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Añoranza

Una fotografia recorre varias páginas de facebook, me da gusto que esté “el “like” repetido y con él tantas añoranzas, la sonrisa y el hacer memoria. Me pregunto qué habrá sido de fulanito o de aquellos novios, me río al ver nuestros peinados. Es la foto del último año, de ese 12 grado, la foto constante en el monumento a Federico Engels y apretados para salir todos, riéndonos, despreocupados, felices. Al principio no entendía los horarios estrictos y los amaneceres tempranos con esa diana mezclada en el último sueño, las colas para el baño y para el comedor en busca del cerelac. Muchos se enfrentaban por primera vez a las sobredosis de limpieza a los pasillos y a disgustos con un personaje famoso y temido, el vida interna. Esos vida internas que han tenido muchos rostros a lo largo de los años y que hoy saludamos con emoción en la calle y en el pecho. Éramos felices aunque fuese difícil la Física de décimo grado, sí, esa que llevó a suspender el primer examen y a tomar en serio la regla de la mano derecha. Fue difícil también los ejercicios del 101, del asterisco en las pruebas de matemática que hizo que admiráramos por su sapiencia a los compañeros que los resolvían y a la profesora que los ponía. También recuerdo que nos carcajeamos de aquel que no tenía ni idea de qué era un recurso literario porque en su vida lo había oído y espetó en plena clase de Español lo primero que escuchó de su compañero: “es una metirijilla profe” y toda el aula se vino abajo. Y es que vivencias tuvimos en cada lugar no solo en las aulas: en los recesos en las escaleras, en la recreación los jueves de pase, en los TSU o la larga caminata al huerto de la autopista, en los banquetes de comida de casa que degustábamos cuando apagaban las luces a las diez y media. Los profes de la vocacional hoy siempre nos reconocen, no sé si porque nos regañaron por alguna travesura o porque se enorgullecían con la mejor puntuación; de seguro nos reconocen porque siempre confiaron en nosotros. Cuando se regresa a la vocacional aún se puede, aguzando los oídos, escuchar los ruidos de cada momento y, si a veces coincidimos los compañeros de antaño, la conversación más que del presente está en recordar el pasado, la emoción en la gala de 12 grado cuando el que iba a cantar se le olvidó la letra e improvisó a capella, la emoción cuando nos abrazamos jurándonos amistad eterna y el volver a encontrarnos en la misma escuela. Actualmente muchos de mis compañeros no viven en Cuba y junto a esta foto que veo, en sus muros están las de sus hijos, sus cumpleaños, parejas o viajes. Qué gracioso los novios de aquel momento se han casado y han hecho familia. Una fotografía recorre varias páginas de facebook, me da gusto que esté “el “like” repetido.

Sobre el Autor

Zenia Díaz Hernández

Zenia Díaz Hernández

Profesora Universidad de Pinar del Río Hermanos Saiz Montes de Oca

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