Actualizado 20 / 10 / 2018

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Si de imágenes morbosas se trata…

Tengo la última”. Dijo el adolescente cuando llegó al grupo de amigos, y sin más miramientos mostró a todos las imágenes brutales de las víctimas de un accidente de tránsito. Cuerpos maltrechos, mutilados, contrahechos, desmembrados, aplastados… ¡Daba horror mirar aquello!

Los muchachos vieron las instantáneas, unos sintieron repulsión, algunos se taparon el rostro, otros no tanto, tal vez por la costumbre,  porque se ha hecho cotidiano, –en esta era de la informatización y de la internet–, que cualquiera tome fotos y vídeos, y después las suba a las redes sociales o las comparta con los demás a través de aplicaciones como zapya o bluetooth.

En este sentido podemos hablar de morbo. En realidad quienes se satisfacen con hacer estas instantáneas y vídeos, –y sin ningún tipo de piedad, de sentimientos o  de respeto por los dolidos, las reparten cual caramelos– al parecer son personas que deben padecer algún tipo de enfermedad  o al menos un trastorno, porque es innegable que sienten atractivo por cosas desagradables.
 
Hay una línea infranqueable a la hora de hacer una foto o grabación,  y si se traspasa, lejos de ser realistas pueden llegar a ser groseras e inhumanas. Existe una gran distancia, que no se debe menguar, entre informar e incitar  a lo morboso.

A un periodista lo caracteriza la ética, ya sea de la prensa plana, digital, televisiva, radial o gráfica. Por eso es incompatible que alguien con un celular o cámara –y en el lugar correcto o incorrecto, según se mire– piense más en un minuto de diversión  que en las consecuencias de su obra. ¡Eh ahí la diferencia entre un profesional de la prensa y alguien que no lo es!
Resulta inadmisible la deslealtad con el ser humano, el irrespeto por los fallecidos o heridos en un accidente y la violación del derecho a la privacidad. Pensemos sobre todo en las familias de las víctimas.

Muchos son los ejemplos de las imágenes que en estos tiempos han ido de aquí para allá por todo el país y que han sido consumidas por personas de todas las edades, incluso por niños, ya sean de crímenes pasionales, accidentes de cualquier tipo o de riñas,  y esto es preocupante, porque con ese tipo de información visual se digieren dosis de inhumanidad. ¿Qué podemos esperar, entonces, de las actuales y futuras generaciones?

Cuando hablamos del tema entre profesionales de la prensa, nos vino a la mente la sangrienta matanza de gladiadores, la lucha entre hombres y bestias en el circo romano ante un público eufórico, que pedía de forma insaciable cada vez más, mientras festejaba y se deleitaba.

El ser humano es curioso de por sí, esto no es un secreto para nadie, por tanto resulta lógico que muchas personas vayan descontroladamente detrás de lo prohibido, y es casi imposible adivinar qué pasará en el futuro con el auge de este fenómeno, por eso pensamos que más que un llamado a la responsabilidad individual de cada cual, habrá que buscarle solución de  forma legal.
 
Las nuevas tecnologías no pueden ir en contra del género humano, de las relaciones sociales y de los sentimientos que enaltecen la especie, y de eso se trata: de saber cuándo y cómo poner pare, y de que cada cual tenga que responder por sus actos, o lo que es lo mismo, por las imágenes que haga públicas.

Sobre el Autor

Ana María Sabat González

Ana María Sabat González

Licenciada en Español y Literatura, periodista de Guerrillero. Ha sido profesora de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Se dedica al periodismo desde el año 1996 y aborda en sus trabajos diferentes temáticas sociales y políticas.

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