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No estoy para nadie

Permanece en el suelo y lo visualiza de una forma casi diagonal. No posee una historia sorprendente. Nunca fue un dirigente destacado, ni médico, ni pelotero de alto rendimiento o un obrero relevante. Su familia no lo abandonó, sus padres no fueron violentos y su infancia transcurrió con normalidad.

Tampoco renunció a los estudios de técnico de nivel medio en refrigeración; además tuvo un trabajo, 380 pesos el día del cobro, una bicicleta, dos hijos y un nieto.

Aún preserva a su esposa durante las últimas tres décadas, llamémosle Olga. Ella, desde el tercer año de casados piensa en el divorcio; pero ahora solo conserva la ilusión del cambio. Improbable.

Su nombre podría ser Luis, Carlos, Rafael, Julián..., pero es alcohólico. No lucha contra su adicción, la preserva. No le interesa saber cómo encender una computadora, contestar un celular o abrir sin mucho tanteo la cerradura de la puerta de su casa. Y en apariencia, está conforme con su enfermedad.

Con la espalda y los pies estirados sobre el asfalto, bebe. El líquido, en un rápido recorrido, transita por la boca, la faringe, el esófago, el estómago y produce un espejismo instantáneo de felicidad etílica.

En la mano, como una prolongación del puño, coloca de golpe el pomo en el suelo y a veces abre los ojos. Jamás sabes si está dormido o levita. Lo envuelve la subjetividad: transita entre el villano, el desapercibido de las esquinas o el promotor de la peña de pelota y dominó de la cuadra.

Para muchos constituye su elección de vida, otros la catalogan como una resignación cobarde de inseguridad, y algunos, como una forma de perder el tiempo o simplemente una persona sin la ayuda oportuna.

Él ignora cómo piensa el resto de los transeúntes o cuándo llegó por última vez el agua, qué día será mañana, la calidad del pan de la bodega o los productos de la próxima feria agropecuaria. No malgasta atrevimiento en especular sobre esas nimiedades. Todavía constituye la referencia, casi inanimada, de todos los que pasan por su lado. Y al parecer, no le importa.

Sobre el Autor

Elizabet Colombé Frías

Elizabet Colombé Frías

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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