Actualizado 17 / 08 / 2017

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Consolación del Sur: las crías de “Siete Hermanas”

Hombre echando agua a los cerdos

El centro nunca cierra”, afirma Tiamira Pedroso Casanova, directora de la unidad productiva. Hay quien llega a las seis de la mañana y otros cubren a partir de las seis de la tarde. Jamás se detiene la cela de los cerdos y la atención a cuestiones básicas como la alimentación y la higiene.

Según su directora, las prioridades de este año tienen como eje el control y la atención a los trabajadores. En ambos aspectos los resultados son satisfactorios.

“Siete Hermanas” se dedica a la venta de animales destinados a los convenios. En la actualidad, muchos de los números registrados en la UEB respaldan la condición que recibieron. Por ejemplo, el plan de 4 720 precebas que debieron vender hasta la fecha fue superado en 185 puercos más.

De 35 trabajadores, 27 laboran directamente en la producción y hay para cada área un especialista o responsable. Esa distribución del trabajo proporciona superioridad en la calidad.

En ese sentido, lograron que los animales de salida del convenio promediaran un peso acumulado al cierre de junio de 8,8 kilogramos, aun cuando el contrato requiere seis kilogramos. “Solo en el último mes estuvimos alrededor de los 9,3. Eso significa unos 700 000 pesos por encima del plan que debíamos ingresar”, explica Alberto Iglesias Ramos, especialista principal y jefe de producción.

RUTINAS

En el centro hay varias naves en el área productiva. Cada una de ellas con un fin determinado. A veces de uso cíclico. Según Félix Morejón Dueñas, técnico en reproducción, tienen 600 hembras que mantienen el proceso y 40 verracos.

En esa área trabajan cinco personas además del técnico. “Es el fuerte de la unidad. Hay que mantener en buen estado la puerca y llevarla hasta la semana 16 de gestación para que pase a la maternidad. Cada parto oscila entre 10 u 11 precebos”, expone Osiel Valdés Barroso, obrero especializado.

El técnico del área de desarrollo, Ebrin Betancourt Hernández, trabaja aquí desde hace 10 años. En su área se lleva la animales a la etapa de lechona que va a dar el remplazo, es una característica única de ese centro, y el resto para la comercializadora. “Al concluir los 70 días pasan a la etapa de cochinata donde permanecen durante 13 secciones. Ahí se espera 20 días para comenzar la reproducción”.

BIOSEGURIDAD Y CONTROL

La bioseguridad de la unidad está resguardada por tres barreras. La primera es la cajuela de desinfección de vehículos. El segundo paso es el filtro sanitario donde el personal deja su ropa y se baña para no transmitir los agentes externos que portan al interior. Por último, está la barrera que delimita el área no productiva como comedor y oficinas, con la productiva.

Victoria Pérez Izquierdo, operaria agropecuaria de servicio, se encarga de que estas medidas se cumplan. Por ella pasan todos los visitantes y trabajadores antes de entrar. También mantiene la cuarentena de los animales que entran: se ubican en una nave aparte y ella los cuida durante ese tiempo.

En las 10 hectáreas que cubre “Siete Hermanas”, se intercalan cultivos de arroz, vianda, hortaliza, granos y otros alimentos, así como frutales. La intención es contribuir al bienestar de los trabajadores que hoy reciben utilidades superiores en consonancia con lo producido.

Además, la estimulación va más allá de lo monetario, porque cada cierto tiempo la administración del centro organiza actividades como fiestas y viajes, con el fin de destacar el trabajo constante de los obreros y especialistas de esa unidad consolareña.

Sobre el Autor

Anelys Alberto Peña

Anelys Alberto Peña

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca

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