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La soledad de la silla

Raúl Tortosa

Foto: Alejandro Rosales

“Soy un hombre tímido/ que no encuentra palabras y elige la mirada/
para apuntar hacia todos los mundos,/ tras de ti y ante Dios
que nunca ha dicho nada./ Soy un hombre tímido/ que sueña y se ilusiona hasta perderte./ A veces digo te amo,/ otras veces te quiero/ y otras no sé quién soy./ Tal vez ese animal delicado/ que entra y sale del suspiro al beso,/ pidiendo perdón por aquello que piensa./ Si es que un hombre piensa entre las piernas de una mujer./ A pesar de todo,/ soy un hombre tímido”.

“MI RELIGIÓN ME HA SALVADO”

En su cuarto Raúl Tortosa tiene todas las cosas en las que cree. A su lado va siempre un Obbatalá, aun cuando es hijo de Orula, porque eso no quiere decir que no se acomode con todos los Orishas. En sus cosas- dice- está Eleguá, Shangó, Oyá, Oshún, Obba, hasta Babalú.

Pertenece al Ifaísmo, y se ha tomado muy en serio su religión. “Quizás por eso en ese mundo exista tanta gente que me quiera y que me rinda una pleitesía que no merezco. No siento pena de mí como persona religiosa, yo soy un hombre de fe.

“Tengo mi manera de creer, que me perdonen a los que les pueda decir ´creo en una piedra, creo en un palo, creo en mis collares´. Eso me ha hecho un hombre mucho más honrado, mucho más ecuánime”.

El ifaísmo lo ha salvado, recuerda, quizás por eso en su literatura hay vestigios de esa religiosidad.

“¿QUIÉN SOY YO PARA MATARLES LA ESPERANZA?”

“Provengo de una familia muy moralista, pero más pobre tampoco pudo ser. Nací en el Cuba Libre, cuando aquello habían apenas dos o tres casas, no más. Estudié hasta el preuniversitario, después intenté inventarme una carrera de Historia en la universidad y cada vez que empezaba me iba, porque más que graduarme tenía que trabajar para mantener a mi familia. Por esa época era especialista de motor y fuselaje de aviación.

“Siempre me gustó leer. Empecé a asistir a los talleres literarios y terminé como asesor. Estuve más de 40 años en esos talleres, prestando las herramientas para desarrollar el talento. Hay quien lleva mucho tiempo en ellos, pero ¿quién soy yo para matarles la esperanza?

“Nunca he trabajado para ser reconocido, me han remunerado y lo agradezco. Los talleres dieron rumbo a mi vida, me ofrecieron las primeras luces sobre qué iba a leer, y si he llegado hasta aquí es gracias a ellos.

“Cumplí misión internacionalista en tierra africana, guardo mis medallas, para algunos esas cosas no tienen tanta importancia, pero son mis méritos. Antes los muchachos me decían ´ ¿no tienen nada de bronce, de plata?´, para cambiarlas y ganar algo. Y yo siempre respondía ´lo que sí tienen son muchos recuerdos´. Los altos dirigentes angolanos con los que tuve roce eran poetas, y a ellos les enseñaba yo las cosas que iba escribiendo por allá por los años ´70.

“Nunca tuve un título universitario, hasta hace unos años que se me entregó por acuerdo del consejo científico de la Universidad. Hay gente que tiene el conocimiento cogido con alfileres y viven de los títulos”.

“ESCRIBO CON EL CORAZÓN”

“No sé escribir de otra manera. En mis versos hay ficción, y hay mucho de mí. De mis amores, de mis soledades, de mis tristezas. He tenido más suerte con la poesía, de narrativa me han publicado muy poco.

“Escribo lo que vivo. Me juzgo a mí mismo, presto un servicio. Un escritor no es más que un secretario del tiempo, que cuando escribe no hace otra cosa que no sea levantar acta de lo que vive.

“Antes escribía más largo, parece que a los viejos se nos van acabando las palabras, -sospecho que se burla de sí mismo-. Un escritor tiene que descosificar, cuando uno descosifica, humaniza. No es lo mismo hablar de la silla de madera, que de la soledad de la silla.

“Prefiero el verso libre, una cosa es que suene bonito y otra que tenga corazón. Yo siempre escribo con el corazón, y he sido fiel a lo que he sentido. También he llorado, pero no lloro por cualquier cosa.

“Cuando uno ve que es útil lo que escribe, uno se siente bien y hasta cree que es bueno. Recuerdo que hubo una investigación que arrojaba que los jóvenes no leían ni los libros de texto. Entonces empecé a escribir aforismos.

“Detrás del adiós se posa leve el olvido, - decía uno-, y mi preferido, la página que he adorado si es que uno puede adorar lo que escribe: ´Las cartas de la primaria y los árboles que herí con tu nombre a veces vuelven, y cierro los ojos para ver allá lejos, para que no te puedas ir”.

