Actualizado 21 / 08 / 2017

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Cupido a la fuga

Siempre he pensado en Cupido como una criatura desajustada en el plano emocional. Muchas veces impuntual; excesivamente impulsivo y con una autocomplaciente irresponsabilidad no compatible con la delicada labor que realiza. A veces me pregunto por qué se empeña en ir flechando a los humanos de manera independiente, dejando locamente enamorada a una persona y en absoluto desinterés a la otra. Y la gente sufre; se revuelve en el dolor más retorcido y oscuro, mientras Cupido sonríe divertido, pernicioso.

Por eso no me asombró que aquella mañana del 23 de junio de 2017 no se presentara a la boda a la hora acordada. Yo estaba nerviosa, ¿cómo lograrían los novios disfrutar de ese amor verdadero e idílico si él no llegaba a tiempo a la ceremonia? ¡Catástrofe total! Dos de mis mejores amigos iban a casarse y Cupido, aparentemente no había puesto la alarma a su despertador. Tampoco la había puesto la notaria, que amenazaba a los presentes con su tardanza casual y excesiva.

Para colmo de males, no tenía cómo localizar al inocente muchachito alado. Ni un mensaje podía enviarle para recordarle la cita y suplicarle que al menos esta vez, trajera las flechas por pareja. Trataba en vano de conseguir su número telefónico cuando escuché la marcha nupcial; y entonces, todo dejó de tener importancia.

Ella venía de blanco, eclipsando todo auguro impreciso con la simple luz de su mirada. A él le temblaba la voz contenida; le brotaban mariposas del fondo del alma. Los dos danzando a un mismo ritmo, acompasados a una melodía que solo el amor podía emitir. Lo último que presencié, antes de perder la conciencia en un llanto feliz, fue el instante inolvidable en el que el novio, en su traje delgado y exquisito, le cantara a su amada una ranchera al oído. Y aquella música sublime, aquel momento sensible que envolvió a los presentes, convirtió La venia bendita en un himno a lo genuino, aspirando a lo imperecedero.

Y ya terminando la ceremonia, cuando el abrazo tierno de los novios estrujó los trajes perfectos; el carmín contagioso de Mimi dibujó besos en los labios de Jairo; los globos explotaron lanzando “te quieros” en un idioma cándido y reinventado; cuando ya el amor delineó con mayúscula su nombre por todos los rincones, recordé que Cupido nunca había llegado a la boda.

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  • Invitado - RAUDEL

    Bellicimo y poetico comentario felicidades coterranea

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  • Invitado - DVA

    Otra vez se hacen presentes la admiración, el asombro y el amor al leerte, felicidades por este comentario, hermoso como tú

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