Actualizado 22 / 09 / 2018

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Tres muñones de árboles en el camino de Rosy

Rosy se llama la señora que hace la limpieza en Guerrillero. Hace poco coincidimos en la misma mesa durante el almuerzo y me contó, consternada, que habían cortado unos árboles lindantes con la calle Alameda.

“No reconozco de qué tipo eran aquellos, solo sé que se veían preciosos y ya no están”, dijo. “Los muchachos de las escuelas cercanas y hasta la gente adulta acostumbraba a sentarse bajo su sombra a descansar. Yo los veía de camino a casa. Ahora trato de no mirar para esa senda”.

Rosy describió la resina blancuzca que se aferró un tiempo sobre los troncos mutilados. Puede que, como dicen los ecologistas y explica mi colega con su lógica sencilla, sustraer especies forestales de un sitio tenga un efecto similar a quemar la piel de un humano.

La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte que los árboles son filtros ideales para los contaminantes y las pequeñas partículas, purificando de esta forma el aire que usamos para vivir. “Uno solo de ellos puede absorber hasta 150 kilogramos de dióxido de carbono al año, secuestrar carbono y en consecuencia mitigar el cambio climático... Proveen hábitat, alimentos y refugio a especies de plantas y animales, aumentando la biodiversidad urbana. También mejoran la calidad del suelo y disminuyen la erosión”.

Pueden tributar incluso a nuestra calidad de vida y salud física y mental, pero, paradójicamente, los hombres hemos priorizado el desarrollo ilimitado de las urbes sin tomar en cuenta la sostenibilidad.

Fuimos nosotros los invasores del espacio natural, no ocurrió al revés. Ahora condenamos a los árboles porque sus raíces resienten los cimentos de las casas o simplemente porque nos molesta la hojarasca que desprenden en patios o sitios públicos.

A decir de Nelson Alonso Luaces, subdirector técnico de desarrollo de la dirección provincial de Servicios Comunales, en nuestra ciudad se ejecutan podas de conformación para dar “cultura” al arbolado y que este sea agradable a la vista; así mismo se acometen podas agresivas o talas de ejemplares de elevado porte, cuando estos amenazan al tendido eléctrico, al cableado telefónico y a las viviendas y aceras.

También se eliminan troncos secos que pudieran venirse abajo de un momento a otro y poner en riesgo la vida de las personas. Luaces asegura que estas decisiones se consultan previamente con el Servicio Estatal Forestal y dicha entidad determina.

La Empresa de Servicios Comunales no es la única responsable de tales acciones. En este sentido trabajan además las empresas Eléctrica y de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa).

Los métodos radicales que adoptan unas y otras son el resultado, la mar de las veces, de un mal trabajo de años y una despreocupación por las áreas verdes.

Una poda intensiva es comparable a la mutilación de un miembro humano. Los estudiosos del tema proponen un ejercicio simple. Imagine que a usted le cortan un pie o un brazo y su carne queda expuesta muchos días, inofensiva ante virus, bacterias y hongos. Entonces usted se desmorona.

Los jardines y parques pinareños precisan de la atención de grupos multidisciplinarios conformados por directivos, investigadores, expertos y técnicos capacitados en el manejo forestal.

No es palpable todavía la sustitución total de las plantas segadas por otras nuevas, preferentemente autóctonas y con características que se adecuen a espacios limitados.

En la “Alameda”, por el camino que toma Rosy cada día, aferrados a la tierra, persisten tres muñones de árbol, que un día cobijaron vida.

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

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