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A la pelota le está prohibido perder bochornosamente

Equipo cubano de béisbol

Foto: Ricardo López Hevia

Terminó Cuba en el IV Clásico Mundial y, como en los dos anteriores, quedó en la segunda ronda, lo cual se corresponde con el nivel que hoy tiene la pelota en el país cuando enfrenta la calidad de un certamen como este.

Cuando un equipo sale como lo hizo ante Japón, que parecía de la misma altura de cualquier rival aquí o en todas las zonas de este CM y en menos de 24 horas se aparece como la más dócil de las novenas, no se trata de inestabilidad, sino de falta de nivel para la competencia que enfrenta. Pero ojo, a estas lides hay que seguir asistiendo, no se trata de botar el sofá.

Ayer frente a Holanda se mostró la principal debilidad del plantel antillano: el pitcheo, probablemente el más noble del CM. Tal vez solo superado por el de China, aunque este regaló menos boletos que el de la isla. Si esta área es el 75 % del éxito, entonces no se podía aspirar a más.

Lázaro Blanco llegó aquí como el primer pitcher del staff y realmente se fue en blanco. Inefectivo, descontrolado (cuatro boletos en cuatro y un tercio), bateado (9 jits en 24 turnos, para exagerado average rival de 375) y con cuatro limpias en igual número de entradas, dejaron al plantel dirigido por Carlos Martí sin monticulista líder.

Recibió la encomienda de dominar a Australia y no cumplió. Le dieron la difícil misión frente a los holandeses y tampoco, se fue con dos outs en la segunda entrada, otra vez por debajo de los bateadores y en consecuencia fácilmente castigado. En toda la lid realizó 101 lanzamientos y 56, más de la mitad, fueron bolas. El resto del cuerpo de tiradores tampoco pudo hacerse justicia.

Su rescate tampoco pudo aplacar la fuerza de los bates europeos. Vladimir García aceptó cuatro. Wladimir Balentien, que le había remolcado a Blanco tres con su jonrón tempranero del primer inning, también le botó la pelota al avileño en el tercero, pero sin hombres en bases. Y no fue el único bambinazo de ese episodio, pues Yurendell De Caster la puso en órbita con uno a bordo. Ya en la entrada anterior un doble y dos sencillos habían dado otra a los tulipanes.

Finalmente, García se fue en el cuarto, tras el jit de Jurickson Profar que trajo la octava. Después, da pena seguir reseñando, además ya lo sufrieron los que tuvieron el coraje de no despegarse del TV en la madrugada pasada. Ganador desde el mismo primer capítulo Holanda solo cumplió el trámite, mientras el prestigio beisbolero cubano se flagelaba en el campo de juego. Cuando terminó el desafío ante Japón titulé en esta página “Japón ganó, pero regresó el Cuba que queríamos”. Ahora me preguntó, a dónde se fue ese equipo, porque se puede perder, pero bochornosamente a la pelota le está prohibido.

Antes de comenzar esta lid dijimos que hasta esa instancia llegaría la escuadra dirigida por Carlos Martí, aunque un pueblo como el nuestro, sabedor de la pelota y que no se da por vencido como sus peloteros, nos descartaba una hazaña. Lo que sí tenía desterrado al margen de un marcador desproporcionado, es la falta de combatividad, aun cuando el juego se fuera de un solo lado, lo cual es posible ante la fragilidad de la que ya hablamos del pitcheo y los excelentes bateadores oponentes.

Creo en la grandeza de estos hombres que encararon la lid, conociendo de antemano que las semifinales era un coto vedado para sus cualidades. Pero también creo que debieron, aunque la tarea era engorrosa, cuidar la imagen del béisbol de su país, de algo tan sagrado para su cultura y su orgullo nacional.

En definitiva, los batazos de los holandeses en el Tokio Dome no caían y los lanzamientos del zurdo Diegomar Maxwell, que no pasó de las 86 millas por horas en ninguno de sus pitcheos, apabullaron, humillaron a la selección cubana en la victoria más fácil de las muchas que desde el 2007 Holanda viene infringiéndole a la Mayor de las Antillas.

