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Manolo Núñez y el secuestro de Fangio

Manuel Núñez León, de 89 años de edad y siete hijos, es conocido por Manolo. Nació el 4 de septiembre de 1928, en la finca El Rosario, hoy Cooperativa en el término de Puerto Esperanza. En la actualidad vive solo en una modesta casa de San Vicente, entre Palenque y la Cueva del Indio, en Viñales. Allí, cuando logró localizarlo, lo visitó varias veces el comandante Faustino Pérez
Cuesta trabajo sacarle palabras que hablen de su persona. Siempre detrás, contra todo lo mal hecho. A pesar de acumular tantos años, conserva una memoria prodigiosa y el talante de siempre, tocado con un sombrero a lo Carlos Gardel y bigote también canoso.

Su vida ha sido fascinante. Por su forma de ser, quienes pasan por su lado no pueden imaginar la historia que arrastra consigo.
Le pregunté cuál era su equipo en la pelota y respondió tajante: Pinar del Río. Cuando me fui más atrás, repitió: Pinar del Río. Después de varias inquisiciones: “Bueno nosotros éramos del Almendares, uno nacía así”.

No se siente satisfecho con el filme realizado sobre aquella acción: “Me invitaron a la presentación. Cuando terminó me preguntaron qué me parecía y dije que algunas cosas no sucedieron así y que no aparecía el nombre de ninguno de los integrantes del comando”.
Aceptó en silencio la explicación, pues no es netamente histórico, sino de ficción basado en hechos históricos. Hizo un par de muecas y no volvió al asunto.

La familia vivía colindante con Los Cayos, donde Antoñica Izquierdo era una figura trascendente por sus prédicas. Ellos, sumidos en la ignorancia y, a su vez, ayudados por la enigmática y bondadosa mujer, asumieron los sermones y comenzaron a curarse con agua fría, o a tratar de curarse. Antoñica, en sus prédicas, aconsejaba que no se votara por los gobiernos corruptos, lo que le trajo no pocas consecuencias. Ese detalle penetró profundamente en las ideas de Manolo.

La familia no votó y sufrió el cruel desalojo. Los pusieron al lado de allá de la carretera con sus bártulos y la mirada fija en el firmamento, como buscando una estrella que se los llevara o les abriera el camino. Varias familias fueron desalojadas al estilo del Realengo 18 oriental. A partir de allí, la vida se les hizo mucho más difícil. Recuerda Manolo: “Aquella zona era propiedad del latifundista Pedro Blanco Torres, senador de la República, quien exigía que votaran por él”.

Según cuenta, enviaron trece carretas para trece familias, a las que llevaron hacia un entronque alejado del Rosario, para que se las arreglaran como pudieran. La guardia rural llegó y se llevó presos para Pinar del Río a algunos mayores. Pero la solidaridad del cubano es grande y familias de la nueva zona recogieron a los “beduinos” y los llevaron a sus casas, sobre todo a los menores de edad.

Aconsejado por varios amigos, decidió irse para La Habana, pero estaba sin un centavo encima. Entonces, en un prestado conuco, logró sembrar y recoger 100 quintales de malangas, que vendió a un peso cada una. Y con los cien pesos se fue a la capital.

Cuando llegué a La Habana, me incorporé al Partido Ortodoxo de Eduardo Chibás, por el que Fidel aspiraba a Representante a la Cámara. Me aceptaron por mi forma revolucionaria y campesina. En la Calle 51 de Marianao, Fidel hizo su último discurso público para ser electo. Casualmente, cuando terminó, me llamó y preguntó de dónde era, qué hacía allí y esas cosas que él preguntaba. Le conté la historia de mi familia y la Comunidad del Rosario. Y mira cómo son las cosas, que por donde primero vino a mi provincia, fue precisamente a crear la Cooperativa en El Rosario. Quizás tuve algo que ver con eso.

Después llegó el Golpe de Estado de 1952, donde se cerraron todas las garantías constitucionales y Manolo, junto a otros militantes de la Ortodoxia, quedaron sin una brújula política, hasta que ingresaron en el Movimiento 26 de Julio.

Juan Manuel Fangio, a quien llamaban El Chueco y El Maestro, nació en Balcarce, Argentina, el 24 de junio de 1911 y falleció en Buenos Aires, el 17 de julio de 1995, a los 84 años de edad. Está considerado uno de los mejores pilotos automovilistas de la historia y en su momento de esplendor, el mejor.

Utilizando indistintamente los autos Alfa Romeo, Maserati, Mercedes Benz y Ferrari, también alguna vez el Ford y el Chevrolet, entre 1929 y 1958 se proclamó quíntuple campeón mundial de la Fórmula 1, en las ediciones de 1951, 1954, 1955, 1956 y 1957.

