Actualizado 28 / 06 / 2017

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Mi abuelo Perfecto hablaba con el silencio

En escasas palabras, a mi abuelo paterno Perfecto le gustaba conversar con los hechos. Nunca lo escuché decir “te quiero”, pero me montaba en el caballo y nos íbamos juntos hasta la casa de Coteco.

Aunque no supiera expresar sus sentimientos, me dejaba la mejor parte del pollo, mientras se conformaba con las alas y el pescuezo. No le faltaban palabras, es que tenía el silencio como filosofara la escritora cubana Fina García Marruz en su poema Cine mudo.

Sus amigos y vecinos le decían Saborit. Mi papá sí lo saludaba por su nombre. Pensaba que lo hacía así para expresarle que algo estaba correcto. Por más que encendiera mi imaginación, en mi cabeza de niño no cabía aquello de que alguien se llamara Perfecto.

Pero un día, de esos en que todo comienza a tener sentido, descubrí que el segundo nombre de mi abuelo paterno era como para mantenerlo en secreto: ¡Guarino! Fue entonces que me dije: “Perfecto es perfecto”.

Él vio a su madre arar como un hombre. Echarse el surco y el sol a cuestas. Viéndola, aprendió a imitarla para garantizar el bocado durante la ausencia del padre.

Fue de los que se desayunó la infancia y se almorzó la adolescencia. Tanta insolación cogió anegando y a caballo, que su piel parecía tostada. Trabajó hasta poco antes de partir.

A los 11 años enamoró a una vecinita, y no le prometió el cielo ni las estrellas, sino una gallina. Dice que su estrategia dio resultado, aunque lo de la gallina fue una promesa, y nada más. Se reía con picardía cuando recordaba aquel momento.

Aunque no fue un letrado, se alimentaba con libros. Embutía cuartillas hasta quedar satisfecho.

Siempre tenía un cigarro entre manos o en el cenicero. Si alguien le recomendaba ir al médico, refutaba como un resorte. Decía que él estaba claro que le iban a sugerir lo que él negaría una y mil veces: dejar “la fuma”.

Sin embargo, 19 días antes de morir, cuando ya los pulmones no le respondían, sacó fuerzas para decirme que nunca cometiera el error de ponerme un cigarro en la boca.

Así era mi humano abuelo Perfecto. El de la madrugada, el del caballo y el de los coloquiales silencios.

Sobre el Autor

Randy Saborit Mora

Randy Saborit Mora

Periodista, profesor y estudioso de temas martianos, oriundo de Sancti Spíritus y radicado en La Habana.

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  • Invitado - Anabel

    Hermoso relato, me hizo recordar a mis abuelos, lo comparto, gracias

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