Actualizado 18 / 08 / 2017

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Histerismos ortográficos

Sobre la ortografía todos siempre tenemos algo que decir. Cuando es este el tema de la conversación, la anécdota brota fácilmente pues para bien o para mal, desde los primeros años estamos ligados a este conjunto de normas que regulan la escritura de nuestra lengua.

Y es que este campo del conocimiento, aunque muchos no lo asuman como tal, es una de las cartas de presentación más importantes en el día a día. Durante el período escolar marca nuestras calificaciones no solo en la asignatura del idioma, sino que su dominio o desconocimiento puede lo mismo hacer que participemos en concursos, o que ganemos una triste celebridad a causa de cometer errores garrafales.

No es la intención de este escriba llenar líneas poniendo ejemplos de barbarismos y horrores ortográficos, ni siquiera volver sobre las posibles causas y condiciones que atentan contra la buena escritura. Pues de ser así tendríamos que hablar entonces de la falta no solo de lectura, sino de la toma de conciencia personal.

Recuerdo que en mis años de estudiante de periodismo en la Universidad de la Habana, en cualquier clase, por insignificante que fuera, (al menos en mis años), una falta de ortografía acarreaba rayar y coquetear con el “suspenso”. Por lo tanto, era inadmisible.

Para muchos una de estas faltas, e incluso dos pasan desapercibidas, pero para solo poner un ejemplo, en Francia, en una solicitud de empleo, esas mismas dos hacen que no se tome en cuenta su aplicación de trabajo. Y para los que se pregunten, para qué hablar de EE.UU.

Sin embargo, hoy existe un problema mayor en este marco disciplinario. El uso de las nuevas tecnologías de comunicación ha dado lugar a verdaderos histerismos ortográficos.

Sitios web como Twitter, Facebook, el propio Messenger y tantas otras, dan paso a malas grafías por la necesidad de prontitud en los mensajes, todo ello sin contar la lectura “chatarra” de posts con un sin números de erratas que a diario se leen en estos sitios.

A la par, el empleo de abreviaturas casi irreconocibles en los SMS de Etecsa para ahorrar espacio de caracteres (y saldo), son algunos de los ejemplos clásicos del desastre que hoy padecemos.

Algo peculiar y curioso de esto último, es que en el caso de los SMS las tildes están estrictamente prohibidas en la comunidad de usuarios de tecnologías celulares, por el simple hecho de que una sola de ellas equivale a cierta cantidad de caracteres en el propio mensaje.

Y no es algo de invento popular, la prueba de este escriba en un móvil Samsung develó que el uso correcto de tres tildes permitió alrededor de 80 caracteres de los 160 estándares. Alguien debería tomar cartas en el asunto.

Aun considerando que la ortografía no debe ser un monumento, sino un instrumento, es obvio que las razones son otras, por citar algunas: pereza, falta de lectura, falta de respeto por la lengua, mala pedagogía. Sin duda existen “analfanúmeros”, como los denomina John Allen Paulos (excelente matemático y escritor estadounidense, además de profesor adjunto en la Escuela de periodismo de la Universidad de Columbia), pero también analfabetos funcionales entre universitarios y profesionales.

Quienes en diversas partes del mundo desean revisar la ortografía para convertirla en otro lenguaje adscripto, esgrimen argumentos demagógicos y olvidan que la corrección del lenguaje es condición necesaria para una correcta comunicación.

El buen uso de las normas y su posterior aplicación debería ser tan imprescindible como un cuidadoso corte de cabello, ropa adecuada e higiene personal.

Recordemos que todas las profesiones u oficios tienen en poca o mayor medida un punto de contacto con la escritura; y tan horrible se vería una “truza” en un listado de ropa reciclada lo mismo para un periodista que para un Meteorólogo.

El lenguaje del cubano promedio podrá ser popular —como reflejo de nuestra idiosincrasia —, y algunas veces, hasta vulgar, lo que en dependencia del contexto de que se trate podrá ser aceptable o no; pero solo en el lenguaje hablado deben permanecer las erratas.

Considere que el español, de acuerdo a la cantidad de hablantes, es uno de los idiomas más hablados a nivel mundial, y uno de los oficiales del movimiento olímpico. Muchos países lo ostentamos como lengua oficial, por lo que vale la pena que también nos integremos en la defensa de su pureza y que podamos ser hispanoparlantes orgullosos.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

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