Actualizado 21 / 08 / 2017

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Problemas operacionales

Cuando un viaje Isla de la Juventud-La Habana en avión, que debe ser de 30 minutos (o como se dice acá: “mear y sacudir”), se te convierte en cinco horas (o como se dice acá: “te cogió el Armagedón”), Cubana pasa a engrosar tu lista de cosas no gratas... Se agrega inmediatamente una nueva frase odiada: “problemas operacionales”, que significa que tu avión no saldrá en tiempo por las más variopintas razones: roturas, clima malo, desvío para otros destinos preferiblemente turísticos, indisposición de la aeromoza... Y por más que los tantos cuentos que has oído te dictan que debes viajar con agua, comida, entretenimientos, almohadones y hasta traje de baño y bronceador... siempre caes en la trampa de creer que el tuyo saldrá en tiempo y terminas sedienta, hambrienta y con las nalgas acalambradas por los “mullidos” asientos de la sala de última, pero largaaaaaa, espera.

Llevas el dinero muy bien distribuido, pero no te queda otra que agarrar la cartera para sobrevivir: “¿Tienen pomos de agua de los medianos?”. “No”. “¿Y de los pequeños?”. “No”. “¿Refresco?”. “Caliente”. “¿Cerveza?”. “Caliente”... Ah, pero extrusos de maíz, los llamados pellys con sabor a ajo, repletos de sal y que te dejan el aliento de dragón, sí que hay por montones. Toda cafetería cubana que se respete los vende. Y ¿quién diablos se come eso sin agua cerca? También hay preservativos en la tablilla. En eso sí han sido precavidos, como el viaje puede tornarse tan largo quizás hasta te dé tiempo a ligar y los necesites, habrán pensado.

Nada, no hay nada frío a 1 000 cuadras a la redonda. Frío, solo el trato de los trabajadores de la terminal, que ante el mínimo ademán de pregunta repiten como robots: “problemas operacionales”, “problemas operacionales”, “problemas operacionales”. Al fin abordo la nave... “yupiiiii, me encantan los caramelos, voy a coger como cinco”, me digo, pero me frena la cara de la aeromoza: “aquí que nadie se piense que va a celebrar el cumpleaños de su hijo con los caramelos de Cubana... como máximo son dos, uno para destupirte los oídos cuando asciendes y otro para destupírtelos cuando desciendes”, parece advertirme. Yo, más fina que Josefina, no cojo ninguno.
“gracias, no me gustan los caramelos”. SÍ TE GUSTAN, SÍ TE GUSTAN, SÍ TE GUSTAN, grita mi yo interior.

Tomo asiento al lado de un español medio tiempo y simpático, me pongo el cinturón que no tendré que ajustarme porque me queda al límite... Ufff, estos creadores de cinturones de aviones deben tener en cuenta a las personas pasaditas de peso, porque es de muy mal gusto que desde la punta del avión la aeromoza te grite: “La del 17c, ¿necesitas una extensión?”. “No, señorita, gracias, este cinturón me queda como un guante”, le respondo conteniendo la respiración, no sea que el guante se descosa. Ella comienza a explicar cómo ponernos el cinturón y dónde quedan las salidas de emergencia y que “las consignas de seguridad” se encuentran frente a nosotros. “Pero en ezte paíz todo ez a nivel de conzignaz”, dice divertido el español... me ataca la risa, pero me controlo... hay un cinturón a punto de estallar.

Al fin despegamos y ha sido tanta la espera y la ansiedad por partir que hasta había olvidado mi temor a volar. Entonces llega el piloto con su discurso a recordármelo, porque que me diga el tiempo estimado del vuelo, está bien; que me diga la velocidad, está bien... pero ¿para qué me tiene que decir la altura a la que volamos? ¡Puro morbo! Por suerte, en un abrir y cerrar de ojos anuncian el descenso. “Gracias por elegirnos”, nos dice una voz desde el interior del avión. “Por elegirnos entre las otras 24 aerolíneas cubanas existentes, ja”, agrega sarcástico mi yo interior.

Aterrizamos y comienzan los aplausos... Entusiastas que somos... llevamos cinco horas de viaje, con sed, hambre y calor, pero estamos vivos y aplaudimos... Somos cubanos... Me ha tocado el paquete completo de infortunios, hemos cogido al personal de la pista movido. Como 15 minutos más tenemos que esperar, en un avión ya sin aire acondicionado, a que aparezca la escalera para bajar. “Pero y ezto que coza ez”, se pregunta el español. “Traigan la escalera, repi...”, vocifera un cubano. Hasta que bajamos y casi corriendo entramos a coger un carrito y a posicionarnos junto al rodamiento por donde saldrán nuestros paquetes.

Más de media hora transcurre hasta que se oye el rugir de una máquina largo tiempo sin engrasar... “ya vienen, finitoooo”, me doy ánimos. En fracciones de segundo se escucha una carga al machete: “Santiagooooo, sus paquetes”. Ufff, nos han pasado motica, un vuelo con el doble de pasajeros que el nuestro, va a recoger primero sus maletas. Comienzo a verlo todo doble a causa de la fatiga, empieza a preocuparme mi salud física y mental. Le mando un SMS a mi novio que me espera en las afueras de la terminal desde las seis de la tarde y ya son casi las 10 de la noche: “chuli, no lo vas a creer... primero van a despacharle el equipaje al vuelo de Santiago, así que debo seguir esperando. Estoy cansada, hambrienta y con ganas de ti. Te amo”. Respuesta: “No importa, te esperaría toda la vida, mi amor... No te preocupes por el hambre que te compré un paquete de extrusos de maíz, de ajo, que creo que son los que te gustan. Te amo”. Entonces se me desata la locura... comienzo a tirarme de los pelos, a restregarme la cara, me tiembla un ojo y una pierna... me le acerco a las personas gritando: “problemas operacionales”, “extrusos de maíz”, “no me gustan los caramelos”, “gracias por elegirnos”... mientras, con los brazos abiertos, simulo que vuelo en círculos por toda la terminal.

Sobre el Autor

Yuliet Calaña

Yuliet Calaña

Periodista del sistema informativo Islavisión.

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  • Invitado - Isra

    Así mismo es un viaje en Cubana una verdadera odisea...con tu simpatía y tu sentido del humor haces que suene mejor que lo que realmente es.Eres una cronista sin desperdicios

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