Actualizado 28 / 06 / 2017

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Isel, la estampa de una Morena del Caribe

Isel Saavedra León

La de Isel Saavedra León ha sido, quizás, la época más difícil que un atleta de alto rendimiento cubano haya tenido que vivir para integrar un seleccionado nacional de primer nivel.

La exvoleibolista sanluiseña formó parte a finales de la década de los ‘80 y primera mitad de los ‘90, del mítico equipo de voleibol femenino bautizado como Las Morenas del Caribe.

Aunque le fue esquiva la gloria olímpica, la atacante auxiliar vueltabajera formó parte de los sextetos que entre otros títulos se alzaron con la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de La Habana en 1991 y la Copa del Mundo de Osaka, ese propio año.

De tez negra, estatura pronunciada y hablar directo, Isel se desempeña hoy como subdirectora del Instituto de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder) en su municipio natal. Hasta allí llegamos esta semana para conocer detalles de su vida deportiva.

“Comencé practicando atletismo en la escuela Félix Varela de la localidad El Retiro donde vivía. Cuando contaba con nueve años fui captada para la Eide. En ese deporte siempre se han buscado talentos con extremidades largas para poder correr distancias cortas o saltar y yo tenía esas condiciones.

“A mediados de curso había que correr mucho y me dije: 'no puedo', comencé a llorar y llorar y entonces mi mamá habló con la secretaria, me dieron pase por algunos días, ya cuando regresé lo hice como atleta de voleibol”.

Los repetidos triunfos en citas escolares durante esta etapa, a la vez de convencer a la bisoña deportista de haber encontrado su verdadera pasión, le catapultarían a la preselección del equipo nacional.

“Hasta ese momento yo pensaba que la Eide era difícil, pero no, fue una base para llegar a la preselección. Ya en la ESPA comencé a entrenar con Celestino Súarez, “Tinito”, uno de los instructores de mayor experiencia en el voleibol cubano”.

Con apenas 15 años Isel integraría por primera vez el plantel de la Mayor de las Antillas a un evento foráneo.

“Fue una competencia en Checoslovaquia, mi familia tuvo que esperar a que regresara para celebrarme los 15, ese fue mi debut internacional”.

De esa época, la hoy funcionaria del Inder conserva recuerdos muy nítidos en su mente.

“En ese entonces existían muchos equipos y balanceaban el nivel colocando jugadoras de experiencia en uno y otros, de ahí se hacían las selecciones, y se podía viajar a muchos torneos”.

El oro obtenido en la Copa Savaria, en Hungría en 1987, hacía vaticinar la inclusión de la morena pinareña en el representativo que un año más tarde disputaría los Juegos Olímpicos con asiento en Seúl, Corea del Sur. Sin embargo, la decisión de las autoridades de nuestro país de no participar en esa cita múltiple le privaría de la oportunidad.

“Creo que habría estado en ese equipo de Seúl 88, te lo digo de todo corazón, porque sabía que me encontraba en el mejor momento de mi carrera, en ese tiempo nos pusieron muchos torneos, en Alemania, Checoslovaquia, para compensar”.

Durante el próximo ciclo estival la atleta de la más occidental de las provincias sumaría a sus vitrinas los subtítulos del Campeonato Mundial Juvenil de Perú en 1989 y la Copa de Reebok en Alemania ese propio año, así como los metales dorados de los torneos Nederland y Bremen, en 1991.

No obstante, otra vez quedaría fuera del plantel que en 1992 iniciara la epopeya cubana en los Juegos Olímpicos de Barcelona.

“Yo estaba en un concentrado para otro evento, pero ya se sabía qué equipo era el que iría a esa competencia. Me hubiese gustado mucho estar en esa y en las demás, pero aun así estoy más que satisfecha con lo que hice”.

Los juegos Centroamericanos y del Caribe de Ponce en 1993 y el Torneo de Bremen en 1994, serían los últimos eventos al más alto nivel en los que Isel Saavedra participase representando el uniforme de las cuatro letras.

“Entre 1995 y 1997 estuve contratada, ya en ese tiempo eso se usaba, no como ahora sino seis, siete o ocho meses, así fui a Argentina, Italia y luego a Japón.

“Cuando regresé tenía 27 años, empezaban a salir frutos nuevos y se iban renovando los equipos, por eso decidí retirarme, fui designada para entrenar con un equipo de veteranas, pero después de un tiempo lo dejé y me dediqué a la maternidad.

“Cuando mi niño cumplió dos años fui a una misión a la República Bolivariana de Venezuela, al regresar me incorporé al Inder del municipio”.

Teniendo en frente a una leyenda viviente de este deporte, no me puedo resistir a preguntarle su criterio personal acerca del descenso cualitativo del voleibol femenino cubano.

“No sé qué es lo que pasa que cada vez que sale una atleta se pierde. No sé si es la juventud de hoy que no piensa en que realmente pueden llegar y entran con 15 años y ya a los 17 no están.

“La vida del deportista es muy dura, hay que saber que tienes que sacrificarte, es o una cosa o la otra y prácticamente en eso se te va tu juventud.

“Las captaciones se hacen bien, por lo menos las que he visto, las niñas poseen la estatura y la técnica, pero lo que hace falta es que se metan en la cabeza el por- qué están ahí, que es buscar un futuro para el voleibol cubano”.

A la interrogante final de si tiene fe en la recuperación del voleibol cubano en el futuro inmediato, responde tácitamente: “Yo espero que sí, porque ya nadie nos respeta en el mundo”.

Sobre el Autor

Victor Manuel Blanco González

Victor Manuel Blanco González

Licenciado en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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