Actualizado 20 / 10 / 2018

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Barro y sensaciones

silueta mujerNo se trata de Manhattan, tampoco de Marbella, y mucho menos de los Campos Elíseos. Hago referencia a mi antiguo barrio, un átomo de patria donde comenzaron mis primeros años de vida y cómo recordarlo sin dejar de sonreír. Mientras las hermosas capitales tienen asfalto y grandes avenidas, en mi antiguo barrio cuando llueve y caminas se te entortan los pies. Mis pies llenos de barro se burlan del calzado y sus marcas. Fango en lugar de espuma cubre todo el empeine y a la vez desnuda el alma de artificios. El barro pinta de naranja aquella zona que también suele adornarse de framboyán y tabaco, luciendo cada día la abnegación del campesino, con sus manos incansables.

Los mantecaderos

silueta mujerCada día, el sonido sordo producido por los suaves golpes sobre el semicírculo metálico, anunciaba –después del almuerzo hasta casi el anochecer– la llegada de estos hombres. Reconocidos desde antes del triunfo revolucionario por el pantalón azul mecánico, la camisa blanca y el sombrero de pajilla, Ignacio y Mariano: los mantecaderos, dos hermanos –para algunos jimaguas– recorrían la ciudad pinareña con su preciada oferta: helados de mantecado, chocolate, piña, mamey, coco, melón... servidos en barquillos (generalmente elaborados por ellos con harina de trigo, azúcar prieta, una pizca de sal y agua); o años después en abanicos comprados en la capital.

La Jía

Antonio Manuel PadovaniYa estoy entrando a Pinar, dejamos atrás la fábrica de cerveza, la autopista hace una curva y, ya está, veo a mi derecha la Universidad y el hotel, a la izquierda los albergues universitarios y al frente el puente continuado por un bello paseo con pinos...

No te sientas olvidado

Yosmany Ventura PerezTú serás el motivo de mi canto. Así comenzó Whitman los versos de A una locomotora en invierno. Con su visión futurista te miro yo a ti, y te enaltezco, porque olvidado quizás, aún estás ahí, viejo amigo de la ciudad, la misma que hoy se maquilla posponiendo la mejilla en la que te encuentras. Con tu estilo Art Nouveau, como pocos en la Mayor de las Antillas, te elevas hacia el asolado, nublado o estrellado cielo, con el mismo rostro ya pesimista de los años.

Llegada tardía

luis sexto sanchezLas charlas de mis compañeros, las imágenes eróticas del cine y el insolente cachumbambé trasero de las criollitas que ya Wilson estaba por descubrir en el semanario Palante, empezaron a entretener mi audacia. Vete, me decían, como en el poema de Amado Nervo, cuerpo y alma al par. Contente, replicaba el custodio de mi libertad impuesto desde la niñez por una educación religiosa que entonces por laberínticas tergiversaciones convertía en ácido lo más humano de la gente.

  • Escrito por Luis Sexto
  • Visto: 1280

El “sobremuriente”

Elizabet Colombet Frias¿Qué ves viejo? –dijo el niño–. Y la pregunta cayó en los oídos del abuelo como un porrazo.
Pero el viejo no respondió. Estaba en la acera, bajo uno de los balcones grisáceos del inmueble. Y miraba la hilera de columnas carcomidas del zaguán y las losas vencidas por las grietas y las hierbas invasoras de los muros. El lugar, en la calle principal de la ciudad, le parecía solitario.

Red 2.0

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