La tiranía batistiana trataba por todos los medios de acaparar la atención con algunas actividades culturales y deportivas, incluidas peleas de boxeo, pues cada vez era más fuerte el levantamiento popular. Así, en 1957 idearon El Gran Premio de Cuba, en automovilismo. Fangio ganó inobjetablemente. La idea del secuestro surgió desde entonces, pero no fue posible por diversas razones.
Ahora no podía suceder lo mismo.

El 24 de febrero 1958, la tiranía pretendía reeditar la competencia. Aprobado por la más alta dirección del Movimiento 26 de Julio, Faustino Pérez, quien dirigía la lucha clandestina en La Habana, planificó una acción temeraria de trascendencia universal y activó el comando que se encargaría de secuestrar al gran campeón, encabezado por Oscar Lucero.

Los objetivos trazados se cumplieron al pie de la letra: Proteger con todas las fuerzas la vida del campeón, demostrar la pujanza ascendente de la Revolución en armas, evitar o minimizar la connotación de la carrera y llamar la atención del mundo hacia la lucha contra Batista.

Primeros pasos:

-Se planificó secuestrarlo a la salida de CMQ Televisión, pero no pudo ser por la cantidad de público y la férrea protección policial. Los carros se apostaron para ejecutar la acción; fue imposible. Entre los movilizados estaba Manolo Núñez.

-En una visita del campeón al Hotel Nacional, pero era el lugar más protegido.

-Cuando recorriera a pie la ruta de la carrera alrededor del Malecón Habanero; sumamente custodiado.

Y el tiempo pasaba. Entonces Faustino, hombre de recio carácter y valor a toda prueba, increpó a Lucero: “Lo haces tú, o lo hago yo”.
Y de allí salió el héroe para acelerar la acción. Según Arnol Rodríguez en su libro Operación Fangio, tiempo después Faustino se arrepentiría de hablarle así a un hombre religioso, disciplinado y valiente, quien poco después se convirtió en mártir.

Como suele suceder, hay muchas versiones sobre el acontecimiento. A partir de aquí presentamos la de Manolo Núñez:

En la noche del 23 de febrero de 1958, un comando de tres carros (todos con ametralladoras Thompson y armas cortas), cargados con tres revolucionarios cada uno y bien armados, se ubicó en los alrededores del Hotel Lincoln, donde se hospedaba el campeón.

Todo fue en un abrir y cerrar de ojos. A las 8:40 pm, Fangio bajó al lobby del hotel y se estableció su identificación. Comenzó la acción.

Entraron al vestíbulo Manuel Uziel y Primitivo Aguilera, y se dirigieron al bar “Tres Molinos”. A su vez, se parapetaron varias postas. A Manolo le correspondió cubrir la entrada al Hotel, ametralladora en mano. Uziel se acercó al grupo donde estaba Fangio y lo llamó. El argentino se sintió contrariado: “¿Para qué me quiere?” Acto seguido Uziel ripostó: “Soy del Movimiento 26 de Julio y vamos a secuestrarlo”. Después de la sorpresa y con una pistola en el costado, el campeón dijo: “Vamos”.

Algunos, quizás del equipo de protección al campeón, se movieron sospechosamente y la voz de Manolo retumbó en el local: “Si alguien se mueve otra vez, disparo y no queda uno vivo”. Uziel, sin titubear un segundo, mantuvo encañonado a Fangio y salió con él por la puerta de la calle Virtudes. Acto seguido introdujo al campeón en el primer auto y salió veloz.

Los ojos del héroe brillan cuando recuerda su sentencia: “Aquí quedaremos apostados, hasta dentro de cinco minutos no salga nadie, porque se muere”. Y nadie se atrevió a salir.

La retirada se efectuó en perfecta organización, todos fueron a los carros apostados. Así lo narra Arnol Rodríguez, ya desaparecido, en el libro citado:

De inmediato se pusieron en marcha los tres automóviles desplazándose por la calle Virtudes. El de Oscar, el Monje Negro, acompañado por su esposa Blanquita, que era el más próximo a la puerta del hotel, fue el primero en arrancar, aunque el carro enseguida se puso delante, conducido por Primitivo Aguilera (El Pibe), acompañado por Manuel Uziel y Reinaldo Rodriguez, era un Plymouth color verde, el tercero un Buick gris con Carlos García (Cara Pálida) al timón, lo ocupaban Ángel Payá, Manolo Núñez y Ángel Luis Guiú (William).

Según Manolo, al regresar fue último el de Oscar Lucero. Solo hubo un obstáculo, ajeno al secuestro. El segundo chocó con otro y Carlos García, el chofer, tuvo que ir a la estación de policía a declarar. A la iniciativa de Manolo, se retiraron a tiempo.

Enseguida reaccioné: “Cara Pálida, tú tienes que ir con el hombre al cuartel por el accidente, dame tu pistola”. Ellos se fueron con el policía, que en ningún momento sospechó de la acción, todo fluyó normalmente. Caminamos por la senda de donde veníamos y enseguida nos recogió el carro de Oscar Lucero con su esposa Blanquita y nos llevó para el primer lugar donde llevaron a Fangio: la casa de Uziel.