Claro está, en un Clásico Mundial no pueden resolverse las grandes deudas de la pelota cubana, desde su campeonato hasta la profesionalidad de quienes tienen que ver con la conducción de este deporte en el país. Cuando hablo de esta cualidad, me refiero a un trabajo en equipo, capaz de revertir el momento actual. Lleva tiempo, pero hay que empezar ya.

Y en mi opinión no se resuelve con la participación de los peloteros cubano que juegan en la Major League Baseball (MLB). Las negociaciones con esa organización como se ha dicho continúan, pero el hecho está en que su incursión nuevamente con Cuba podría darnos hasta un título en el Clásico Mundial, pero el problema seguiría sin solución.

Hay que jugar pelota en Cuba, si la queremos tanto hay que empoderarla, ella por lo que representa no se parece a ningún otro deporte, porque ella mueve los sentimientos patrios, a las multitudes, a los estados de ánimo, en fin, a un país. Con organización, bien pensado, sin triunfalismos baratos y poniéndole ciencia, porque es una ciencia el béisbol, todo lo que le pongamos en inversión, sería recuperable.

La batalla de Tokio terminó, como decimos los cubanos, con un papelón, que le permitió a Holanda anotar en seis de los capítulos del choque. Pero insisto, lo que no puede hacer la pelota es rendirse. Lo he dicho muchas veces, tenemos el material humano que es lo más importante, lo que hay es que conducirlo en un ambiente que convoque sus cualidades y brinde el espectáculo que el pueblo espera de su deporte nacional.

Sobre el Autor

Granma

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Órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

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  • Invitado - Ramon

    Yo creo que la pelota Cubana ha estado en crisis en los ultimos años, hay una cantidad de elementos nuevos y estratejias nuevas en la pelota moderna que no se estan aplicando en Cuba pero si en el resto de los equipos del mundo y esto hace que estos paises abancen y nosotros ne quedamos estancados, creo que tenemos que comensar cambiado la direccion del basebol cubano desde la sima y Crear una organizacion nueba con otras estrategias y ver las cosas desde otro punto de vista o de lo contrafio colgar los guantes.

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  • Invitado - Dr. Reinaldo

    gracias por no publicar mi comentario, sobre el beisbol cubano.

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  • Invitado - Dr. Reinaldo

    WBC: Cuba cae escandalosamente y… ¿seguiremos sin cambios?

