Actualizado 26 / 05 / 2018

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¿Aumento sin respaldo?

Recientemente, alguien me dio el pie forzado para escribir unas líneas acerca de algunas cosas que a todos los cubanos nos urgen siempre y nos atañen sobre medida: la economía nacional, un plato más a la mesa y el aumento del salario. Durante la conversación, mis interlocutores me retaron a explicar tan complicados temas in situ, pues por la profesión que ejerzo domino y obtengo mayor información que un ciudadano promedio. Quizás sea cierto. Sin embargo, no por ello logro escapar de algunas dudas o especulaciones callejeras que en ocasiones tergiversan la realidad cotidiana. No obstante, no es necesario ser específicamente ni periodista ni economista para poder explicar y entender la multiplicidad de fenómenos por los que transita nuestra sociedad en la actualidad. Entonces, ¿cómo explicar lo anterior cuando existen miles de deseos y aspiraciones sobre obtener mayores beneficios sin reportar nada a cambio? Lo primero a entender es que una cosa lleva irremediablemente a la otra. Imaginemos –por citar un ejemplo negativo– que todos trabajamos en empresas, entidades y organismos, y recibimos un aumento de salario de la noche a la mañana, bajo un mismo ritmo de trabajo y sin exigirnos resultados productivos superiores. Resultaría que, en la conformidad de contar con algo más de dinero en los bolsillos y la satisfacción de acopiar más para el hogar tras el cambio de dinero por especias, olvidaríamos el esfuerzo diario por ser mejores; y así el incremento del volumen de la producción y los servicios quedaría nulo. Es necesario comprender que detrás de cada decisión de que nuestros bolsillos engrosen debido al trabajo diario, se basan los dictámenes estatales para evitar “implosionar” la economía interna, y evitar la inflación de plantillas y sueldos devengados. Como es de suponer, ante tal aumento monetario sin un respaldo laboral fértil, la ley de causa-efecto arreciaría aún más los padecimientos de un círculo vicioso, en el cual la escala de precios en los productos también sería ascendente. Al existir baja productividad en las industrias y carencia en los servicios por parte de entidades y organismos, la vida se nos encarecería debido a dichas privaciones, y la llamada ley de oferta y demanda se haría entonces insoportable. Los precios se dispararían y el mercado colapsaría por el material encapsulado por los altos costos, la moneda se devaluaría a niveles insospechados y una época de crisis financiera no tardaría en llegar. El país implementa nuevos modelos de gestión y llama a elevar todos los renglones productivos de la sociedad, con el único fin de que tanto usted como yo tengamos un futuro mejor. Para ello hay que cambiar las mentalidades cuadradas, las reservas productivas en cada empresa, el individualismo y la dejadez ante las faenas diarias, pues estas conductas son todavía bastante nocivas para lograr el futuro que pretendemos. Deberá imperar también el sentido de pertenencia de todos los trabajadores con sus organismos, tareas y fabricaciones, y el esmero sostenido en satisfacer siempre las demandas más exigentes de los clientes o consumidores. La realización personal junto al aumento en la calidad de los servicios brindados será la clave que persigamos. Uno de los mayores retos a enfrentar en la actualización económica que hoy acometemos y vivimos, es la erradicación de dudas e ignorancias compartidas, y confiar en la seguridad pertinente del camino escogido hacia una patria más próspera y sustentable. La máxima sea que, para obtener mayores beneficios, será necesario e imprescindible la calidad, cantidad, eficiencia y eficacia en todas las producciones, esas que más tarde retornarán nuevamente a nosotros en forma de prebendas personales con un mínimo de gastos.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

Red 2.0

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