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Carlos Martí, mentor del equipo de béisbol de Granma

Carlos Martí, mentor del equipo de béisbol de Granma

Ernesto Márquez Pérez, un excelente técnico de equipos audiovisuales en el Taller de Radio y Televisión de Pinar del Río (calle Vélez Caviedes, hoy Gerardo Medina), monta en cólera y suele criticar con la razón en la mano, nadie desenreda sus palabras. Un prototipo criollo que desea lo mejor para el deporte. De tanto oírlo a él y otros paisanos en peñas improvisadas, decidí escribir estas minutas. Hasta el sol de hoy no lo había hecho, aunque he sufrido más de lo que disfruto, como todos.

Por suerte, otros gallos han cantado en ese fulminante espectáculo: los Vegueros de Pinar del Río (2015) y ahora los Alazanes de Granma (2017). Actuaciones envidiables con diferentes matices. Estos últimos lucieron inmensos, como una armada compacta, aunque se clasificaran cuartos, entre cinco. Aquellos verdes de Alfonso Urquiola comenzaron mal el torneo y fueron in crescendo, hasta coronarse campeones. Cuando hace poco Pedro Ramos se encontró con Yosbany Torres en el Capitán San Luis, a quien admira mucho, le dijo: “tú y yo somos los dos últimos cubanos triunfadores en una Serie del Caribe, y somos pinareños...”

Mas se ha generalizado por algunos “difusores” una forma de minimizar el título verde de 2015. Pareciera, quizás, que no se enorgullecen por la mejor demostración criolla en muchos años. No quisiera pensar en el interés por borrar la imagen convertida en conquista de una quimera. Ojalá más temprano que tarde otros abracen ese resultado; deseé con todas mis fuerzas que los Alazanes del amigo Carlos se unieran en la victoria a los Vegueros de Urquiola, el primero un académico de mucho andar desde la cueva en el diamante, el otro una figura legendaria de nuestra pelota que parece borrado de esos circuitos, por obra y gracia de una entrevista robada sin redactar, que invadió las redes sociales. Ambos, Carlos y Alfonso, se yerguen como ases.

Lo real, lo justo e histórico, hasta el sol de hoy, es que después del segundo lugar en el Primer Clásico Mundial 2006, a las órdenes de Higinio Vélez, la hazaña veguera no tiene parangón. Su director también venció al Baltimore Orioles y descabezó a todos en los Panamericanos de Winnipeg 1999, entre los torneos más fuertes donde hayamos participado. Pero las Series del Caribe constituyen el regreso al honor. Y no resto méritos a ninguno, cada uno en su momento: Servio, Pineda, Jorge...

No se trata de enaltecer a quienes por derecho propio brillan entre las estrellas, ni un despecho fanatizado. ¡NO! Simplemente poner en su lugar las cosas, porque gústenos o no, nunca será lo mismo un meritorio cuarto lugar entre cinco competidores, que regresar con el título ante los mismos equipos.

Si me atrevo a profundizar en lo que todos saben, es porque he recibido muchísimas llamadas, escuchado voceríos en los parques y disgustos en las tertulias deportivas vueltabajeras y las peñas de todo el país. Lo peor del caso es que, creo, algunos llevan la razón. Critico a quienes alzan la voz, pero en esas voces casi siempre hay razones.

Otros se han explayado contra el papel de Granma. Que si debió batear fulano o mengano, que no debió alterarse la alineación, que si Roel tenía que jugar en todos los partidos, porque les batea bien a los zurdos, que todavía están verdes Víctor Víctor y Céspedes, que nunca debió ceder el puesto Frank Camilo. Arremeten contra Paumier y le echan encima causas de derrotas.

Hasta pretenden demeritar tales actuaciones por aquello de los refuerzos, que a juicio de este redactor es de lo mejor que se nos ha ocurrido para levantar nuestro béisbol. Colegas y amigos entrañables baten armas contra los refuerzos, que si antes no existían, que solo eran sustitutos y esas cosas que están a la mano del Señor. Solo diré que México dejó fuera a diez miembros de las Águilas de Mexicali y los sustituyó por otros mejores. Dicho sea de paso, ninguno era llamado a los spring trainers con urgencia. Hasta hubo protestas que no avanzaron. Todos quieren ganar, pero solo uno se lleva el gato al agua.

Parecen sabérselas todas y no confían en nuestros especialistas. En lo personal no me gustó sustituir a Roel y Frank Camilo contra Venezuela ni mantener a la cabeza de la alineación a Paumier, un hombre que lo dio todo en el terreno, pero no pudo hacerse justicia, es cierto. Seguro estoy que Carlos y compañía tuvieron sus razones.

Quisiera, eso sí, referirme al mejor cuerpo de lanzadores que hayamos tenido en mucho tiempo. Brazos fuertes e inteligentes. Un trío para decidir como resultaron Lázaro Blanco, Moinelo y Lahera, hay que respetarlo a cualquier nivel, incluido el Vladimir avileño, José A. García, Entenza y compañía. La labor de Vladimir Baños clasifica con visos míticos. Otros no lucieron.

Ahora Carlos tiene la misión más difícil. No es lo mismo la Serie del Caribe que el Clásico Mundial, donde proliferan figuras de primer nivel. También es cierto que este equipo promete más que el anterior, a pesar de los cientos de emigrados. Y otros males.

El trabajo del inefable Carlos Lois (¿o Louis?) al frente de la Comisión Técnica, un efectivo y conocedor hombre de la pelota, debe rendir buenos frutos. En el equipo está lo que más vale y brilla en la actualidad. No veo fisuras, salvo las que emanen de la calidad.
Confieso que me hubiera gustado encabezar la alineación con los dos zurdos: Roel y Julio Pablo, en ese orden los tendríamos en las bases sistemáticamente.

Un dilema mayor será mantener a Alarcón en el line up, presumo que Frank Camilo será el titular detrás de home, se lo ha ganado con una entrega sin límites. Figura esencial para conducir no solo a los lanzadores; todo un capitán, sin altos promedios ofensivos, pero oportuno. Entre Cepeda y Alarcón debe estar el designado. Veremos.

Una vez más, iremos a la conquista del Sol Naciente y ojos casi engurruñados de quienes lo sufren día a día y añoran en los inviernos. Creo, sinceramente, que debemos pasar a la segunda etapa y allí luchar a brazo partido.
Nuestros muchachos lo merecen. La patria espera de ellos, y por ellos.

Sobre el Autor

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Escritor, promotor cultural, crítico, ensayista. Profesor Titular y Consultante Universitario de la Facultad de Cultura Física y Deportes Nancy Uranga Romagoza de Pinar del Río y una experiencia de 35 años en labores investigativas y pedagógicas en la Universidad del Deporte Cubano.

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