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Mi país

Un país nace dentro y fuera de su gente. El mío, tan pequeño, está pleno de hombres de ojos chispeantes que narran historias divertidas con risa, historias tristes con risa.

Mi país es un camino verde con muchos pájaros, una carretera entre marabúes, un río con nombre aborigen, una casa de madera mecida por el viento, los habitantes diversos de la casa, la casa derribada por el viento y compuesta otra vez, tabla a tabla.

Mi país es un abuelo que dobla el tronco en el campo, aguijonea bueyes y no se queja en la noche cuando los dolores sitian su cuerpo; un grupo de chiquillos que se adueñaron de la calle con sus carriolas rústicas y sus chiringas fabricadas con java de nylon; la madre de uno de los chicos que grita desde el balón, más alto que las carriolas, para que se acabe el juego y su hijo suba a atender las tareas escolares y a quitarse el churre del cuello.

Mi país es una tienda desabastecida, el tipo que lo tiene todo a la salida de la tienda, una feria llena de artificios, un caracol, un chivo, un tambor, un hombre que compra cualquier pedacito de oro, espejos viejos y frascos de perfume vacío, otro que pregona ambientadores sellados.

Mi país es la vecina que me trae el pan y las últimas noticias del barrio y si le pido un poco de azúcar me la obsequia con gusto.

Mi país es mi maestro Elías, negro como el carbón, alto, limpio, buenazo. Sabe más matemáticas que el famoso Blaise Pascual y en las tardes carga una tanqueta de sancocho para alimentar a sus cerdos.

Una parte de mi país está aquí conmigo, la otra se la llevaron mis hermanos y mis primos cuando se fueron. Allá donde están cantan el himno cubano con los ojos húmedos, bailan casino, leen el Granma, se estremecen ante el Niágara embravecido y evocan las mismas palmas que soñaba Heredia, saltan de alegría si descubren a otro cubano y lo abrazan como a un familiar querido, relatan para nosotros el milagro de la nieve y poco les falta para envasarla en un frasco y enviarnos un poco a ver si llega intacta.

Mi país es el sol del trópico ardiendo en la piel, la ropa pegajosa de sudor, un cuerpo contra otro cuerpo, contra otro cuerpo, en una guagua, dos perros revolcándose en la basura, un guarapo frío para espantar el cansancio, la bicicleta que te lleva a todas partes, una guitarra para beberse la noche, una canción a muchas voces, cada voz es un país, dentro de otro país llamado Cuba.

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

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