    Para nadie era un secreto que la derrota de Cuba ante Israel dejaba el panorama bien feo para la Mayor de las Antillas, y quienquiera que haya comentado que las probabilidades de ganar un partido después ante Japón y Holanda era casi imposible tenía razón — y no es hacer leña del árbol caído, estaba más que claro y no es oportunista quien lo diga ahora. Pero la resistencia cubana ante el Samurai Japan, al punto de caer por tres anotaciones fabricadas en la parte baja del octavo episodio, devolvió la esperanza e hizo pensar en el hecho de que tal vez se le podía ganar a Holanda. No fue así.
    Los holandeses no solo derrotaron y eliminaron a Cuba por segundo Clásico Mundial consecutivo, sino que también le regalaron tal vez el resultado más ignominioso de un cuadro cubano en estos certámenes (y mejoraron su cotejo particular ante los cubanos a un 3–1). Una paliza rotundamente escandalosa fue la manera de despedirse que tuvo el conjunto dirigido por Carlos Martí, más que incapaz ante una ofensiva Oranje que dejó fuera de combate también a Israel y dejó claras sus pretensiones de intentar vencer en este torneo.
    Tal vez lo más vergonzoso de la situación haya sido que aunque muchos que pensaron que por un buen papel en la Serie del Caribe las cosas estaban mejorando para Cuba, el resultado de los partidos en este torneo no pudo ser peor. Se le venció por la mínima a Australia, se le fabricaron apenas seis carreras a China y la única derrota reñida fue precisamente en el penúltimo encuentro frente a Japón. No se puede decir que “esta vez fue el pitcheo” porque en honor a la verdad, llevamos más de diez años en los que siempre es “algo” lo que falla, cuando en realidad el origen del fenómeno va más allá de no poder descifrar en absolutamente nada a un conjunto holandés que se antoja cada vez más enigmático para los cubanos.
    El Premier12 dejó señales que la Dirección Nacional de Béisbol se rehusó a captar, y la apatía reinante en el país es cada vez más categórica, y no tiene mucho que ver con el hecho de que la televisión cubana haya hecho la guerra al béisbol profesional y lleve años promocionando el fútbol, un deporte en el que Cuba nunca estará entre los 100 primeros del mundo, no importa cuánto intenten hacer. La pelota cubana pide a gritos una revolución, y no se trata solamente de permitir que los peloteros de grandes ligas integren la selección nacional, o que los peloteros cubanos puedan firmar libremente contratos en las mayores (ninguna de las dos cosas depende totalmente de Cuba), sino de una modificación agresiva en todas las estructuras desde la base hasta la Serie Nacional, para luego llegar a la integración de una selección nacional que sea verdaderamente competitiva, y no que clasifique en el Round Robin con el agua al cuello para luego tener que despedirse de manera escandalosa y vergonzosa — este es el peor marcador con el que Cuba se despide de un torneo superando el 11–2 de la Copa Intercontinental de 1997, y la tercera vez que caen por KO (contando un 13–0 propinado por Taipéi de China hace mucho tiempo y el de Puerto Rico en el Clásico de 2006).
    El retroceso puede verse claramente con cómo han jugado los cubanos de clásico en clásico. En el WBC de 2006, se fueron con 2–1 en la primera ronda (la derrota fue KO ante Puerto Rico) y con igual balance en la segunda (revés ante República Dominicana), luego vencieron a los quisqueyanos en la semifinal para caer ante Japón en la discusión de la corona: el balance final fue de 5–3. En el WBC de 2009 terminaron invictos la primera ronda con 3–0, luego cayeron eliminados en la segunda 1–2 (dos veces por blanqueada ante Japón), para un balance de 4–2. En 2013 fueron invictos en la primera ronda (venciendo incluso al favorito del grupo, Japón), antes de caer 1–2 en la segunda, dos veces ante Holanda, lo que les valió una igual foja de 4–2. El desastre ha sido el WBC de 2017: 2–1 en la primera ronda y 0–3 en la segunda, para un penoso accionar de 2–4, única ocasión en la que terminan por debajo de .500 y se van de una ronda sin triunfos. En total, en cuatro presentaciones, Cuba tiene un récord de 15–11, que ha sufrido inobjetablemente en este último campeonato.