Ya en la estación, el oficial de guardia les pidió que se pusieran de acuerdo entre ellos, pues el golpe había sido sencillo. Cara Pálida le propuso pagarle al hombre y todo quedó como si nada.

Las autoridades quedaron temerosas de que el gran campeón sufriera alguna herida y hasta la muerte, pues el mundo entero les caería encima. Ellos no podían imaginar una de las orientaciones: “Cuídense mucho, nadie debe ser herido ni morir, pero primero muertos Uds., antes que Fangio, hay que proteger la vida del campeón a toda costa...”

Cuando leí el libro de marras, comprendí que en las cosas de la vida la casualidad juega un papel determinante. Quizás todo hubiera sido lamentable. Veamos cómo narró Arnol una anécdota tragicómica, en la casa definitiva del Nuevo Vedado, que acogió al campeón:
A unas cuantas casas cerca de allí, en la misma cuadra, vivía una bailarina de Tropicana que le decían la Mamboleta, que era amante del político y gobernante batistiano Rafael Díaz Balart. Esto motivaba que a cada rato se parquearan, casi al frente, automóviles de los cuerpos represivos, y se dio el caso en una ocasión de que al salir de la casa Haydeé Santamaría Cuadrado y Armando Hart Dávalos, éste distraído, se encaminó a uno de esos automóviles y solo la reacción rápida de Haydeé pudo evitar que lo tomara.

Es conocido el desenlace. Fangio se sintió como en casa y se hizo amigo de sus captores, quienes se desvivieron en atenciones. La carrera se efectuó sin él y ha sido una de las más crueles, pues sesgó la vida de varios aficionados, cuando un auto a toda velocidad perdió el control y les fue encima a los espectadores. El gran campeón vio el accidente por televisión y allí mismo decidió no volver a competir.

Esa noche del 24 de febrero, se crearía otro comando, ahora con la difícil y arriesgada misión de devolver a Fangio.

La orden de Faustino había sido tajante: Bueno, vamos, tú mismo Arnol, eres el responsable de la entrega. No tengo que decirte más nada. Váyanse en el automóvil de Emmita y que Flavia (Berta Fernández Cuervo) los acompañe. Solo se le agregaron unos espejuelos a su indumentaria habitual.

Todo se dio a pedir de boca. A propuesta de la Embajada Argentina, la devolución se efectuó en un apartamento situado en la Calle 12, No. 20, piso 11, entre 1ra. y 3ra., El Vedado, en la casa de Mario Zaballe, agregado militar de esa Embajada, quien se encontraba fuera del país.

Así lo recordó Arnol:

Después de tocar el timbre nos abrieron la puerta de acceso al interior, esperamos por el elevador y, una vez dentro marcamos el piso 11. Ya próximos al apartamento indicado, la puerta se entreabrió. Penetramos y vimos a tres señores de semblantes muy serios. De inmediato Fangio, cambiando la expresión del rostro y casi sonriendo rompió el hielo, al decir: “Estos son mis amables secuestradores, mis amigos secuestradores”.

Colofón para una de las acciones mejor preparadas, de connotación popular e internacional, pues la prensa de todo el orbe se volcó al secuestro del gran campeón, quien terminó amigo de los revolucionarios por las atenciones recibidas.

Después de 1959, Manolo Núñez, a quien el 17 de octubre de 2017 tuvimos como invitado en la Peña del Consejo Científico Veterinario de Pinar del Río, obtendría grados militares y cumplió tareas riesgosas en la Limpia del Escambray. Entre otras acciones, fue el encargado de llevar a los doce Malagones a Ciudad Libertad, para ponerlos a las órdenes del comandante Camilo Cienfuegos.

El campeón visitaría Cuba en 1981 y se entrevistó con las más altas autoridades, incluidos sus captores.

Sobre el Autor

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Escritor, promotor cultural, crítico, ensayista. Profesor Titular y Consultante Universitario de la Facultad de Cultura Física y Deportes Nancy Uranga Romagoza de Pinar del Río y una experiencia de 35 años en labores investigativas y pedagógicas en la Universidad del Deporte Cubano.

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  • Invitado - frank pupo

    Muy buen articulo, como todos sus articulos. Para informacion de sus lectores, Rafael Diaz Balart, era el primer ministro de Batista, suegro de Fidel y padre, ademas de la primera esposa de Fidel y mama de Fidel Castro Diaz-Balart, y padre de Lincoln, Mario y Jose Diaz-Balart ex-congresista, congresista Republicano por la Florida en EEUU y periodista del canal Tele Mundo 51 de Miami respectivamente.
    No tenia idea de la pintoresca escena aunque lei el libro y vi la pelicula sobre Fangio.
    Saludos
    Frank Pupo

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