Actualizado 21 / 10 / 2017

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Cuando pienso en el Che…

Ernesto Che Guevara

En su condición de ministro de Industria y jefe militar de Pinar del Río para situaciones de guerra, el Che se relacionó con los habitantes del territorio vueltabajero. Su huella sigue vigente, de una forma especial, en el extremo más occidental de esta geografía.

Cómo hablar de alguien a quien no conocí y quien en vida y aún después de muerto tuvo seguidores y detractores? ¿Cómo bajar a los héroes del mármol y presentarlos de una manera más humana? Solo conozco una forma: escuchar y leer a quienes sí pudieron compartir y andar con ellos.

Después de indagar acerca de la vida de Ernesto Che Guevara, el criterio de Fidel Castro resume su carácter: “(...) constituyó el caso singular de un hombre rarísimo, en cuanto fue capaz de conjugar en su personalidad, no solo las características de hombre de acción, sino también de hombre de pensamiento, de hombre de inmaculadas virtudes revolucionarias y de extraordinaria sensibilidad humana, unido a un carácter de hierro, a una voluntad de acero, a una tenacidad indomable (...)”.

CHE Y LA REGIÓN MÁS OCCIDENTAL DE VUELTABAJO

Pinar del Río acogió al Che en reiteradas ocasiones. Como jefe militar de la provincia y ministro de Industrias, entre los años 1961 y 1964, el Guerrillero Heroico anduvo la geografía pinareña.

Los archivos de la prensa local evidencian su participación sistemática en actos, conmemoraciones, inauguración de industrias y obras sociales, en reuniones y recorridos por importantes proyectos de la Revolución.

Sin embargo, resulta poco conocido el hecho de que muchos de estos acontecimientos tuvieron como escenario la zona más occidental de Pinar del Río, actual municipio Sandino, lugar donde este hombre dejara una huella perenne en el pueblo.

En el contexto de la invasión mercenaria por Playa Girón y la amenaza de un ataque directo del ejército de Estados Unidos a Cuba, el Che reforzó todas las zonas estratégicas de posibles desem-barcos del enemigo.

Las características del terreno, el aislamiento de la península de Guanahacabibes y la presencia de costas al norte y al sur hicieron que este territorio constituyera prioridad para el Guerrillero Heroico.

Sabía además que por dicho extremo geográfico penetraban aviones de reconocimiento del ejército estadounidense, el cual había construido la base de San Julián con la mayoría de los materiales desembarcados por el puerto de La Fe, por lo que conocía muy bien el espacio aéreo de la región.

Al occidente de Pinar del Río también lo uniría su responsabilidad para encauzar y fiscalizar transformaciones revolucionarias como la Campaña de Alfabetización, la construcción del caserío de La Bajada, el centro de rehabilitación Uvero Quemado y la zona de desarrollo agrario PR-4 de Guane.

A pesar del tiempo transcurrido, algunos de los habitantes de esta región recuerdan con cariño y sano orgullo la oportunidad de conocer a este hombre y compartir con él, aunque fuera apenas por unos instantes.

Anécdotas recogidas en el libro Che en el occidente de Pinar del Río, del historiador sandinense Rolando Lamas Machado, nos acercan a esa etapa.

HOMBRE DE ACCIÓN

En su condición de jefe de batallón en la demarcación más occidental, René González Novales, El Rubio, compartió en varias ocasiones con el Che.

En mayo de 1964 se llevó a cabo la operación contra la red contrarrevolucionaria Frente Unido Occidental (FUO). En ese contexto, González Novales, sin tomar las medidas pertinentes, nombró como jefe de operaciones a Álvaro Prendes, un oficial que cumplía sanción en Uvero Quemado; por esa razón, Bárbaro Camejo, director del centro, se lo informó al Che.

El hecho anterior coincidió con el derribo de un IL-14 de reconocimiento, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, por orden del propio Rubio, ante el aviso por microonda de que un avión se había lanzado de picada sobre el faro Roncali y que estaba dando vueltas por la zona sin previa autorización.

“Así sucedió y aproximadamente a las 6:20, el avión volaba bastante pegado al mar echando humo (...) los tripulantes sufrieron algunas lesiones de gravedad, pero no mortales.

