Actualizado 24 / 11 / 2017

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¡Sufre y goza perra!

De este tema se ha hablado mucho, muchísimo diría yo, al punto de crear una sobresaturación de ideas encontradas para caer más tarde en un vacío opinativo. Y digo esto porque la multiplicidad de criterios existentes sobre letras y músicas se ha esfumado, pasado de moda. En fin, caducado.

Lo cierto es que el reguetón sigue haciendo de las suyas en cualquier esquina y ya a nadie parece importarle. Hay algo cierto, somos cubanos y a todo nos acostumbramos y aclimatamos. Pero no por eso podemos perder la batalla y dar paso a permisividades extremas.

Y ojo con esto, advierto que el género no me desagrada del todo pues existen exponentes del mismo de los que se pueden escuchar buenas letras. Es solo que de la mano de algunos de los nuestros, de los del patio –muchas veces autodenominados como los mejores exponentes del género– esta música ha mutado para convertirse en algo que lo antisocial y antipersonal.

Pensemos ¿Cuál es la característica común del ritmo que más se escucha hoy en Cuba? La pregunta es retórica, todos sabemos las respuestas. Al parecer los “exponentes” nacionales crearon una carta de estilo o un manual de pautas de aprendizaje y puesta en práctica, donde el clímax del éxito reside en cuán original seas utilizando siempre vulgaridades, falsos erotismos y deconstrucciones sociales.

En fin, odas a tragedias, guaperías, letanías de vulgaridades y declaraciones bastante vivas y subidas de tono sobre la sexualidad. “Letras” que se acompañan siempre por similares backgrounds musicales.

Soy joven y me gusta disfrutar y divertirme, pero aun así me escandaliza caminar, trasladarme o llegar a una fiesta y encontrar a adolescentes repitiendo tan sórdidos estribillos sobre cuestiones sexuales.

Aclaro además para sus defensores, que no se trata de nuestro típico doble sentido a modo del estelar Faustino Oramas, que con la canción picaresca o las metáforas más ocurrentes describía situaciones cotidianas. No.

Y saliendo un poco de las críticas acérrimas, pudiera incluso tolerarse las letras subidas de tono y los videos clips de igual factura. ¡Ah!, pero ya ahí nos adentraríamos en otro escenario más complejo aún. Lo más nocivo de esto último es que al parecer es pegajoso y gusta.

Y me refiero a que, por ejemplo: ya el término de mujer en dicho género desapareció por completo, ahora las féminas son “locas”, “perras”, “satas”, “bandoleras”, “sofocadoras” y has “putas”, todas sin discusión.

Las niñas y adolescentes dejaron de serlo para convertirse entonces en “menores”, “cositas” y cuantas cosas más se les ocurra a los cantantes.

Y me asusta, pues al entrar a cualquier discoteca, fiesta o lugar donde haya música grabada de este tipo, al sonar el más grotesco tema con el mencionado contenido, hombres y mujeres parecen caer en una especie de éxtasis donde movimientos acelerados y convulsos simulan la más placentera de las intimidades. No imaginaría a mi hija disfrutando que la llamaran “loca” o “perra” mientras le “estregara” su cuerpo a algún extraño. ¿Lo imaginaría usted? No creo.

¿Y me pregunto entonces, “dónde ha quedado el respeto por la otra parte?, por la pareja por la mujer, y más importante, “¿adónde se fue el amor propio y la autoestima de quienes disfrutan que les llamen con tales calificativos?

Tras estas líneas para algunos seré un cheo, pero hay millones de melodías y ritmos con los que puede pasarse un rato agradable y divertido sin llegar a vejaciones disfrazadas.

Valdría la pena conocer a fondo este género que muchos han pronosticado como el futuro de la música latina. Conocerlo y estudiarlo, pues la cultura es lo que nos construyamos para enajenarnos y alimentarnos el alma, pero siempre bajo la máxima de que coexistamos sin que exista el peligro del flagelo.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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