Y el poeta me recita sus frases, y yo cierro los ojos y pienso en un adolescente enamorando con sus versos, y pienso en unos abuelos enamorando con sus versos, y pienso en las mujeres que lo amaron por esos mismos versos.

“Quizás me ha hecho un poco frágil el hecho de tratar con tantas mujeres en mi familia. Primero me gustaba leer mucho y era muy enamorado, hacía tres poemas al día, cuando uno se enamoraba como los perritos, y sigo siendo así porque, como le digo a los amigos para que se rían, me siento pichón.

“La he asimilado y me he reconciliado con la edad, pero me queda una cosa encima que es un defecto y a la vez no lo es, y son mis ojos. A ningún viejo los ojos le mienten. Sigo viendo mujeres hermosas; entonces uno se entusiasma a pesar de los fracasos continuos.

“Lo que sí no hago es alardear, pero sigo viendo bellezas, sigo viendo... para mí la vida no ha cambiado, incluso en los momentos peores que pueda tener, en los más tristes, siempre he dicho que fuera de mí, allá, está la calle, está la gente, y eso tiene color, tiene vida...

“Tengo 10 títulos publicados, y ahora estoy trabajando en el libro de narrativa El manual del chismoso, después si queda tiempo pienso volver sobre mi novela La familia real, en las que todos los personajes son conductas y sentimientos.

“No puedo creer en las opiniones de un editor que me diga que este u otro tema ya se ha tratado más de una vez. Los temas siempre serán los mismos y quien le da valor es el tratamiento, dime que quien está agotado soy yo y no el libro”.

“MI FAMILIA ES LO PRIMERO”

“Soy un hombre orgulloso de los hijos que tiene. Mi hija Osiris no ha habido nada en su vida que no me haya contado y tiene ya 34 años. Y muchas veces he tenido que soportar lo que me cuenta porque no he querido perder su confianza, como tampoco quiero perder la confianza de mi hijo Osniel. 
“Pero papi es el que todavía se reúne y pone leyes. Cuando yo me enfermo entonces se me imponen y son ellos los que mandan. Ahora están mis nietas. Nosotros lo hablamos todo, colegiamos, y discutimos, pero hay un respeto por sobre todas las cosas.

“Mi familia, mis hijos, son lo primero. El tiempo que tengo libre es para ellos. También tengo a mis amigos, personas a las que quiero mucho, a las que les tengo cariño, creo que me he dado a querer.

“La amistad tiene un valor. Es como la felicidad, el día que tú le pongas coto a tu felicidad no la disfrutas, y a la amistad tampoco; la amistad no puede tener precio. La amistad es una dama de brazos abiertos acogiéndonos en todo momento”.

“YO SÉ CUÁNTO TIENE DE VALOR MI PUEBLO”

“Nadie me puede hablar mal de Pinar del Río, es la mujer a la que nunca he podido renunciar. Es posible que mi ciudad no sea tan linda, que no esté tan limpia, que no tenga grandes edificios, pero estas es una mujer a la que más de una vez le he mostrado mis sueños.

“Yo sé cuánto tiene de valor mi pueblo. Sus calles y parques me conocen, sobre todo las noches de mi pueblo. Las noches de mi pueblo saben que yo dormí en esos portales, por esos mismos por los que bajo hoy y me dicen poeta. Por eso a mí me alegra tanto, porque es una recompensa a toda la miseria humana que me tocó vivir”.

Apuntes para el lector:

“Donde quiera que hay un pocito de agua, ahí he pescado yo. Las presas, los arroyitos, los ríos..., le decía a la gente que cuando no podía salir de la casa echaba un poquito de agua en una palangana y ahí tiraba la pita”. (Raúl Tortosa)

“Papi es todo para mí. Nos ha enseñado a querernos y a defender que por sobre todas las cosas, la familia es lo primero. En la casa leemos los poemas y guardamos todos sus libros”. (Osiris Tortosa Guerra, hija)

“Es lo más grande que hemos tenido. Nos ha inculcado valores. Desde chiquito lo acompañaba a las tertulias. Actualmente soy ingeniero, y eso es también gracias a él. Siempre somos los primeros en leer sus poemas. Él escribe a mano y mi esposa y yo se los digitalizamos. Que le dediquen la Feria ha sido un orgullo”. (Osniel Tortosa Guerra, hijo)

“Yo lo quiero mucho. Él conversa conmigo y me dice que lo más importante es estudiar”. (Angélica María Treche Tortosa, nieta)

Sobre el Autor

Dorelys Canivell Canal

Dorelys Canivell Canal

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba. Corresponsal del diario Juventud Rebelde en Pinar del Río.

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