Actualizado 24 / 02 / 2017

buscar en guerrillero

Facebook Twitter Youtube  Rss 

16ºC
26ºC
Estado del tiempo en Pinar del Río

“Celulitis”

“Itis”; de acuerdo con los libros y enciclopedias médicas, por un parte, este sufijo se emplea para denotar algún tipo de inflamación en el cuerpo humano, un diagnóstico por el cual consecuente entonces actúan los galenos; o esos hoyuelos que se crean en el tejido adiposo y que suelen presentarse en las piernas femeninas.

En su segunda acepción alude a la mitología griega. Exactamente al nombre del hijo de Tereo, rey de la Tracia (e hijo a su vez de Ares) y Procne, descendiente de Pandión I, gobernante de Atenas. Pero ni lo uno ni lo otro, pues estas líneas no pretenden adentrarse en etimologías clínicas, ni mucho menos en las tragedias de esta familia mitológica.

Ninguna de las anteriores estaría más lejos de lo que propone este comentario, pues para los cubanos en nuestro diccionario popular, dicha terminación también puede significar apego excesivo. De ahí las frases como “ese niño tiene mamitis o tiitis crónica”.

Partiendo de tales aclaraciones, las siguientes líneas no le pertenecen a más nadie que a quienes tienen “celulitis”. Sí, ese apego desmedido por los celulares.

Este fenómeno no es oriundo de Cuba, pues sobrado retraso tecnológico tenemos, pero hoy día puede darse fe de lo extenso y viral que se ha vuelto este fenómeno en la isla. Algo así como una enfermedad no tan venérea y sí altamente transmisible, con índices epidémicos.

En nuestro caso, la “celulitis” ha llegado para quedarse. Incluso llegando a cambiar esquemas y tradiciones de antaño. He escuchado de quinceañeras que no quieren sus respectivas fiestas o fotos, sino un buen celular para estar a la altura de sus amiguitas, las que en su momento también canjearon el artefacto por este rito familiar de siglos de antigüedad.

Quizás no muchos le presten la debida atención al suceso debido a la moda imperante. Una manía de prácticamente andar hablando solo, “tipeando” mensajes y “smiles” como un sonámbulo o simplemente jugando. Pero lo cierto es que especialistas de todo el mundo ya observan y estudian tan nocivas conductas desde puntos de vista médicos y psicológicos. Y los resultados no son nada alentadores.

Ya se empieza hablar de que las nuevas tecnologías han pasado a formar parte de las denominadas adicciones psicológicas o adicciones sin drogas. Y según los expertos, la adicción al móvil la sufren una de cada cien personas que utilizan el móvil, afectando principalmente a jóvenes y adolescentes.

Este último segmento poblacional es el más propenso a utilizar su “idea” de ocio y tiempo libre para “encadenarse” al teléfono móvil, y ya hasta nos parece un escándalo que uno de ellos no disponga de este objeto. Y aun sabiendo las posibles consecuencias, seguimos siendo tan culpables y partícipes de que los celulares formen parte de sus anatomías.

Teclear como locos durante horas en una red inalámbrica, jugar algún videojuego, comunicarse con desconocidos, tomarse fotos y vídeos para luego colgarlos en Facebook o Instagram son algunas de las principales tareas supuestamente imprescindibles, eso sin olvidar las llamadas perdidas a cada minuto. Algo peligroso es que algunos adolescentes consideran que sin el móvil no podrían tener amigos, pues lo relacionan con “ser más importantes” y de ahí la obligatoriedad de su uso.

Pero sin duda lo más preocupante pueden ser los síntomas de aislamiento y soledad, comportamientos violentos y alterados, condicionamientos de los estados de ánimo, así como problemas en la comunicación, el lenguaje y la ortografía.

Será fundamental educar entonces con criterios sólidos y no ceder ante “necesidades” juveniles, pues al paso que vamos no dudaría que algún profesor en un futuro mediato situara sus tareas independientes ya no en la Wikipedia, sino en las wifis más cercanas.

Recordemos que un teléfono celular es tan solo un medio, una herramienta, y quizás una puerta hacia un universo de conocimientos, pero nunca un modo de vida. Como sus dueños, el móvil debe responder a nuestros fines, y no lo contrario, pues seríamos entonces esclavos de nuestros propios deseos, padeciendo finalmente de una terrible Celulitis.

Sobre el Autor

Ariel Torres Amador

Ariel Torres Amador

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba

Enviar un comentario como invitado

0
  • No se han encontrado comentarios

Red 2.0

Aplicación móvil
Extensión para su navegador

Periódico Guerrillero