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La necesidad de creer

Es lo mismo que nos ocurre a nosotros con los altos precios y los bajos salarios, que no encontramos las respuestas y empezamos a creer... sí, a creer en todo lo que nos dice el vecino.

Regularmente el verbo creer está relacionado con las religiones, hay quienes dicen ser ateos, tan puros como los tabacos pinareños, pero en cuanto les pisan un dedo suplican a cuanto dios o deidad existe.

Otros ocultan sus collares y pulseras, que los delatan por sus colores y la forma, aunque hasta la moda se ha colado en este asunto y los observas repletos de collares, pero ni idea tienen qué significan.

Y cuando digo moda es con toda justeza, porque personas ajenas a toda creencia ahora acuden a los templos de las denominaciones protestantes, solo porque algunos cultos se hacen con música, van muchachas bonitas o viceversa, porque también hay mozos que asisten a esos lugares, y cuando usted conversa cinco minutos con alguno piensa ¿Y este creerá en algo?

Del otro lado están los que ponen sus santos lo más alejado posible de la vista de los amigos y visitantes, tienen cierta confusión con las religiones y no saben a ciencia cierta cómo funciona cada rito.

Ah, y porque los fumigadores y la gente de la campaña anti aegypti le llaman a los vasos de agua en ofrenda "vasos espirituales"... No señor, eso es un rito y por lo tanto el vaso es un ritual, por lo que estamos hablando de vasos rituales.

¿Se acuerdan de Clavelitos? Digo los más viejos, Clavelitos tenía muchos adeptos en Cuba en la década del 40, más allá más acá, y como parte del ritual las personas cuando oían su programa ponían un vaso de agua sobre la radio para hacer sus peticiones.

Los jodedores cubanos, como siempre los hay, sacaron una rima que parafraseaba a Clavelitos de la forma siguiente: "Pon tu pensamiento en mí y arriba del radio un serrucho y si los tarros son muchos, repártelos por ahí".

Realmente todo el mundo tiene necesidad de creer, como también de dudar, pero lo más importante es el respeto que debemos observar a los dos bandos, a los que creen y a los que no. Eso significa paz.

Otros se burlan, pero llegado el momento, en actos de desesperación son los primeros en hacer ofrendas, promesas, aportes y aunque lo niegan de día, acuden a las consultas amparados en la noche.

La creencia también puede ser utilizada con fines comerciales, muestra de ello las tenemos en las lecturas de la mano, las cartas, los caracoles, las bolas de cristal y un sinfín de cosas que se hacen para adivinarte tu futuro.

Las mujeres solteras siempre esperan un príncipe azul, pero la barajera (en cubano tiradora de cartas) nunca las alerta de que puede aparecerles un viejo verde; siempre que hay viajes, todos esperan que sea extrafrontera, y luego viene el desengaño porque al marido le dieron una reservación para el campismo en Guane.

Y los necesitados a veces reclaman más de lo posible y le pide a los adivinadores que les digan de su salud, de su futuro económico, de la llegada de dinero, de si se sacarán el número, si van a viajar y olvidan que esa persona que les hace el favor de alegrarles algo la vida con hipotéticas promesas no es médico, ni economista, ni banquero y menos turoperador.

Por eso creo que todos necesitamos creer, imaginar, soñar, y si le gusta soñar, pues deje de leer, de la única forma que se sueña es durmiendo... y el verano, aunque incómodo si no tiene aire acondicionado, también es para dormir.

Sobre el Autor

Ramón Brizuela Roque

Ramón Brizuela Roque

Licenciado en Periodismo Universidad de La Habana 1977. Premio Provincial por la Obra de la vida, 2013.Fue redactor reportero en Juventud Rebelde y Trabajadores; colaborador asiduo en Radio Guamá y TelePinar.

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