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Las cosas de Macho Tomás

Urbicio Martínez Otaño se jubiló con grados de coronel. Había que verlo como a Chaflán, con sombrero y sin sombrero. Cuando la cosa era seria, nadie más serio que él; pero también con un sentido del humor insuperable, capaz de bromear hasta en el dolor. Para nosotros fue y será Macho Tomás, uno de los hombres más simpáticos, con personalidad bien definida. El mayor de los varones en una prole de 12.

En tertulias inagotables, dedicamos horas a sus ocurrencias, como aquella cuando fue por primera vez al recién estrenado cabaré de Santa Lucía: amplio, bello, con reservados para el romance; exótico en un pueblo tan pequeño.

Macho quiso pasar a tomarse unos tragos y el portero le dijo que la entrada era por parejas. Con la calma que heredó del viejo Tomás, buscó la suya en el pueblo y encontró, nada más y nada menos que a Chencho, un negrón de amplios bigotes y cabeza desierta, con algunos tragos encima.

–Le dije que esto era por parejas.

Macho ripostó:

–¿Y acaso una pareja no es de dos? Chencho y yo hacemos una pareja.

–Pero es pareja de hombre y mujer.

–Eso no lo aclaraste, dijiste solo que era por parejas.

La intervención del administrador resolvió la situación:

–Pero muchacho, tú no conoces a Macho, déjalos pasar.

El dictadorcito –como llamó Núñez Rodríguez a quienes deciden quién tiene acceso o no a los lugares–, después del mal momento, esbozó una sonrisa.

Sus diabluras de todo tipo no deben perderse. Gente con ese sentido del humor son necesarios para alimentar el alma, porque no solo de pan vive el hombre. Si no es así, que haga el cuento aquel policía de tránsito que lo paró en la época de Batista, en la esquina de las calles Sol y San Juan. Le pidió los documentos del carro y la cartera.

–Te jodiste, yo no tengo cartera, le espetó al asombrado vigilante, en tiempos en los que un chiste podía costar la vida.

–En todo caso será usted el jodido, respondió con cara de pocos amigos.

–Mira –dijo Macho–, lo mejor es resolver esto ahí en el “Maseda”, con unos tragos y algo de comer, yo te invito.

El policía le dijo que siguiera, no hizo caso. Ante la insistencia, se tomaron algunas cervezas con chuletas de cerdo. El hombre jamás pudo imaginar que Macho andaba en problemas de Revolución, con el maletero lleno de dinamita.

Sobre el Autor

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Escritor, promotor cultural, crítico, ensayista. Profesor Titular y Consultante Universitario de la Facultad de Cultura Física y Deportes Nancy Uranga Romagoza de Pinar del Río y una experiencia de 35 años en labores investigativas y pedagógicas en la Universidad del Deporte Cubano.

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  • Invitado - Giselle Acosta Martínez

    A esto faltaria agregar que fue el mejor de los abuelos, aquel que exigía como nadie pero tambien daba las mejores recompensas, yo llegaba de la escuela contentísima para decirle papi saqué 100 en Historia y solo me respondía, "no has hecho más que cumplir con tu deber", en aquel momento me caía super mal, pues sentía que no reconocía mi esfuerzo, hoy entiendo que tenía razón y que en lo mas profundo de su ser estaba muy orgulloso de mi, ademas fui la nieta que le hizo vivir sus momentos de orgullo mas grande, (eso me lo creo yo) pues siendo oradora de las tribunas por el regreso de Elian González, estuve cerca de Fidel, lo toque, le hable y yo se que el estuvo conmigo en todo momento y cuando yo levantaba mi dedito con solo 12 años el lo levantaba conmigo, nada que me enorgullece leer este artículo y saber que yo tengo un pedazo de el conmigo para siempre.

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