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Las buenas y las malas compañías de hoy

Antiguamente, cuando en el barrio había algún joven de mala reputación, los padres desaconsejaban a sus hijos esa mala compañía; el tiempo ha pasado, la tradición se ha perdido, pero los adolescentes tienen peores amigos y nadie sospecha; los ignoran o se hacen los desentendidos para estar a tono con los nuevos tiempos.

Hoy una amistad peligrosa para un niño o un adolescente puede viajar en la mochila o en el bolsillo, llámese teléfono o Tablet; quizás una laptop o las consolas de videos juegos, cada cual tiene sus riesgos y sé que críticos no me faltarán, estoy metiéndome con el boom de última generación, pero sinceramente los peligros llaman a la reflexión.

Las nuevas tecnologías tienen muchos beneficios, negarlo sería insensato, pero acertarlas ciegamente a pie juntillas tiene más. Como todo lo que ofrece un lado positivo, también da uno negativo, les propongo empezar por lo primero.

Los beneficios suman muchos, los gobiernos que participaron en el Foro Mundial de la Educación, en Dakar, Senegal, en abril 2000, acordaron trabajar por objetivos esenciales, con la meta final alcanzar la tan deseada de educación para todos, algo que en Cuba les adelanta un gran trecho y precisamente como herramienta principal apuestan por la utilización de las tecnologías de la información.

Pero esas tecnologías hay que utilizarlas con responsabilidad y ya los países del primer mundo, más algunos en desarrollo que no tuvieron cuidado, están pagando las transformaciones que se han operado desde lo individual hasta lo familiar.

En muchas partes se vive en un mundo individualista, donde cada uno se preocupa de su propio “yo” dejando de lado a los demás y eso se da al igualmente al interior de las familias, con los riesgos acrecentados del embarazo en las adolescentes, el alcoholismo, las drogas y la violencia como consecuencias de la “incomunicación” que existe en los núcleos humanos.

Los más cautos dirán y ¿qué peligro tiene un celular?, bueno son muchos si estás conectado a Internet, una meta hacia la que avanzamos a pasos agigantados, pero aún su uso local los tiene igual, permite a adolescentes y jóvenes intercambios (y no culpen solo a Zapya) que van desde la última foto porno, hasta selfies (auto fotos) de desnudos, más los favoritos videos que empiezan por la música e imagínense donde acaban.

Esto sucede porque es muy común ver a los padres que llegan del trabajo a su casa y directo acostarse, sin tener idea como funciona ese aparatico inteligente que le regaló a su hija o hijo.

Los intercambios de archivos es una de las cosas más atractivas que tiene los terminales digitales, muchos adultos ignoran el funcionamiento, pero cualquier muchacho de secundaria es una avezado hacker, y más aún en la computadora -tan común como una batidora en un hogar cubano- donde se pueden “esconder” archivos con esos contenidos que no pueden estar a la vista de todos.

La gran familia de las nuevas tecnologías suman los dispositivos útiles y necesarios, como teléfonos y medios digitales valiosos para trabajar y estudiar, hasta los más sofisticados para jugar, y aunque costosos, son bastantes comunes en las casas de hoy.

Si la televisión la bautizaron los europeos como la caja tonta, por el daño que causa su adicción, qué pensar de los medios interactivos, que además de hacerte daño te muestran cómo hacerlo.

La comunicación entre padres e hijos se torna cada vez más escasa o simplemente nula, debido a la evolución de los diversos ámbitos tecnológicos y el conocimiento apresurado de las nuevas generaciones sobre ellos.

Ya a las personas en una casa les es más fácil comunicarse con alguien a miles de kilómetros, que conversar con la familia que está a unos metros. Existen chistes que revelan esa realidad, cuando dicen... ¿a la hora de comer el celular se sitúa a la derecha o a la izquierda del plato?

Alguna literatura explica que esos medios son un poderoso instrumento de socialización, tanto más vigorosos que la familia, la escuela o el trabajo porque forman los sentimientos y las creencias, entrenan los sentidos y ayudan a formar la imaginación social.

En la actualidad estamos inmersos en la tecnología desde los niños hasta los adultos, y lamentablemente no siempre es un hábito bueno, ya que muchos se ven influidos de manera negativa por ellos.

Una paradoja, ya los escolares no leen libros, todos es digital, se perdió ese hábito de ir razonando mientras lees, ahora todo es automático. La gramática está sufriendo lo indecible, los fabricantes de software se desviven poniendo en sus máquinas sistemas de corrección ortográficos, pero cada vez que un menos ducho mete el dedito en el “diccionario”, lo que le añade es una monstruosidad.

Los medios visuales como las revistas, los periódicos, los folletos y los libros en general, difícilmente son apetecidos por la juventud de Cuba hoy, y aunque creemos lejana la Internet, ya casi se oyen sus pasos y con la celeridad que se hacen las cosas aquí, vamos a ver qué sucederá, porque indudablemente navegar es el acontecimiento más extraordinario de los últimos tiempos, porque además recibir los más actualizados conocimientos, también te enterarás de en qué parte “hay una población alienígena” o de que “Jesús visitará la tierra la semana próxima”, así de disparatadas son las cosas.

A nivel de producción estos medios no requieren ni de mucho dinero ni de muchas personas para hacerlo, basta tan sólo uno con los suficientes conocimientos acerca de cómo aprovechar los recursos que dispone la red para que pueda ponerse en marcha. Su variedad es infinita e ilimitada, lo que hace que, día a día, un gran número de individuos se inclinen por ellos para crear, expresar, diseñar, informar y comunicar.

Pero ese el mundo grande, los llamo a la reflexión del pequeño mundillo, de ese en que una parejita o un elemento solitario dispone de una cámara de video o fotográfica para grabar “maravillas” y difundirlas en el grupo, a veces por venganza o por la ruptura de una relación.

Para el mundo digital no existen los secretos, todo es posible; todo se puede comunicar, mandarlo por el mundo a miles de kilómetros o distribuirlo más de cerca con el bluetooth, Zapya u otras herramientas con igual propósito.

Quizás una lectura a priori no permita comprender la magnitud de lo que expongo, pero actualícese, documéntese y verá cuando riesgos corren cuando no podemos monitorear a nuestra generación más menuda, que aunque llamen nativos digitales no lo son, pero eso lleva otro artículo.

Sobre el Autor

Ramón Brizuela Roque

Ramón Brizuela Roque

Licenciado en Periodismo Universidad de La Habana 1977. Premio Provincial por la Obra de la vida, 2013.Fue redactor reportero en Juventud Rebelde y Trabajadores; colaborador asiduo en Radio Guamá y TelePinar.

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