Actualizado 24 / 06 / 2017

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Qué dos historiadores nos perdimos

Ramon Brizuela RoqueAsí dirán los lectores de hoy, cuando conozcan el suceso que voy a relatar. Fue allá, en Matahambre, cuando corría apresurada la década del '60 –del siglo XX– y a alguien se le ocurrió en un noticiero ICAIC nombrar Ciudad dormida a nuestro pueblo.

¡Qué cumpleaños!

Ariel Torres AmadorLos cumpleaños son esas fechas en las que nos paramos frente a un cake y al ritmo de un efusivo happy birthday nos quedamos sonriendo como tontos mientras la familia y los invitados nos aplauden y desentonan al ritmo de la pegajosa melodía.

Chelo y Matancero

Susana Rodriguez OrtegaBriones Montoto es un poblado campesino situado a 25 kilómetros de la ciudad pinareña. Si ya es difícil llegar hasta este sitio, por el transporte escaso, se hace aún más complejo salir.

Del Sol

Jesus Arencibia Lorenzo¿Se me trabó mucho la lengua?”, susurró el profe después de aquella clase magistral de sábado por la tarde. La escuela, el instituto preuniversitario vocacional Federico Engels, estaba casi vacía, pero Roberto Del Sol, como había hecho durante años, tenía encuentro con sus estudiantes, para conversar.

Decilias, Ranulfos, Filadelfos...

Ramon Brizuela RoqueTodavía no comprendo de dónde extrajeron el nombre de Decilia de mi abuela y Terina de mi progenitora, si en Cruz del Pino, lugar casi perdido de la costa norte pinareña, los libros estaban ausentes y no había otras fuentes de cultura que no fuera la tradición oral de traer los recuerdos uno tras otro, a través de las personas.

Mi abuelo Perfecto hablaba con el silencio

Randy Saborit MoraEn escasas palabras, a mi abuelo paterno Perfecto le gustaba conversar con los hechos. Nunca lo escuché decir “te quiero”, pero me montaba en el caballo y nos íbamos juntos hasta la casa de Coteco.

Días de inocencia

silueta mujerMe tocó la infancia en las postrimerías de la época de las vacas gordas y el pedregoso inicio de las flacas, para usar términos ya conocidos en la historia cubana.

Un hada y una maga en el piso de abajo

Susana Rodriguez OrtegaSolía escapar a veces de las tediosas clases de violín y refugiarme en la biblioteca de mi antigua escuela de arte. Amaba aquel lugar con sus ventanas y puertas de cristal por donde se escurría el sol en las mañanas frías. Recuerdo como si fuera ayer los estantes bien dispuestos y a las dos bibliotecarias, una morena y pequeña, Amarilis, alta la otra, Luisa, de ojos tristes y expresión seria en el rostro.

Una pincelada, un sueño

celima bernalPadezco de un pinareñismo incurable. Amo el olor resinoso del aire, el color de la tierra, el calor de la gente. Guardo en mí, las aguas del Cuyaguateje, que corre lento, y ríe y se esconde, y salta repentinamente como un niño travieso. Añoro las lomas azules de lejanía, y las nubes algodonosas que transparentan los rayos de la luz.

Red 2.0

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