace unos cuatro meses. Hoy fue mi primera vez como actor”.

Mesa Valdés agregó que, el entrenamiento de estos muchachos deriva de la etapa preuniversitaria, período en el cual implementó talleres de creación pura para el trabajo de la voz, la dicción, el movimiento en escena y un grupo de elementos técnicos importantes para el desempeño actoral.

“Por eso traté de recuperarlos, pues ya tenían una base, así cuando nos veíamos por las noches en los ensayos la concentración era para otro tipo de ejercicio. A partir de ahora quisiera incrementar al menos dos actores más”, concluyó la profesora.

Eran las nueve de una de esas noches de música vulgar en cualquier rincón de San Juan y Martínez y el salón de la Casa de Cultura del municipio se llenaba para ver el renacer de un teatro con expectativas y hambre de más, de estos espacios inteligentes.

Ñafle Lázaro Orestes Martínez Díaz mientras corona a Watusi Andy Luis Colombé Oliva. / Foto: Anelys Alberto PeñaÑafle Lázaro Orestes Martínez Díaz mientras corona a Watusi Andy Luis Colombé Oliva. / Foto: Anelys Alberto Peña

Sobre el Autor

Anelys Alberto Peña

Anelys Alberto Peña

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca

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