Actualizado 20 / 10 / 2018

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Somos del pueblo

Cuenta uno de los lectores de Guerrillero, quien además aportó el pie forzado para el desarrollo de estas líneas, que tras una larga cola y horas de espera, alguien salió y explicó que no se iba a vender nada más, que la decisión no estaba en sus manos y que la respuesta la tenían el administrador y el director.

Por supuesto, cuenta el lector, ninguno de estos dos administrativos se encontraba en la unidad, por lo que la solución y la mencionada “respuesta” fueron regresar al hogar y esperar a que algún vecino le avisara que autorizaron la venta nuevamente.

Esto me puso a pensar, pues junto a estas columnas coexiste la de opinión de los pinareños y sus contestaciones respectivas, una sección de alto compromiso y complejidad.

En la atención a las quejas, peticiones, planteamientos y denuncias de la ciudadanía radica uno de los derechos constitucionales.

Sin embargo, un gran porciento de las cartas que llegan a esta sección, señalan diferencias en la atención a la población.

De forma mensual, decenas de cartas llegan de manos de ciudadanos pinareños, quienes ven en el rotativo la obtención justa de respuestas a sus problemas dilatados en el tiempo por disímiles causas. Acuden a nosotros, pues dicho alto y claro, obtienen esas respuestas que ciertos directivos no supieron ofrecerles.

Si bien es cierto que las máximas direcciones del territorio trabajan en inclinar la balanza hacia el lado positivo, también lo es que aún el esfuerzo no es suficiente y dista de lo que se quiere y se puede hacer.

El incumplimiento del lapso de tiempo establecido para las respuestas y poca exigencia en la calidad de estas, falta de rigor en las investigaciones y de profundización en las verificaciones, así como otras limitaciones en la comunicación que debe establecerse entre el funcionario y el reclamante, son solo algunas de las problemáticas a solucionar.

Para nadie es un secreto que toda entidad que brinde servicios puede presentar inconvenientes impredecibles; pero lo que sí resulta inconcebible es que en una institución en la que se perjudique al pueblo, no exista nadie capaz de dar la cara y responder con inmediatez las preocupaciones que puedan generarse.

Y sí, usted y yo lo sabemos, eventualmente las respuestas llegan a esta redacción, pero ¿qué se resuelve con que administrativamente se valoren esos problemas, e incluso, se tomen medidas con los responsables, si los verdaderos afectados se fueron insatisfechos ese día?

Podríamos preguntarnos además el porqué de si están creados los mecanismos pertinentes para el intercambio con el pueblo, entonces la información no fluye con celeridad y las personas se ven obligadas a volver a sus hogares con la cabeza llena de dudas y desconocimiento.

Cuando permitimos que las causas de un fenómeno que perjudica a un determinado número de personas se oculten bajo el manto de la incomunicación o desidia y respuestas a medias, se genera desconfianza y descontento a todos los niveles.

Cuando ese “pueblo” afectado marcha de regreso con la duda, por falta de explicaciones oportunas, de nada sirve reparar la falta, pues una buena parte del mal ya está hecha.

Ofrecer esa contestación como se merece el pueblo, a partir de la atención y seguimiento a lo planteado es voluntad política que debemos perfeccionar. La labor en ese frente es de extrema necesidad para llevar por el buen camino el socialismo que queremos y necesitamos. A fin de cuentas, somos del pueblo y a él nos debemos.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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