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Sangre verde de cronista

Juan Antonio Martínez de Osaba Goenaga

Foto de la autora

Juan Antonio Martínez de Osaba Goenaga tiene 15 libros publicados y otro par de ellos girando en la cabeza. Los libros nacen en la pantalla de su ordenador a la velocidad de sus dedos índices, cual dos obreros saltando sobre el teclado.

En estos días Osaba anda ocupadísimo de un homenaje en otro, pero no dudó un instante cuando le pedí dialogar sobre su vida. Al concluir la gala inaugural de la Feria del Libro, caminamos juntos rumbo a la Biblioteca Provincial en busca de un sitio más tranquilo para la entrevista. Por el camino lo detuvo un lector en silla de ruedas, quien expresó su admiración y preguntó por la fecha de presentación de Inmortales del béisbol cubano, la última entrega del cronista. En la biblioteca, la mujer del guardabolsos lo trató como a un familiar cercano.

A usted lo quieren mucho, le comenté.

“Es que soy campechano, natural de Minas de Matahambre”.

¿Y cuándo descubrió que le gustaban los deportes?

“Desde que nací. El viejo me llevaba de niño a ver los partidos del equipo de pelota de Las Minas. Aquellos muchachos eran increíbles. En el año ´55 ganaron la Liga Popular de Cuba.

“Años después me inserté al equipo, era otro en realidad, sin las garras de aquel grupo primigenio”.

¿En qué posición jugaba?

“Segunda base. Prefería el ‘siol’ pero no tenía brazo como para eso. Participé en una serie nacional y te digo que fui un jugador promedio. Mi rival era Urquiola, un genio de la segunda base. Lo chivaba: ´Muchacho, mientras tú juegas, yo busco muchachitas por ahí'. Por culpa de él me tenían sentado, y yo feliz, porque verlo jugar era emocionante”.

¿Por qué renunció tan pronto al béisbol?

“Me enamoré de mi esposa. Vivíamos aquí en Pinar del Río. Yo tenía que ir a las Minas a jugar pelota y dejarla sola, así que me dije, ‘no puedo, no puedo‘ El amor a veces lo hecha a perder a uno en ese sentido, pero sin amor no se puede vivir.

“Hace 40 y tantos años vivo con Julia González Ferrer. Ella me volvió loco con su pelo castaño y su cara preciosa. Es profesora de física. Trabajábamos juntos en la región de Educación, donde radica actualmente la sede de la Uneac. Julia me dio a mis dos niñas y descubrí entonces que mi vocación era vivir para esas tres mujeres”.

De chico, Juan Antonio rechazaba las clases de ciencias exactas y naturales, pero se aficionó por la historia y la lengua Materna y hasta ganó concursos de composición.

“Antes los alumnos pasaban directamente de sexto grado para el pre, situado en el malecón, pero suspendí la prueba de nivelación. A mí solo me interesaba el deporte y la lectura. Leí a todos los clásicos, a Stendhal, a Shakespeare, bebí completa la obra de Martí.

“Mi madre me castigó por mal estudiante, pobrecita. En el año ´59 me mandaron al Saint Thomas Military Academy, una escuela donde estudiaban los hijos de los millonarios de este país.

“No éramos millonarios nosotros, pero papá ganaba un salario bueno por su puesto de alto empleado en la American Metal Company, la empresa estadounidense que dirigía las minas; sin embargo, él simpatizaba con los luchadores clandestinos y con la Revolución cubana. Mamá, por su parte, trabajaba de maestra en la escuela general del municipio.

“Después de 1959 estudié Historia y Ciencias Sociales en el Instituto de Perfeccionamiento Educacional (IPE) y trabajé como profesor en la Facultad de cultura física y deportes Nancy Uranga.

“Los primeros trabajos que escribí, tienen carácter didáctico. Algunos actualmente constituyen libros de texto de las universidades cubanas. En el tiempo que fueron escritos no encontré quién los publicara. Dije para mis adentros: ‘Voy a ponerme para la pelota que es mi pasión. Hablaré sobre los grandes del beisbol’. Leí decenas de biografías y miré en 7 000 lugares las cosas de los biógrafos, su manera de conducir la entrevista.