    Ahora vendrán los análisis, los intentos de buscar soluciones casi inexistentes que intentaran tener un efecto que quedará normalmente en la superficie, pues la solución al fenómenos no radica únicamente en crucificar al manager, modificar las estructuras de la Serie Nacional, permitir la contratación libre hacia las grandes ligas o dar entrada a la escuadra nacional a peloteros que se desempeñan en el béisbol organizado. La “agresividad” debe reflejarse directamente en el trabajo de la base, que comienza a verse totalmente entorpecido por la escasez de implementos deportivos, la falta de torneos y la falta de juegos, además de los macabros sistemas de evaluar a los entrenadores de estas categorías que en la mayoría de las ocasiones no tienen otra opción que violar ciertos y determinados procesos en la formación de los muchachos para tener un mejor resultado, algo que a termina afectando a los atletas a largo plazo, sobre todo a los lanzadores.
    Mientras el INDER y en especial el béisbol sigan siendo un organismo inmóvil, centralizado y lleno de gente que quiere vivir del deporte y no para él, no se harán los cambios necesarios para desarrollar al mismo, sobre todo porque no se hará nada que afecte el estado de las cosas si ello implica tener que explicar ciertas cuestiones a la dirección del país, a riesgo de entrar en un debate a puertas cerradas que podría durar semanas y hasta meses o años. Por tanto, las probabilidades de que nuestro béisbol siga los mismos cursos que ha llevado en los últimos tiempos, con ciertas (y muy ligeras) bifurcaciones (dígase procesos de contratación menos en las grandes ligas, reuniones con directivos de la MLB de las cuales se revela muy poco, o el pago a los atletas) pero siguiendo una línea monótona adornada por un discurso que se antoja cada vez más repetitivo y poco creíble.
    Más que formar atletas dignos (uno de los slogans), también se requiere formar seres humanos capaces de tomar decisiones en momentos de crisis y de ejecutar acciones bajo presión, algo que no solo no enseñamos, sino que empeoramos poniendo sobre los peloteros las presiones adicionales de la bandera, el honor y la Patria, incluso SEMANAS antes del inicio de la competencia.
    Lo peor sea tal vez que con la salida de China y su posible no participación en la edición de 2021 teniendo en cuenta que posiblemente tenga que medirse a Taipéi de China por el boleto) ha desaparecido el posible rival más asequible de los cubanos, y también ha puesto a los nuestros tal vez en la lista de los más débiles. El retroceso está más que claro, pues independientemente de cómo resulte el grupo que juega en San Diego, Cuba se fue sin ganar un partido en la ronda 2, algo que lo encaja casi de seguro en el octavo lugar de este torneo.
    Y nada de esto puede asombrarnos, el equipo cubano compareció al torneo tal vez con lo mejor que pudo o decidió llevar, y tuvo un resultado que no por escandaloso es inesperado. Un pitcheo endeble, con problemas serios en la concentración, el control, la mecánica, los recursos y la fuerza no podía haberlo hecho mejor. No es cinismo, es la realidad, nadie puede dudar que los cubanos se batieron con lo que tenían y tuvieron el final que les correspondía. Holanda se veía mucho más equipo desde antes de iniciada la competencia, igualmente Japón, aunque además de la superioridad contra China, las cosas estaban parejas ante Australia e Israel — y terminaron con balance de 1–1 ante estos rivales. El resto del mundo ha ido desarrollando su béisbol, al tiempo que Cuba se ha mantenido en el mismo sitio o ha retrocedido (más lo segundo que lo primero). La cantidad de peloteros que han abandonado el país e sin dudas abrumadora, y queda más que claro que por el momento es un fenómeno irreversible que afecta desde el torneo doméstico hasta a la selección nacional; y el éxito de muchos de estos peloteros fuera de Cuba no hace otra cosa que sembrar en los jóvenes estas metas, y nadie pude culparlos, pues todos deberían tener el derecho de jugar en el mejor béisbol del mundo.
    Con el anuncio por parte del Comisionado del Béisbol de Grandes Ligas Rob Manfred de que se permitirá que los peloteros cubanos que juegan en el béisbol organizado fuesen convocados para la selección cubana aparece una apertura que no deja de ser mínima y relativa, pues desconocemos hasta qué punto esté dispuesta la Federación Cubana de Béisbol a ceder en este proceso — tienen cuatro años para pensar en una excusa por la cual no aceptar a esos peloteros. Igualmente, esto sería más bien un maquillaje, porque el torneo doméstico cubano seguiría estando deprimido y los atletas acá formados seguirían teniendo las mismas deficiencias una vez que lleguen a la escuadra nacional. Entonces, ¿quién le pone el cascabel al gato?
    El béisbol cubano agoniza: y las dos soluciones posibles son una urgente intervención quirúrgica de emergencia… o la eutanasia.

