Actualizado 21 / 01 / 2017

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Del maltrato animal en Cuba y su silencio

“¿Quién es el animal, tú o el caballo?” Gritó una señora ante la escena. Cerca de ella, un joven desde su coche golpeaba con un pedazo de tubo metálico a un potro mientras repetía: “Tienes que caminar porque me da la gana”. A pesar del polvo que levantaban los cascos era fácil de percibir el cansancio en los ojos de la bestia, la de abajo, la otra estaba fresca como lechuga.

Imaginé sus pensamientos así: “La lluvia me castigó anoche porque duermo al aire libre. Cuando amaneció ya había dado dos viajes. Salí sin comer por un camino mojado, lleno de huecos. Entre los sacos de arroz que cargué y aquellos que venían riéndose de mis huesos expuestos, dejé todo lo que tenía en la carretera”.

Una vida de horror llevan algunos animales de trabajo. Además de la sobrecarga, son víctimas de comportamientos violentos. Algunos no son alimentados adecuadamente o los mantienen en lugares a expensas del clima, en precarias condiciones higiénicas y, en el peor de lo casos, el maltrato físico.

Asimismo sucede con las mascotas: perros, gatos, conejos y otros. Es más evidente en los canes por su superioridad de población. Si se acerca a uno callejero notará que se asusta, están adaptados a los golpes y desprecios. Muchos de ellos salieron de hogares donde fueron descuidados o botados.

Escuché la historia de un vecino de alguien que conozco. Tiene una yegua a la que obliga a trabajar todo el día bajo la presión de su cuero, cría gallos de pelea, enfrenta a perros en su propio patio y de vez en cuando golpea a su esposa, aunque este último no es el tema de reflexión ahora, ese hombre es un maltratador por excelencia. La persona que relataba los hechos preguntaba cómo podía él parar la situación, adónde recurrir.

¿Qué ley respalda a los animales en Cuba? La respuesta es simple: ninguna. Desde hace años escucho hablar sobre un proyecto para regular el tema, pero hasta hoy nadie lo ha oficializado. Una iniciativa del grupo de trabajo Protección de Animales de la Ciudad, califica este tipo de crueldad como “antesala de la contracultura del crimen y la violencia”. Se entiende que la ausencia de normas en ese sentido, contribuye al atraso de la civilización.

El artículo 27 de la Constitución de la República de Cuba, habla del deber ciudadano de la protección del agua, la atmósfera, la conservación del suelo, la flora, la fauna y todo el potencial de la naturaleza. Solo falta que actúen los organismos que les corresponde legislar.

No obstante, en suelo nacional prescindimos de formas de brutalidad típicas en otras partes del mundo como la corrida de toros, los experimentos científicos, la vivisección o su uso militar.

Por otra parte, la vida en cautiverio de animales, sin las condiciones óptimas -sean o no parte de la fauna cubana- afecta su desarrollo. Ejemplo de ello, los de origen salvaje que se exhiben en zoológicos y circos. Causan más lástima que miedo. Entre el mal olor y las voces de mando del domador para que el león abra la boca, el espectáculo se convierte en un escenario deprimente.

El tema del derecho de los animales es transversal a una multiplicidad de disciplinas. Desde hace siglos, la humanidad se debate acerca de si tienen o no conciencia. Algunas religiones argumentan que Dios le dio el dominio al hombre sobre esas otras formas de existencia y en determinados casos las sacrifican en nombre de una deidad.

Más allá de razones históricas y cuestiones jurídicas, el mundo y en especial, las personas de este pedazo de mundo, requieren una ecología responsable. A la espera de una ley, se debe actuar por el orden de la conciencia y apelar a la cultura cívica, individual y social.

Para arar la tierra, para cargar y trasladar personas, el ganado mayor en Cuba es imprescindible. Esas prácticas no cambiarán por ahora, pero su cuidado sí requiere reformas. Todo ello con el fin de que sus ojos no luzcan tan apagados.

Sobre el Autor

Anelys Alberto Peña

Anelys Alberto Peña

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca

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  • Invitado - Gloria Martínez

    Ojala de verdad se aplique una ley contra el maltrato animal que se incrementa de forma acelerada sin tener un tope por las autoridades competentes. Aunque es verdad que no esta tratando de la violencia familiar, concidero que no esta desvinculado del hecho pues el que es capaz de maltratar y torturar cualquier ser vivo,lo hace con mas facilidad con los que lo rodean.
    Sería excelente que proximas ocasiones pudiesemso comentar sobre multados y sancionados por el tema , porque sería formidable para rescatar algunos valores en pesonas que concideran además que pueden vivir sin un freno ante lo mal hecho en la sociedad.

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