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Libro electrónico vs Libro impreso: pelea o desafío

Del 2000 en lo adelante Pinar del Río pudo disfrutar de una constancia en las publicaciones Riso.

Del 2000 en lo adelante Pinar del Río pudo disfrutar de una constancia en las publicaciones Riso.

Ante los tiempos que corren, el desafío de la tecnología más la lucha del libro electrónico frente al impreso, este último parece mantenerse inamovible en una batalla que hasta ahora, para mal de los detractores, no ha culminado.

Hablar de tecnología es siempre difícil, perceptual, sobre todo cuando se esboza ese mundo que hoy nos envuelve desde un ámbito tan complejo como lo es la Cuba contemporánea. Sin embargo, desde la reinauguración del centro de promoción y desarrollo de la literatura y el libro (CPDLL) Hermanos Loynaz, en febrero de 1990, los lectores alcanzamos la costumbre de los “altos” resultados que para entonces se conseguían.

Más tarde, luego de experimentar por parte de la institución misma una posibilidad futura e incierta, se hicieron algunas pruebas, hasta que con la publicación de Ciertas tesuras del odre, de Armando Abreu Morales, y los Charcos de la memoria, de Alfredo Galiano Rodríguez (ambos en 1995), pareció definirse una realidad casi nula hasta ese momento: la del mundo editorial que posibilitaría ver más libros, no obstante atravesar la etapa del periodo especial, de conjunto con un vacío casi generalizado respecto al desarrollo tecnológico.

Tanto así, que desde 1994 hasta 1998, el CPDLL solo imprimió cuatro libros en el primero de esos años, ninguno de narrativa; 13 en 1995 –considerable mejoría teniendo en cuenta el entorno social y la cantidad de autores existentes en esa época–; cuatro en 1996; ocho en 1997 y cinco en 1998, cuando la recuperación de la crisis empezó a mostrar algunas señales de llegar a su fin.

La industria del libro estaba tan afectada o deprimida como el resto. El miedo a determinadas terminologías como negocio, divisa o marketing comercial (aún con la despenalización del dólar) se mantuvo presente en el vocabulario de los cubanos al frente de esta producción, a pesar de las dificultades en cuanto a la asunción de roles, modelos administrativos y ejecutoriales.

No fue hasta los años 2000 en lo adelante que Pinar del Río pudo disfrutar de una constancia en las publicaciones Riso, y el tránsito de la provincia a través del estigma de sucesión administrativa bajo la égida del modelo capitalino, diferenciada únicamente en la repercusión y reproducción de la creación literaria local, donde destacan poetas y narradores pinareños.

Ya desde el 2009, las publicaciones Risograph del CPDLL, imprimieron solo en narrativa 15 novelas, 41 libros de cuentos, ocho novelas para niños y 27 cuadernillos de cuentos infantiles, gran parte de ellos como resultado de premios en concursos de tipo nacional y provincial, sin incluir en esta suma 70 libros de ensayos.

Gracias a diversos esfuerzos del Centro Provincial del Libro y la Literatura (como institución rectora) y del “Hermanos Loynaz”, muchos percibieron así el sueño materializado en libro.

Pero con el tiempo el duplicador Risograph que tanto provee a escritores vueltabajeros quedó semiobsoleto, estancado con respecto al salto tecnológico necesario. Pues, dentro de ese nuevo mundo que se expande paralelo a nuestras vidas, no solo van ganando más espacio los libros electrónicos (e-books) o los lectores del mismo formato (“readers”): kindles, tabletas, ipads y teléfonos celulares de manera particular.

El libro, casi encerrado por iguales que incluso lo superan en ocasiones, está forzado a entrar en el orden de publicaciones digitales alternativas a políticas de mercado, inversión, visión y desarrollo que sean verdaderamente competitivas.

Todo ello, debido a que no basta con que nos insuflemos en que “hacemos mucho con poco”; la realidad es que con guillotinas, presilladoras, computadoras –que cada día de cara al mercado no pueden enfrentar lo tecnocrático–, además del mínimo acceso a diferentes servicios, impresoras estrictamente definidas a formatos A4, un duplicador Risograph al que se debe mantener constantemente por vías poco convencionales, escáneres de baja velocidad y el poco acceso real a una “autopista de la información” verdaderamente colaborativa, incluso al interior del país, difícilmente podamos llegar a soñar siquiera con propiciar un “mercado del libro”, que también se restringe a sí mismo por sus pocas posibilidades de ingreso.

Es imprescindible mirar hacia la superación en cuanto a tecnología, información, plataformas, el intercambio real, efectivo en que se ejerciten posibles escenarios y la coordinación de cursos y recursos en el entramado tecnológico aplicando un campo real de investigación, desarrollo e innovación (I+D+I).
Ello le permitiría a muchas instituciones intentar su propia venta de servicios digitales, manifestarse activamente en un “mercado”, que si bien mantiene a todo el mundo en vilo por su competitividad, generaría al menos capacidades y capacitados (vendedores, proveedores, compradores, clientes) para intentar buscar las mejores soluciones a eso que se mueve hoy justo bajo nuestra mirada.

Sobre este particular ya se han comenzado a dar los primeros pasos desde hace tiempo con la digitalización de innumerables documentos en el “alma mater” de los intelectuales, como lo es la biblioteca nacional José Martí (www.bnjm.cu), servicio de descarga semanal La Mochila (http://mochila.cubava.cu/mochila), una gran cantidad de libros descargables (lamentablemente con alcance local e interior) de la biblioteca provincial Ramón González Coro, las revistas dispuestas para su descarga (aunque no todas por razones técnicas de fuerza mayor) en la página de la Revista de Arte y Literatura La Gaveta en su web (www.lagaveta.pinarte.cult.cu).

También para aquellos que pretenden ver cómo funciona un “mercado digital” real, y paralelo, aún está en perfeccionamiento www.libreriavirtual.cu, a cargo de la Empresa de Tecnologías y Servicios Telemáticos Avanzados (Citmatel, www.citmatel.cu), que si bien no es perfecto, permite que tanto personas naturales como jurídicas, puedan acceder a determinados contenidos desde el punto de venta de esta Empresa, tal cual es el ejemplo de su catálogo y de la promoción que hacen de la literatura producida en Cuba.

¿Desventajas? Se impone para los consumidores del mercado nacional condiciones de conectividad óptimos que satisfagan las consultas y necesidades para ingresar “cómodamente” hacia la web, tanto como para hacer la compra del título deseado. Sin embargo, todavía se trabaja en la pasarela de pago Pasared (en coordinación con el Banco de Crédito y Comercio (Bandec), que permitirá en un futuro no muy lejano costear con las tarjetas magnéticas de débito con que en la actualidad procesamos el pago de diferentes servicios.

Si bien el libro como objeto gráfico, producto y bilateralidad (al ser publicado en más de un formato y en más de un concepto artístico), aún no está destinado a morir, lo cierto es que diariamente vamos un paso más lentos, estancados en una cuerda desde la que el salto se hace imperativo, porque nadie desde la individualidad y con viejas tecnologías puede intentar superarse.

No pensemos ya en competir mientras caminamos al centro de una tela de araña que nos engulle, obligándonos a mirar la estela de aquellos con quienes pudimos detenernos un momento a preguntar: ¿en qué dirección debemos ir hoy?

Ese futuro tenemos que construirlo todos. Es hora de comenzar.

Sobre el Autor

Luis Amaury Rodríguez Ramírez

Luis Amaury Rodríguez Ramírez

Luis Amaury Rodríguez Ramírez, escritor, promotor y socioculturólogo

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