Actualizado 20 / 10 / 2018

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El Niño Rivera, cuerdas de oro

Andrés Perfecto Eleuterio Galdino Hechavarría Callava

Fue nombrado con derroche, quien sabe por qué razones. Quizás su madre intuyó que traía al mundo un ser distinto. Andrés Perfecto Eleuterio Galdino Hechavarría Callava nació bajo el signo de la música, el 18 de abril de 1919 en Pinar del Río.

Amó el tres desde la primera vez que lo vio. Tenía apenas cinco años cuando comenzó a “tocarlo”. Resulta curioso que por ese entonces hacía solo dos décadas que el instrumento había llegado a Vueltabajo en manos de las tropas mambisas durante la guerra de independencia.

Ya a principios del siglo XX, la familia de Andrés Hechavarría lo asimiló con destreza. El Niño, que fue resultado de esa formación, destacó los valores del instrumento superando las fronteras de su tierra natal.

A los nueve años ya integraba el sexteto Boloña, en La Habana. Y a los 12 comenzó a dirigir el septeto Caridad, donde se iniciara. Así ganó el apodo que lo acompañó toda la vida: Niño, le decían; porque fue precoz para la música.

Tuvo además excelentes maestros como Joaquín González, Ernesto Muñoz Boufortigue, Vicente González Rubiera (Guyún), Enrique Bellver, Félix Guerrero y Fabio Landa.

Según el musicólogo Leonardo Acosta, en el segundo lustro de los años 40, la música popular cubana entró en un nuevo proceso de fusiones en el que se incorporaron elementos del jazz, el son, el bolero, el danzón y surgieron el mambo y el filin. En este contexto es que el Niño Rivera crea una fusión del bebop con nuestros géneros populares –que denomina cubibop– y refleja en sus arreglos para los conjuntos.

Añade que el cubibop (luego bautizado como cubop) surge independientemente del movimiento de jazz afrocubano de Nueva York. Como género careció de promoción y no llegó a popularizarse, pero fue una estimulante experiencia para los músicos que continuaron trabajando esa línea innovadora.

Fue el propio Acosta quien etiquetó al Niño Rivera como “el gran olvidado de la música cubana”. Hoy considerado como uno de los treseros más reconocidos del país, de obligado estudio en los programas de la materia. Hombre de tez oscura y sonrisa amplia, acompañado siempre de su tabaco y su instrumento.

Este pinareño, realizó orquestaciones en México para Mario Ruiz Armengo, José Sabré Marroquín, Luis García Esquivel, entre otros, y para las disqueras RCA Víctor, Musart, Columbia, Peerles, Decca, Margo y Seeco. En Cuba, las hizo para las orquestas de Ernesto Duarte, CMQ, Arcaño y sus Maravillas, Riverside, Hermanos Castro y el Conjunto Casino.

Multifacético. Experimental. Abarcó varios géneros. Algunas de sus más hermosas composiciones son los boleros No me hagas culpable y Tú tienes tu canción; los sones El Jamaiquino y Azúcar con ají, el chachachá Cherivón y el Concierto para tres y orquesta.

Escribió un Método de tres que contiene la historia del instrumento, su encordatura, afinación, extensión, escalas mayores, menores y cromáticas; lecciones para todas las tonalidades y distintos estilos para interpretar el son.

Su mérito estuvo en incorporar al tres las armonizaciones de los compositores del filin. Pancho Amat expresó que lograrlo era algo sumamente difícil por las condiciones específicas del instrumento. Puesto que cada ejecutante particulariza la afinación y encordatura. “Con solo tres sonidos el Niño logró dar la imagen armónica ofrecida… a base de talento y esfuerzo. Fue por las notas extrañas al acorde, bordeando, tejiendo en la periferia y nunca por la tríada central, como sería normal. Creó otro estilo de exótica sonoridad”.

Fue el Niño Rivera cubano desde la propia elección de su instrumento. Porque el tres también es autóctono, resultado de un proceso de transformación del encordaje de la guitarra, hacia un registro más agudo.

A los 77 años cerraba definitivamente los ojos aquel que fuera un artista talentoso, defensor de la mixtura de los géneros musicales como resultado atractivo y experimental. La letra de una de sus composiciones bien podría servir como definición de su música: “Ritmo cubano en una canción, sabor de rumba, de mambo, de chachachá, canto de negro y de blanco, risa de Cuba”.

Sobre el Autor

Yanetsy Ariste

Yanetsy Ariste

Licenciada en Historia del Arte. Especialista de Comunicación externa de Radio Guamá.

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