“Para empezar, pensé en Luis Giraldo Casanova, el pelotero más completo que conocía. ‘Capitán’, le dije ‘¿quieres que te haga un libro?’ ‘Bueno’, aceptó él. Entonces construí su historia a partir del testimonio que me dio y de lo que contaron sus colegas y familiares”.

Cada investigador tiene su rutina, ¿cuál es la suya?

“Me levanto cada día a las seis de la mañana, reviso todos los correos, leo la prensa, desayuno y me siento a trabajar. Paso horas en esta biblioteca hojeando periódicos llenos de polvo. Consulto los archivos de Radio Guamá, cotejo datos con otras personas. Antes ni siquiera tenía internet, ahora el trabajo es más rico.

“La Enciclopedia biográfica del béisbol cubano la estuve pensando casi ocho años, tecleando por aquí, buscando por allá, archivando, devorando cuanto libro encontraba sobre pelota. Rescatar esa historia previa a las series nacionales, fue un trabajo minucioso y apasionante.

“El doctor Félix Julio Alfonso, vicedecano del Colegio de San Gerónimo de La Habana, y Yaser Porto, el periodista y conductor del programa Béisbol de Siempre, han colaborado tanto que son coautores de la obra”.

Osaba coordina la peña Deporte y Cultura en el centro Hermanos Loynaz desde hace 14 años y tertulias similares en la casa central del Minint, la clínica veterinaria y en la “Nancy Uranga”. “Estoy empeña´o”, bromea, pero no es todo, además colabora con las publicaciones Cubadebate y Guerrillero y con sitios extranjeros como La península deportiva y La estufa caliente, entre otros.

¿A veces se cansa, eh?

“Cuando estoy agotado me pongo a ver una película que me refresque. Soy cinéfilo. No me gustan los chinos dándose pescozones, eso lo quito. A mí ponme romances, musicales. Veo todas las cubanas, buenas y malas, porque son lo de uno. Y por lo único que dejo un juego de pelota –tú dirás este está loco– es por una película del oeste rodada en los ´50”.

Los filmes de pistoleros distorsionan el tiempo real de Osaba. De súbito tiene 16 años y no 70, y está sentado en una de las butacas del cine de su adolescencia, en Minas de Matahambre, con su mano apretando la mano de una simpática muchacha.

“Allí nos acurrucábamos con las novias. Todo a escondidas porque antes no se podía hacer lo que hoy. ¡Aquellos oestes gustaban mucho!”.

El narrador tiene olfato aguzado para las buenas historias. No hay palabras enrevesadas ni oscuridades en su prosa. Sus textos transpiran humanidad, olor de tabaco, aguardiente, sudor y perrubia. Sus letras suenan como silbatos, cornetas, ovaciones, insultos, pasos en la tierra, pregón de vendedores. Su obra habla del pasado, de las cosas grandes que todos recuerdan, de las cosas grandes que se han olvidado.

“Te diré que Omar Ajete está ahí. Fue de los mejores pítchers que ha tenido Cuba y todavía nadie se ha detenido en él. Rogelio García es otro de los grandes. ¿Y qué me dices de Pedro Ramos? Jugó en grandes ligas y ganó un chorro de pesos, es verdad y ¿por eso vamos a olvidarlo? Hace poco estuvo aquí y no lo dejaron entrar al estadio con 81 años que tiene. Fue penoso. Allá le decían El príncipe de los ojos azules, porque era un tipazo. Él exagera con que tuvo 3 000 mujeres. Ese viejo fue un dios del béisbol en Vueltabajo”.

Osaba lleva puesta una gorra del equipo pinareño y una camisa verde a cuadros.

“Tengo la sangre verde”, afirma, “es un tono especial del verde que solo se haya en Pinar del Río y mira que he recorrido la Isla de punta a punta.

“A La Habana voy a presentar mis libros y viro para atrás como un cohete. Y si paso por Las Minas, hago así y respiro el aire de las montañas”. El escritor hace el simulacro. Inclina la cabeza hacia atrás y percibo como se mueven, ligeramente, las aletas de su nariz.

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

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