Actualizado 19 / 06 / 2018

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Terapia

En la mente del cronista que intento ser, toda la arcilla real de esta historia. Pudo haber sido así... Sentí alivio cuando leí: Dr. José A. Rodríguez Casals, J´Dpto. Psicología Clínica. Era el rótulo en la puerta de aquella afamada institución. La entrada para orientar mi conflicto como padre. Después del adelante, pase, siéntate hermano, sobrevino la turbulencia de mi ignorancia de cómo asumir el drama filial con persona tan significativa: mi hija. El amigo de mi amigo me recibía como a un conocido de la escuela primaria. (Y dale con una de mis máximas: humildad y categoría dobles eslabones de la confraternidad). Luego de actualizarlo sobre nuestro amigo en común y compartir cotidianidades, le hablé sobre mi total confianza en su ayuda a encontrar respuesta y proceder en mi conflicto. El eminente profesor asumió un versículo bíblico que advertía enfrentamientos hijo-padre, y con un “Ah, los hijos, los hijos...”, me instó a que le contara “despacio y con toda franqueza” pues ese día no tenía consejo de dirección, reunión de cuadros, y mucho menos círculo de estudio, ni tampoco debía recoger al nieto. “¡Dime en qué te puedo ayudar!”, dispuso, y su complaciente butacón lo acogió. Desinhibido, le diserté detalles del trance que me abocaba a la única frustración de un hombre realizado social y profesionalmente. Pues a pesar de los avatares que nos imponen y nos infligimos, me había considerado buen padre, de una hija que, ya adulta, me denegaba esa categoría y me señalaba además como egoísta. Mi interlocutor se acomodó más aún cuando le enumeré conjeturas sobre las razones de mi primogénita para cíclicamente arremeter contra mí, pero también contra determinada persona a los que siempre recurría por apegos mutuos y que embestían con palabra o acciones por motivo más insospechado. Parecía como si nos odiara por no liberarse de un catacúmbico demonio de inconformidad. Según yo hablaba, él atendía con un visible sentimiento de compenetración. Sentí que su sabiduría sería determinante para orientar mi desasosiego y darle un orden a mi caos sentimental. Gracias a sus gestos y candidez de su receptación logré detallarle tres aspectos que no sabía cómo enfrentar para mejorar tal relación, a saber: 1-La subestimación de mi hija a la opinión que difería de su criterio y su sigilosa burla en algunas ocasiones. 2-Su inconformidad existencial expresa ante sus seres más allegados, a diferencia de un comportamiento más placentero con sus amigos o conocidos. 3-El considerar ella la relación y comunión con sus progenitores solo asunto de conciencia en su conducta humana y no beneplácito filial. Detalles que no la limitaban en ser una persona bien recibida por todos sus compañeros, por su arraigado interés de cooperación, pues nadie tenía duda de sus probadas virtudes humanas. El experimentado profesor estuvo buen rato oyendo, de brazos cruzados, sin quitarme la vista, y otro tanto sumido profundamente en su introspección. “¡Mi hija es buena, profe, tremenda gente, estelar! Yo la admiro, la quiero y siento orgullo de ella por su valía y talento, pero sigo pensando que no he sido mal padre y me revelo ante su criterio de que no necesito de su compañía mientras yo goce de buena salud y ánimo para continuar proyectos. Dice que su atención más cercana y efectiva será necesaria cuando ya no me pueda valer. Y yo, profe, necesito su abrazo, su beso ¡ahora! –enfaticé- y no sus lágrimas y nostalgias por un papá que ya no estará más... “Por eso vine, Doctor. Sé que usted puede ayudarme”. El experto en Psicología Clínica me escuchaba. Ya de pie, me le acerqué: “¿cómo hago, Doctor?”, concluí, expectante y esperanzado. Con la mirada perdida en algún punto de su oficina, me estrechó la mano y desde su fraternal abrazo atiné a oírle la ya entrecortada voz: “¡Caramba, compadre! ¡Escucha bien, hermano!... Escucha bien...” Hizo una pausa y continuó en un tono menor, aún enfático:
— “Mi hijo mayor... Mi hijo mayor...” Y rompió a llorar.

Sobre el Autor

Julio Alberto Cumberbatch Padrón

Julio Alberto Cumberbatch Padrón

Poeta, trovador y promotor cultural habanero

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