Actualizado 28 / 06 / 2017

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Romper la inercia

Dicen que la repetición de una mentira puede lograr el efecto de convertir una falsedad en un hecho verídico, debe ser esa la razón por la que a la mujer se le considera frágil, alguien confundió la delicadeza con predisposición a la quebradura y lo repitió una y otra vez hasta que todo un planeta lo dio como cierto, incluidas las propias féminas, que desconocen con frecuencia, la magnitud de su fuerza y aceptan este sexo como un signo de debilidad.

Es triste saber que todavía persisten culturas donde el nacimiento de una niña es motivo de pesar para la familia, pues esta designado al varón la condición de primogénito, heredero y guía; espanta tener la certeza de que en muchas latitudes son sólo mercancía para enriquecer el patrimonio o paliar por algunos años la pobreza, que no tienen acceso a la educación, ni a derechos civiles o políticos pues pasan de ser propiedad del padre al esposo; resulta insólito que todavía la mutilación de los genitales constituya práctica aceptada, que la mujer sea tenida en cuenta sólo como medio biológico para perpetuar los genes del macho.

Son muchas las penurias de este mundo caótico que se sostienen sobre hombros de mujer, la pobreza es una de ellas, víctimas de siglos de marginación; el VIH también corroe la integridad femenina, la violencia familiar, el analfabetismo, resultan escalofriantes los índices dispersos en la geografía sobre males como: muerte materna, desnutrición, prostitución, desempleo...la enumeración puede ser más extensa, pero hasta avergüenza ser contemporáneo de un tiempo tan asimétrico e increíblemente retrógrado a pesar de avances en tecnología y presunción humana del conocimiento.

La tenencia de una vagina magnifica otras discriminaciones dolorosas, como raza, nivel cultural, edad, riqueza... La discriminación a la mujer es una práctica milenaria, erradicarla necesitará mucho más que jornadas anuales, no es un fenómeno privativo de naciones subdesarrolladas, ni tampoco lo erradican las leyes, pues está acendrado en prácticas culturales heredadas por la convivencia familiar, tradiciones y estereotipos que poco nos favorecen, un agravante de no poca monta es que muchas veces las propias segregadas no tienen una percepción clara de que lo son, pues sus propios patrones, lo dan como un hecho sentado.

A la par del establecimiento legal de los derechos, se deben implementar estrategias comunicacionales que modifiquen la actual apreciación del problema, el cual sólo es soluble en sistemas económicos más equitativos, donde la mujer no precise asumir la actitud de silencio y mansedumbre como recurso de sobrevivencia para ella y sus hijos, así como poder acceder desde edades tempranas a las mismas oportunidades que los varones.

Sería un engaño siquiera pensar que la situación actual está por revertirse, probada está la capacidad física y mental de las féminas, en igualdad de condiciones, bendecidas naturalmente con la magia de la maternidad, ungidas por ternura, belleza, laboriosidad, pero sólo si como género reafirmamos esa autoestima a escala global, seremos capaces de liberarnos definitivamente, que todo lo antes dicho no debilita la fortaleza, sino que la convierte en un don enriquecido por nuevas virtudes.

En este planeta las mujeres son las que más padecen la pobreza y lo hacen de manera doble, por sí mismas y su descendencia, así que no sirva más la excusa de sexo débil, porque soportar ese flagelo exige de un vigor muy superior al preciso para tomar decisiones políticas, dirigir empresas, cursar estudios superiores y definir los derroteros de la vida propia como individuo.

Cualquier día es bueno para levantarse y echar a andar, el camino es largo, sino lo sabremos las cubanas, que con más de medio siglo de ruta andada, con apoyo y oportunidades definidas institucionalmente y a escala social, no nos confiamos en estadísticas donde prevalecemos como fuerza laboral y técnica, porque sabemos de la subsistencia del machismo a escala doméstica y de muchos que aun padecen ojeriza al protagonismo femenino.

La lucha es difícil, los escenarios complejos, pero cada jornada en la que prevalece la quietud, es una victoria para los detractores y usurpadores de los derechos femeninos, sea cual sea su procedencia social, poder o sexo, que también hay detractoras entre las mujeres, así que romper la inercia es el punto de partida, máxime cuando pasaran años antes de que las más afectadas puedan sumarse a las filas, así que en tanto ellas no estén hay que luchar con la fuerza de muchas, para que no se note la ausencia...

Sobre el Autor

Yolanda Molina Pérez

Yolanda Molina Pérez

Licenciada en Periodismo de la Universidad de Oriente.

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