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  • Invitado - Dr. Reinaldo

    ¿El por qué de los porqués?

    El final cubano del IV Clásico Mundial de Béisbol no se escribió el 15 de marzo de 2017. Ese final se había cocinado unos años antes—décadas—cuando la parsimonia y la tozudez de los federativos nacionales del béisbol, se volvió el instrumento justo de la demagogia. Los cambios de cara, solo han sido eso, maquillaje contra los «ataques» de aficionados y valentías esporádicas de la prensa. Las debacles en el béisbol de Cuba han sido constantes, los cambios menos. No esperemos varíe ahora porque Holanda—sí otra vez Holanda—le haya anotado tamaña paliza a la hoja de ruta criolla.
    Ahora, ¿por qué tolerar llegar al día en que Holanda abusara de esa manera de un team Cuba, que aparentemente es ese de la grama del Tokyo Dome, aunque no lo es? ¿Cómo llegamos hasta aquí? En agosto de 2016 se esfumaba en el aeropuerto de París, un José Adolis García, al que le habían picado parte del pastel que significa en Cuba la Liga Japonesa.

    Es la noticia que todos piden que le llegue, ante una malograda Serie Nacional, que se juega a la una de la tarde, en estadios vacíos y con prospectos (no tan prospectos) y descartes (sí tan descartes). Pero Adolis no vaciló en su objetivo, aunque esa, era una jugada cantada. El avileño no era el primero, ni sería el último de una larga lista de cubanos que le apuestan al béisbol de la Gran Carpa, por probarse, por comodidad, por sueños. El día en que lo entendamos así, se habrá caído parte de la máscara que todavía en el siglo XXI nos debate entre «traidores» y acusadores de plastilina. Hay mucha demagogia en el béisbol, y eso que la «política no cabe en la azucarera».

    Nunca sabremos si José Abreu, Leonys Martín o Yasmani Tomás habrían desvalijado a la Holanda de Balentien o descolocado los envíos submarinos de Makita, pero lo que sí estaba escrito es que esta Cuba—donde Alfredo Despaigne está un escalón por encima del resto—terminaría avergonzada.
    Con el equipo más mediocre que se ha llevado a un Clásico Mundial, solo podría pretenderse pasar de la primera ronda apostándole todo al partido contra Australia. Era una aspiración realista. Lo sabían Higinio Vélez, Carlos Martí y hasta el que ordeña vacas en una finca de Niquero. Eso, con la suerte de que la arrancada se dio en la zona asiática y no en la americana, como le corresponde. Si no, dos victorias y cuatro derrotas, sería el suceso plausible. Sí, a ese lamentable estado donde no se ambiciona demasiado, se ha llegado en la pelota cubana, otrora respetable en la arena internacional. Pero la culpa no es de aquellos 28, que presumiblemente inferiores, salieron al Tokyo Dome.
    Por estos días, el Comisionado de las Grandes Ligas del Béisbol de Estados Unidos, RobManfred, le soltó una papa caliente a la Federación. Dijo que para (el Clásico de) 2021, Cuba tendría la posibilidad de convocar o no a los jugadores nacidos en la Isla que se desempeñan en las Mayores. Visto y comprobado por enésima ocasión, que la Isla con lo mejor de su liguilla no puede ni en una Serie del Caribe, espero que para entonces no nos continúen obligando a odiar nuestra esencia. Cuba es béisbol, pero no ese de scores lastimeros ante una novena de Europa o del Medio Oriente. ¡Habrase visto semejante anomalía!

    Quedan cuatro años y negociaciones. Espero que no los mismos rostros, ni la misma interrogante del principio. La bola ha picado todo el tiempo en zona buena, que ningún árbitro de raya, les diga lo contrario.

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  • Invitado - Dr. Reinaldo

    Yadier Pedroso y la bola que le cantó la vida.

