Actualizado 22 / 04 / 2018

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El foul del “Vaquero”

En los recreos –como se decía–, los varones nos íbamos a jugar pelota detrás de la escuela Ignacio Agramonte, popularmente conocida por escuela grande. Lo hacíamos exactamente entre ella y la Casa de Generoso, una bodega con bar incluido, muy popular en las Minas de Matahambre. Quien sacara las pelotas de goma por encima de la instalación, hacia la calle Real, era considerado un big leaguer. Manolito El Gallego, mi mejor amigo, lo hacía con facilidad. ¡Cuántos recuerdos! Nunca pude dar un batazo así; no era tan lejos, pero yo no tenía fuerza al bate, mis muñecas no fueron diseñadas para dar jonrones.

Mi madre, Nora Esther Goenaga Nodarse, era maestra allí de segundo grado. Para entonces, en mi pueblo solo se alcanzaba el sexto. Los peloteros estudiaron en aquella escuela, bien situada geográficamente. Ya dije que detrás estaba la Casa de Generoso; más allá la segunda calle; después, entre la segunda y la tercera, estaba el estadio. No pudiera decirlo exactamente, pero del home plate a la bodega–bar, si pudiera enderezarse, había más de 500 pies; quizás me quedé corto.

Arnaldo Duarte es conocido como “Nené el Vaquerito”. Le pusieron así porque siempre andaba vestido con ropas al estilo de los duros del oeste, como Roy Rogers o Durango Kid.

Con 15 o 16 años ya estaba en la nómina del equipo grande de Las Minas. Se caracterizó por su técnica. Cuenta que en una ocasión le recibió a Camilo Pascual, otra a Pedrito Ramos, superestelares de la pelota profesional cubana. Poseyó un brazo fabuloso; estuvo entre los primeros receptores que tiraron sentados a la segunda almohadilla.

Nacido en 1938, se desempeñó en diferentes conjuntos: Los Verdugos de Santa Lucía, Las Minas, Los Indios de García, de Pinar del Río y otros. Según cuenta, “entrenó” con los Piratas de Pittsburgh y los Senadores de Washington, equipos de las Grandes Ligas. Adivine usted dónde: en el estadio Borrego Park de Pinar del Río, el mismo hoy remozado. ¡Guarda tanta historia! Allí venían los scouts a buscar talentos; el Nené entre ellos, pero no fue seleccionado.

Los batazos de foul suelen ser los más largos, pues se les pega con la mayor fuerza posible, la descarga de todo el cuerpo. De ahí los lineazos estremecedores. Los pitchers  se arriesgan para dominar mejor con lanzamientos pegados y salen esos leñazos fuera del terreno de juego; strike a favor del lanzador.

“El Vaquerito” dejó una huella que, desde mediados de los años ‘50 hasta el sol de hoy, pasa de boca en boca. Así son las cosas de la pelota, con un fabuloso foul en el estadio de Las Minas, por la zona del left field; cuentan que la pelota fue a parar a Casa de Generoso.

Algunos recuerdan, estupefactos, verla caer allí, donde nunca llegó ni quizás llegue otra. Hace muchos años trato de imaginar un batazo con esas dimensiones; no lo logro. Posiblemente haya recorrido más de 550 pies. Téngase en cuenta que tuvo que volar sobre la casa del recordado Pedro el Oriental, pasar la segunda calle, otras casas contiguas y una pequeña elevación.

He visto batazos largos en mi vida. He leído sobre otros, incluyendo el de Mickey Mantle en Detroit, en septiembre de 1960, dicen que de 634 pies. Solo se me ocurre comparar el foul del “Vaquero” con ese batazo del “Niño Mimado de la Ciudad de los Rascacielos”.

¿Llegó realmente a Casa de Generoso? ¿Caminó más de 600 pies? ¿El más largo de la historia? ¡Y eso qué importa! Tejiendo una leyenda increíble se puede trascender.

Sobre el Autor

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Escritor, promotor cultural, crítico, ensayista. Profesor Titular y Consultante Universitario de la Facultad de Cultura Física y Deportes Nancy Uranga Romagoza de Pinar del Río y una experiencia de 35 años en labores investigativas y pedagógicas en la Universidad del Deporte Cubano.

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