Actualizado 20 / 10 / 2018

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De Martí a Mozart: Saratoga embelesado

“Pasé un día bueno”, dijo Aníbal Saratoga, héroe literario, en palabras de su creador, Oscar Barrientos (Chile, 1974), poeta, novelista magallánico, sobre el pasado 24 de febrero: Cuba cumplía la fiesta 123 del reinicio de sus luchas libertarias.

De Neruda, Violeta Parra, Salvador Allende, hablábamos camino a la Plaza de la Revolución, eje político administrativo.
–Es la grafía del proceso revolucionario, sentenció.

–La centra el obelisco piramidal –le expliqué– de planta estrellada y verticalidad dominante. Su base acoge el monumento a José Martí esculpido por Juan José Sicre. El edificio del fondo, sede de los consejos de Estado, de Ministros, del Comité Central del Partido, de influjo horizontal, cierra, bordea, enmarca el conjunto.

–En torno se alzan inmuebles esbeltos en escala.

–El de Economía y Planificación; el del Minint (Ministerio del Interior); el de Informática y Comunicaciones; los de la Biblioteca y el Teatro nacionales; el del Minfar (de las Fuerzas Armadas Revolucionarias)… El frente del Minint luce el relieve de la imagen del Che tomada por Korda con el lema Hasta la victoria siempre, y el lateral de Informática, el del rostro de Camilo Cienfuegos con la frase “Vas bien Fidel”. Enrique Ávila es el autor de las creaciones.

–La plaza en sí es un amplio pavimento...

–De 72 000 metros cuadrados, que muestra su virtud durante las concentraciones políticas. A partir de 1961 es el lugar donde nos juntamos en días como el Primero de Mayo o el 26 de Julio. En ella muchas veces Fidel le habló al pueblo durante varias horas; desde ella partieron las cenizas del Comandante, en el 2016, viaje que honró la Caravana de la Libertad en sentido inverso.

En medio de la explanada, tomando su energía, revivimos nuestro encuentro en Caracas. La Habana es colorida, barroca… Lo confirmó el regreso, en coco-taxi, al casco histórico.

–¿Cómo se llama este lugar?

–Cámara de rejas del Muelle de Caballería; las aguas albañales pasan a un sifón invertido por debajo de la bahía en su rumbo hacia la playa del Chivo; la tubería es una de las siete maravillas de la ingeniería civil cubana de todos los tiempos.

En la Plaza de Armas, lejos de hallar libros de uso, en medio del bullicio de La Habana Vieja, nos tomaron por sorpresa, como a decenas de turistas, los acordes de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791).

–¡Ah, claro, es la Ruta Mozart!

–¿En esta calle de madera, en el portal del antiguo Palacio de los Capitanes Generales?

–Sí. Se interpretan por primera vez en Cuba y el mundo, a cargo de músicos cubanos y estadounidenses, en varios espacios, desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche, ¡todos los cuartetos para cuerdas del genio de Salzburgo!

–¿En qué parte caímos?

–(Luego de averiguar). En la del grupo femenino Heilerin; lo integran Erlene Koh, viola; Tyla Axelrod, cello; Juliana Sharp y Caroline Joyner, violines; ejecutan los cuartetos número 17 en si bemol mayor, “de la caza”, y número 19 en do mayor “de las disonancias”. Dedicados a Haydn, compuestos en Viena en 1784 y 1785, cada uno consta de cuatro movimientos. Entre otras personas e instituciones, la ruta es fruto de los arrojos mancomunados del violinista Michael Dabroski, director del Festival Mozart en Vermont, y del pianista y compositor Ulises Hernández, del Lyceum Mozartiano de La Habana.

“Pasé un día bueno”, repetía Oscar Barrientos en la esquina de Obispo y Oficios, tras una mesa del café Al cappuccino. Por sobre las plazas de Armas y de la Revolución, imagen de los tiempos, Martí saludaba a Mozart. Saratoga miraba embelesado.

Sobre el Autor

Hilario Rosete Silva

Hilario Rosete Silva

Periodista y editor habanero.

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