    La tristeza me ha encontrado por estos días. Ya no duele que Cuba se haya despedido del Clásico Mundial. Total, a los fiascos de nuestro equipo nacional acostumbrado estoy. Pero por estos días he venido recordando que el Clásico Mundial de tanto brillo que tiene, también opaca. Este evento fue la antesala del fallecimiento de alguien con quien hablé dos veces, ambas rápidas, y si no puedo decir que fue mi amigo, sí se ganó mi respeto y de cada aficionado cubano que gusta del béisbol y de la compleja maña del buen lanzar. Ayer, hace cuatro años, murió Yadier Pedroso.
    Pocos días después de regresar con el quinto lugar en el III Clásico, Pedroso inundó Artemisa de congoja. Era sábado 16 de marzo de 2013, de noche. Yadier manejaba un auto, en compañía de su novia Yanet y de su amigo futbolista Raciel Sánchez, miembro de la selección nacional. Cerca de Artemisa, en la carretera Mangas Central, su auto se estrelló contra un camión de caña. Los tres fallecieron, instantáneamente casi. Las imágenes del accidente son un conflicto de dolor y tristeza. Su vehículo quedó destrozado, fue una fiel respuesta de cuán violento fue el choque y el estado en que quedaron los cadáveres. Pedroso dijo adiós prematuramente, con 26 años.
    Cuentan que José Manuel, su padre, su entrenador y quizás hasta su más temprano ídolo, sufrió muchísimo por el deceso de un hijo que le había dado la alegría que él no pudo conseguir con tanto resplandor como pelotero. Pedrosito, como le decían muchos en Artemisa y más allá, se aburrió de integrar equipos Cuba. Es más, de no haber fallecido, completamente seguro estoy que él, junto a Yuliesky Gurriel y Norberto González, tendría la distinción de ostentar la participación en tres ediciones de los Clásicos Mundiales (2006 y 2009).
    Desde su primera vez con el uniforme de las cuatro letras, cuando era apenas un niño, hasta su última competición internacional, aproximadamente 20 veces tuvo la dicha de lanzar por su país. La primera ocasión que conformó el equipo grande fue a la Copa del Mundo de Holanda 2005. En el Campeonato Mundial juvenil de Taipei de China 2004, con 18 años, ganó el juego de la final ante Japón, permitió un solo indiscutible y derrotó a un lanzador que no necesita presentaciones, como Yu Darvish. También fue incluido en el All Stars de la lid y nombrado como MVP.
    En breve debutó en la XLV Serie Nacional. Salió por la puerta ancha once veces, solo cayó en cuatro encuentros, su efectividad fue de 2.47. Cinco años pasaron para que fuera una de las almas del solitario título que alcanzó en su historia el extinto equipo La Habana. El sino se antojó que su presencia en las Series Nacionales se redujera a ocho campañas, paradójicamente un número que los chinos lo dan como de buena suerte. Ese tiempo a Yadier le alcanzó para solidificar una carrera sobre el box como pocos han tenido, merced a promedio de carreras limpias de 3.15, 75 triunfos y 30 derrotas menos, 333 transferencias y 853 estrucados.
    En su momento fue uno de los jerarcas del mejor cuerpo de pitcheo que tenía Cuba, con unos Vaqueros de la talla de Miguel Lahera, Jonder Martínez, José Ángel García, Miguel Alfredo González y el zurdo alquizareño Yuliesky González.
    No caben dudas que la vida le cantó una mala jugada y hasta me da por pensar que es cólera lo que siente ante la suntuosidad de algunos lanzadores cubanos. Hace medio año nos llevó a José Fernández, hace 37 años nos quitó a Changa Mederos y hace 42 años nos privó de Huelga. A veces no nos queda más que la resignación o la impotencia.
    A lo mejor Pedroso hubiese sido el lanzador que enfrentó a Japón el primer día del IV Clásico, cuando habían pocas opciones y la mentalidad estaba adaptada a jugar un partido que estaba perdido desde antes del primer inning. Tal vez Yadier Molina no fuera el único Yadier en las Mayores. Pero qué triste es que todo sea tal vez, a lo mejor, quizás.

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  • Invitado - Dr. Reinaldo

    Yadier Pedroso y la bola que le cantó la vida.

