Actualizado 21 / 08 / 2017

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Vinent y yo

Aquellos pasos al “patíbulo” fueron los más y mejor calculados de mi XI Serie Nacional con el Vegueros de Pinar del Río; la única.

Resulta que estaba yo con un bate en las manos y delante, elevado a 10 pulgadas y a la distancia de 60 pies, un monarca. Congelado en la banca, el Gallego Salgado me hizo las señas del emergente, en un juego tenso de verdad. Jugábamos el inning 16 en un duelo entre Braudilio Vinent y Rodovaldo Esquivel, que terminaría de forma inesperada al final de esa entrada, a favor de los indómitos.

Me apreté los spikes y seleccioné el casco; todos me quedaban grandes. Entonces salí como debió hacerlo un novato cualquiera ante los envíos de Nolan Ryan en las Grandes Ligas. Siempre he pensado que Vinent es nuestro Nolan Ryan.

Busqué el bate más ligero, en la certeza de que la Serie Nacional no era un juego, que uno tendría que chocar contra las luminarias y no estaba preparado. Eso sí, allí logré entender que no iba contra cualquiera; prefería uno menos estelar. Alfredo Paz, el árbitro, me reclamó. La cosa era de verdad. Un par de ejercicios calisténicos y, sin remedio, al desigual combate.

Primer lanzamiento: rectazo sobre las 98 millas (calculo yo) con intención de taladrar. Me separé, cogí un poco de tierra. Caridad Lorente, el cargabates, me alcanzó la pez rubia: –Vamos Juany, tú verás que se la das. Lo miré receloso. ¿Se burlaba?, él estaba optimista, como todos los cargabates. Segundos que parecían horas. Sin otra opción, regresé al cajón. Ramón Hechavarría me echó tierra en los spikes: –Ten cuidado, está descontrolado.

¡Mentira, estaba durísimo, como siempre! Sonriente me quejé al umpire, porque el Chava no me dejaba concentrar con aquella voz ronca a lo Louis Armstrong. Y lo necesitaba. Si no es recta no le tiro, pensé, no puedo poncharme, como los 15 que me antecedieron.
Después de una slider que dejé pasar, repitió el rectazo por el mismo centro. Le hice swing y salió un rolling lento por encima de segunda.

A toda velocidad pensé un hit. ¡Qué ingenuidad la mía!, apareció el guante de Agustín Arias, con su brazo de cañón. El árbitro gritó ¡out! y regresé a la cueva con honor. ¡Braudilio Vinent no me había ponchado! Una heroicidad, superior al hit contra Walfrido Ruiz días antes en el “Latino”; algunos me felicitaron. Cuando aquel pícher de estatura normal hacía el wind up, parecía medir más de seis pies.

Enfrascado en mis investigaciones para El Señor Pelotero, hace dos décadas, nos encontramos frente a frente en su habitación del hotel Italia de mi ciudad, él como entrenador de picheo de Santiago de Cuba. Hablamos sobre Casanova. Campechano, jocoso, oriental por los cuatro costados, me concedió una de las entrevistas que recuerdo con más nitidez.

Conservaba el somatotipo. Parece que así nació y vivirá el resto de sus días. Me confesó que tiraba pelotazos, Roberto Ledo se lo exigía, o le quitaba la bola. Pensé comentarle el rolling saltarín, pero no lo recordaría ni saldría yo bien parado, porque éramos dos polos opuestos del béisbol.

Sobre el Autor

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Escritor, promotor cultural, crítico, ensayista. Profesor Titular y Consultante Universitario de la Facultad de Cultura Física y Deportes Nancy Uranga Romagoza de Pinar del Río y una experiencia de 35 años en labores investigativas y pedagógicas en la Universidad del Deporte Cubano.

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  • Invitado - Dr. Reinaldo

    Para mis amigos de Pinar del Río y para Martínez de Osaba, ya que mencionas a ese grande como Nolan Ryan en tu Artículo, aquí les dejo algo de otras galaxias, dificil de igualar: Los 7 no hit no run de por vida y los 5714 ponches, de Nolan Ryan, que dio en su carrera (en 5387 y un tercio de innings), en 27 temporadas en la Gran Carpa, además se llevó 11 títulos del más ponchador, 6 veces repartió más de 300 cafés en una misma campaña y es el dueño de la mayor cantidad de abanicados en un año, cuando en 1973 dejó con las ganas a 383 bateadores rivales.

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