Actualizado 18 / 11 / 2017

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Convivencia en la palestra

-Un grupo de adolescente y jóvenes juegan en la calle. Es domingo en la tarde. Los gritos y la algarabía reinan y conspiran en contra de la tranquilidad que algunos prefieren para dormir o ver películas. La pelota se escapa y da contra los cristales de la ventana de una de las casas. La dueña de la vivienda sale molesta y regaña a los involucrados.

-A punto del mediodía Francisca se decide a almorzar; sin embardo el hedor nauseabundo de los corrales de los cerdos y de los pollos de su vecino le han quitado el apetito. Así suceden los días, uno detrás del otro. La suciedad pulula en el patio vecino y tal parece que a nadie, incluidos los inspectores de la campaña y al personal del consultorio, le interesa la situación.

-La música se escucha en el barrio entero. A pesar de que varias veces se le ha llamado la atención, el joven X, sigue con sus excentricismos y no tiene ni la más leve consideración por las personas que viven a su alrededor.

No vivimos solos. Si miramos a nuestro alrededor, a diferentes escalas, estamos rodeados de otros seres humanos, lo mismo desde el punto de vista familiar, que global; por tanto una palabra clave para mantener la paz es respetar leyes que son propias de la convivencia, una palabra bastante relacionada con la coexistencia pacífica.

Al inicio de este trabajo expusimos algunos ejemplos que apreciamos a veces en algunos de los barrios del territorio, aunque estamos seguros que las citadas, no son las únicas manifestaciones de irrespeto a los derechos del prójimo.

Una vuelta a la memoria nos puede traer casos de malos comportamientos en los ómnibus colectivos, manifestaciones groseras en lugares públicos, maltrato a la propiedad colectiva, falta de respeto a los adultos y a mujeres, ingestión de bebidas en las calles u otros lugares inapropiados...

El hombre como ser social necesita relacionarse con otros, incluso los más aislados, pero a veces el coexistir se puede tornar agrio y peliagudo por la sencilla razón de que hay quienes piensan que son únicos e irrepetibles, y les importa “un comino” la consideración para sus semejantes.

Mucho se ha hablado en los medios de prensa, incluso en las escuelas se dan clases y charlas que enseñan a los menores a convivir, pero por gusto, hay personas recalcitrantes que prefieren la ley de la selva.

La convivencia comienza por la familia, en ese pequeño recinto que es la casa y que a veces subestimamos, y no damos la real importancia a respeto a la individualidad, al trabajo de los demás, a sus gustos, pertenencias, en fin al bienestar de cada cual. Cuántas veces no escuchamos a alguien que está limpiando en el hogar decir: ¡Si me vuelves a pasar por el medio de lo mojado...!

También se manifiesta en las escuelas y centros laborales. Lugares donde coexisten durante largas horas grupos de seres humanos, y en los cuales si no se acatan las normas necesarias se rompe el equilibrio.

La raza humana por naturaleza necesita vivir en comunidad, porque de las relaciones sociales depende el desarrollo de la humanidad, sin embargo si no interiorizamos que todos somos diferentes e iguales a la vez- idea aparentemente paradójica- todo está perdido.

Tenemos que aprender a vivir con el que piensa distinto, con los de otros credos, culturas, razas; no obstante interiorizar que todos somos iguales y tenemos los mismos derechos a vivir plenamente y a disfrutar de lo material que nos rodea, a servir y ser servidos, siempre con la máxima de querer para los demás lo que uno desea para sí mismo.

Respetar al vecino, al compañero de trabajo, de escuela, a la persona que está a tu lado en cualquier lugar o momento, es importante; por eso tal vez sea hora de implementar mecanismos que insten y “obliguen” legalmente a los desconsiderados a ser consecuentes con este deber.

Sobre el Autor

Ana María Sabat González

Ana María Sabat González

Licenciada en Español y Literatura, periodista de Guerrillero. Ha sido profesora de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Se dedica al periodismo desde el año 1996 y aborda en sus trabajos diferentes temáticas sociales y políticas.

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  • Invitado - Toni121164

    desgraciadamente las leyes de la convivencia y respeto ai los demás las pisamos a diario y no pasa nada, por personas jurídicas y naturales y cada día que pasa se agrava el irrespeto social ,desde tirar un papelito hasta armar un jolgorio a las 2.00 am en medio de la calle Martí y de quien es la responsabilidad,de nadie,lo sufren los vecinos y los alborotadores impunes,así sucede con todo en nuestra vida diaria ,de los de a pie.Para resolver este problema ,las autoridades son las que tienen que poner la disciplina a "los terroristas" del buen vivir

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