Actualizado 27 / 03 / 2017

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¿Y nos hablan de Derechos Humanos?

Hoy me levanté como de costumbre, en una isla del Caribe, en un país como ningún otro, en una patria Socialista. Un lugar donde la seguridad está garantizada para todos, y donde prima la vigilancia colectiva sobre los bienes adquiridos.

Es curioso como el solo hecho de poder contemplar el sol desde mi ventana, y conversar sin temor con amigos a plena luz del día, o en la más oscura de las noches ya es un regalo divino.

Incluso los más reacios nunca podrían negar nuestros logros en la salud, el deporte y la educación; y como pocas naciones en el mundo, somos solidarios, incondicionales y estamos prestos a las necesidades de los menos favorecidos.

A veces, cuando me hablan de derechos humanos, me imagino cuán feliz sería el mundo si en ese sentido todos actuaran a la par de esta isla gigante. Sin embargo, otros como nuestros "amigables vecinos" del norte se encargan de trastocar y retorcer nuestras verdades para ocultar sus desmanes y hechos atroces.

La seguridad social en Cuba constituye un derecho sin distinción de raza, sexo, creencia o ideología política de las personas.

Para refrescar un poco la memoria, es necesario recordar que antes del triunfo revolucionario de 1959, la gran mayoría de este pueblo vivía bajo críticas condiciones, carencia absoluta de protección social y de acceso a los servicios de salud, educación, retiro y pensiones.

Pero la Revolución Socialista inició de inmediato una transformación de los seguros sociales, elaborando para ello un programa de medidas que en su totalidad comprendieron la importancia de la atención financiera hacia instituciones específicas para garantizar el cumplimiento de sus obligaciones.

Hoy la seguridad social en Cuba constituye un sistema integral que comprende la seguridad en el empleo, en el puesto de trabajo y sus condiciones, en los ingresos, la capacitación al obrero, así como la nutrición, la actividad física, y el desarrollo individual, siempre con la activa participación de todos los ciudadanos.

Uno de nuestros principales logros radica precisamente en la cobertura que se ofrece gratuitamente al cien por ciento de los trabajadores, sus familiares y al resto de la población que lo requiera.

Nuestra Seguridad Social cubre los riesgos por enfermedades y accidentes comunes, accidentes de trabajo, maternidad, invalidez, vejez y muerte. Su objetivo no es otro que brindar verdadera protección a los núcleos familiares y otras personas en estado de necesidad con carácter subsidiado. Cuba ofrece prestaciones de carácter monetario, en servicios y/o especies.

El Sistema de Seguridad Social cubano protege hoy a más de un millón y medio de personas mediante el régimen de la Seguridad Social, y alrededor de 331 000 por la Asistencia Social.

En esta noble labor se empeñan más de 15 000 trabajadores sociales en todo el país, quienes se encargan de atender a las personas de la tercera edad que viven solos, a las personas con discapacidad, etc.

Cuba no está ajena al proceso demográfico de envejecimiento de la población que afecta al mundo. La población cubana total excede los 11,2 millones de habitantes, constituyendo uno de los países más envejecidos de América Latina, por lo que la atención al Adulto Mayor es actualmente una prioridad.

La salud en la etapa pre-revolucionaria se caracterizaba por el predominio de servicios de carácter privado y mutualista. Las instalaciones y el personal médico radicaban fundamentalmente en la capital del país, donde se concentraba el 65 por ciento de los médicos y el 62 por ciento de las camas existentes.

Eran elevadas las cifras de parasitismo (36,10 por ciento), tuberculosis (13,99), tifus (13,25) y paludismo (30,03). La mortalidad infantil superaba entonces los sesenta fallecidos por cada mil nacidos vivos y la esperanza de vida al nacer apenas llegaba a los 58 años.

La salud pública en Cuba, después del triunfo de la Revolución, tuvo un impresionante desarrollo cualitativo en sucesivas etapas, entre las cuales se pueden mencionar: la creación del Sistema Nacional de Salud en 1960, así como la creación del Servicio Médico Rural y los policlínicos; estos últimos de vanguardia en las campañas de vacunación popular.

En 1970 se logró la descentralización de la docencia y del sector de la salud hacia los gobiernos provinciales, y la implantación del Programa Materno-Infantil. También en 1980 se crea el programa del Médico de la Familia; y en 1990 comenzamos a obtener logros en la ciencia y la técnica.

A partir del año 2002 hasta la actualidad hemos visto desarrollarse los avances en la atención médica con el germinar de las policlínicas como centros de la más alta calidad en la atención primaria y los programas de formación emergente de enfermería.

Hoy, Cuba produce el 67 por ciento de las medicinas que necesitamos, tenemos un programa de diagnóstico prenatal de enfermedades congénitas, el cual ha contribuido a evitar el nacimiento de más de 4 000 niños con malformaciones congénitas.

Contamos con otros como Genética Médica para la reducción del Síndrome de Dawn y otras enfermedades, perfeccionamiento de las terapias intensivas prenatales, pediátricas y de adultos, incremento de la realización de trasplantes de órganos, obtención de la vacuna antimeningocóccica grupo B, única en el mundo, la antihepatitis B, el PPG (ateromixol) y otras.

Con todos estos logros no me imagino como alguien puede desearnos mal, no puedo pensar siquiera en cómo alguien no desearía vivir aquí, y mucho menos como algunos descerebrados nos cuestionan y hablan al mundo sobre Derechos Humanos.

Tan solo la salud y la Seguridad social son un mero ejemplo de lo que podemos, lo que logramos y lo que brindamos al mundo desinteresadamente, pudiera bien continuar con la Educación y el Deporte.

¡Y todavía nos hablan de Derechos Humanos!

¡Revísense aves de mal agüero! Analícense y piensen señores imperialistas en como una pequeña islita socialista del Caribe llamada Cuba pueda tener tantos logros frente a un imperio que amenaza cada vez más nuestras conquistas.

Eso no se llama milagro, se llama, resistencia, dedicación, orgullo, empeño... se llama Revolución.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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