Actualizado 23 / 04 / 2017

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¡Abajo las consignas!

Quizás el título de este comentario pueda dar pie a diversas lecturas e interpretaciones, que seguramente irán desde la “Izquierda” de los inconformes hasta la “Derecha” de los reaccionarios, o viceversa si se quiere.

Lo cierto es que cualquiera de las interpretaciones vendría bien si se tiene como objetivo la eliminación de lo que me gusta llamar como el “paradigma de la consigna efímera”, que no es otra cosa que una forma elegante de llamar a la verborrea inútil y descarada de momentos específicos, con el único propósito de salir del paso y “escapar” de un trago amargo.

Si aún no se percata, me refiero a aquellas frases que, de tanto repetirlas, se han convertido en palabras de carácter irrebatible, en promesas irrompibles para tiempos futuros, verdaderos algoritmos lexicales que nadie osaría desmentir o poner en duda por la seriedad disfrazada.

Tal es la magnitud, que hasta nosotros, bajo la mirada aguda del papel en blanco, al hacernos eco de las reuniones de balance de distintos organismos, celebramos la necesidad de “disciplina laboral” el juramento de que “este año si se cumple el plan”, que “para el próximo trimestre se obtendrán mejores resultados”, o sencillamente que “se está trabajando en base a eso” y tantas otras.

Las anteriores, puras justificaciones y mentiras, siempre disfrazadas bajo el manto protector de la consigna.

Arengas que persiguen el único fin de soslayar insuficiencias y dar aliento para un supuesto futuro más próspero, uno que con anterioridad también esbozaron sus interlocutores.

Al analizar este fenómeno las causas son múltiples, entre ellas el exagerado tiempo de duración de las reuniones, la falta de sentido de pertenencia para con la empresa estatal socialista, o la simple apatía de no perder el habla desmintiendo y rectificando lo mismo en todos los escenarios.

La triste realidad reside en que dichos cuentos, más que trillados, ya nos son indiferentes y nunca rebatidos con la fuerza y seriedad que se requieren.

La solución ideal no es desterrarlas de nuestro diarismo, sino alertar ante su sobreexplotación coloquial. Si bien es cierto que una buena consigna moviliza a un pueblo entero, como ha demostrado esta Revolución en diversas ocasiones, también lo es que la no combatividad de las consideradas como “negativas” puede ocasionar daños irreversibles a la vergüenza, el carácter y la credibilidad, aspectos personales que al traste repercuten en productividades necesarias.

Ejercer la autocrítica oportuna, y enfrentar las irresponsabilidades e ineficiencias con valor, siempre suele ser más efectivo que recurrir a palabrerías engañosas.

La crítica constructiva en el momento adecuado y las ideas surgidas del calor de una discusión, tampoco pueden ser desechadas como soluciones viables a determinado tema.

Oponerse a los “consignistas” debe constituir el reto diario para frenar este fenómeno de alcance nacional y así avanzar más en la construcción de este socialismo próspero y sustentable que deseamos.

A fin de cuentas, “Sembrando ideas” esloganizado en el portal de una organización de la ANAP nunca ha dado ni hortalizas ni vegetales, pero ya eso será tema para otro comentario.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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