    La tristeza me ha encontrado por estos días. Ya no duele que Cuba se haya despedido del Clásico Mundial. Total, a los fiascos de nuestro equipo nacional acostumbrado estoy. Pero por estos días he venido recordando que el Clásico Mundial de tanto brillo que tiene, también opaca. Este evento fue la antesala del fallecimiento de alguien con quien hablé dos veces, ambas rápidas, y si no puedo decir que fue mi amigo, sí se ganó mi respeto y de cada aficionado cubano que gusta del béisbol y de la compleja maña del buen lanzar. Ayer, hace cuatro años, murió Yadier Pedroso.
    Pocos días después de regresar con el quinto lugar en el III Clásico, Pedroso inundó Artemisa de congoja. Era sábado 16 de marzo de 2013, de noche. Yadier manejaba un auto, en compañía de su novia Yanet y de su amigo futbolista Raciel Sánchez, miembro de la selección nacional. Cerca de Artemisa, en la carretera Mangas Central, su auto se estrelló contra un camión de caña. Los tres fallecieron, instantáneamente casi. Las imágenes del accidente son un conflicto de dolor y tristeza. Su vehículo quedó destrozado, fue una fiel respuesta de cuán violento fue el choque y el estado en que quedaron los cadáveres. Pedroso dijo adiós prematuramente, con 26 años.
    Cuentan que José Manuel, su padre, su entrenador y quizás hasta su más temprano ídolo, sufrió muchísimo por el deceso de un hijo que le había dado la alegría que él no pudo conseguir con tanto resplandor como pelotero. Pedrosito, como le decían muchos en Artemisa y más allá, se aburrió de integrar equipos Cuba. Es más, de no haber fallecido, completamente seguro estoy que él, junto a Yuliesky Gurriel y Norberto González, tendría la distinción de ostentar la participación en tres ediciones de los Clásicos Mundiales (2006 y 2009).
    Desde su primera vez con el uniforme de las cuatro letras, cuando era apenas un niño, hasta su última competición internacional, aproximadamente 20 veces tuvo la dicha de lanzar por su país. La primera ocasión que conformó el equipo grande fue a la Copa del Mundo de Holanda 2005. En el Campeonato Mundial juvenil de Taipei de China 2004, con 18 años, ganó el juego de la final ante Japón, permitió un solo indiscutible y derrotó a un lanzador que no necesita presentaciones, como Yu Darvish. También fue incluido en el All Stars de la lid y nombrado como MVP.
    En breve debutó en la XLV Serie Nacional. Salió por la puerta ancha once veces, solo cayó en cuatro encuentros, su efectividad fue de 2.47. Cinco años pasaron para que fuera una de las almas del solitario título que alcanzó en su historia el extinto equipo La Habana. El sino se antojó que su presencia en las Series Nacionales se redujera a ocho campañas, paradójicamente un número que los chinos lo dan como de buena suerte. Ese tiempo a Yadier le alcanzó para solidificar una carrera sobre el box como pocos han tenido, merced a promedio de carreras limpias de 3.15, 75 triunfos y 30 derrotas menos, 333 transferencias y 853 estrucados.
    En su momento fue uno de los jerarcas del mejor cuerpo de pitcheo que tenía Cuba, con unos Vaqueros de la talla de Miguel Lahera, Jonder Martínez, José Ángel García, Miguel Alfredo González y el zurdo alquizareño Yuliesky González.
    No caben dudas que la vida le cantó una mala jugada y hasta me da por pensar que es cólera lo que siente ante la suntuosidad de algunos lanzadores cubanos. Hace medio año nos llevó a José Fernández, hace 37 años nos quitó a Changa Mederos y hace 42 años nos privó de Huelga. A veces no nos queda más que la resignación o la impotencia.
    A lo mejor Pedroso hubiese sido el lanzador que enfrentó a Japón el primer día del IV Clásico, cuando habían pocas opciones y la mentalidad estaba adaptada a jugar un partido que estaba perdido desde antes del primer inning. Tal vez Yadier Molina no fuera el único Yadier en las Mayores. Pero qué triste es que todo sea tal vez, a lo mejor, quizás.

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