“Al tercer día, después de este último incidente, el Che me mandó a buscar (...). Estaba casi seguro de que se trataba del avión derribado, pero me equivoqué. Me presenté respetuosamente con un saludo militar, después se estableció el diálogo: ‘¿Sabes para qué te mandé a buscar? (...). ¿Quién ordenó derribar ese avión?’. ‘Yo Comandante’. ‘Pues muy bien, ojalá que a todos los intrusos les pase lo mismo (...) pero solicité tu presencia por otro asunto. ¿Quién te ordenó darle jefatura a Álvaro Prendes? (...) por haber tomado decisiones indebidas, que conllevaron a hechos desagradables te amonesto (...)”’.

Después de eso, recapitula El Rubio, que con mucho tacto le planteó a Bárbaro Camejo: “Compañero Camejo, manténgase en el centro (Uvero Quemado) (...) pero la parte militar es nuestra”, a lo que me contesta: “Usted se equivoca, yo he pasado escuelas militares, he estado en muchas movilizaciones (...)”. “Le respondí con algo de jocosidad: ‘Pero jefe aquí lo que se necesita son estrategas de recovecos, farallones y diente de perro’.


“¿Por qué será que el Che tiene esta peligrosa costumbre de seguir naciendo? Cuanto más le insultan,
le traicionan, más nace. Él es el más nacedor de todos. ¿No será porque el Che decía lo que pensaba y hacía
lo que decía? ¿No será que por eso sigue siendo tan extraordinario en un mundo donde las palabras y los hechos
rara vez se encuentran y cuando se encuentran no se saludan porque no se conocen?”

Eduardo Galeano


“De nuevo fue y le contó todo al Che, quien le preguntó al parecer asombrado: ‘¿Así te dijo el compañero?’. ‘Sí Comandante, así me dijo’. ‘Pues chico, el compañero tiene toda la razón’”.

HOMBRE DE PENSAMIENTO

A partir de noviembre de 1963 comenzaron a implementarse en terrenos de la granja Augusto César Sandino el Plan Hortícola y el Plan Piloto de Tabaco Rubio.

El responsable por la granja era Cristóbal Acanda. Para este hombre, la visita y preocupación del Che por la marcha de los planes agrarios en el territorio más occidental de Pinar del Río tuvo una significación especial.

“(...) vi llegar a un grupo de personas vestidas de verde olivo hasta donde yo estaba, se trataba de dirigentes del Partido de la zona y nada menos que del Che Guevara. Me impresionó tanto, que sentí flojera en los pies y me puse muy nervioso, él se dio cuenta de lo asustado que yo estaba, me tiró la mano por encima del hombro y me dijo: ‘Vos no tengas miedo’ y acto seguido me preguntó: ‘¿Qué te parece esta idea, hay rendimiento o no?’.

“Recuerdo también que se dirigió hacia los que lo acompañaban y les dijo: ‘...el desarrollo de todo esto dependerá en gran medida de los hombres y de la técnica...’”.

che guevara y fidel castro

HOMBRE DE INMACULADAS VIRTUDES REVOLUCIONARIAS

René González Novales, El Rubio, narra que a mediados de enero de 1962 visitó junto al Che y otros compañeros el centro de rehabilitación Uvero Quemado.

“Luego de cordiales saludos, el Che le ordena al director del centro preparar las jutías que habíamos cazado durante el viaje para los compañeros del lugar, a la vez que le dice que aquellas serían las últimas que se cazaran en el Cabo y que de él dependía el cumplimiento de aquella orden.

“El teniente Higinio le responde: ‘Usted me perdona, Comandante, pero esa orden yo no la puedo cumplir... Guanahacabibes es grande, con puntos muy complejos y aislados, lo que me resulta imposible controlar... si usted quiere me traslada o me destituye, pero yo no le puedo engañar’.

“El Che nos pregunta: ‘¿Y ustedes que piensan de esta orden?’ (...) De atrevido me les adelanto y le digo: ‘Comandante, pienso que Higinio tiene la razón. Para neutralizar a los cazadores de jutías hace falta en esta zona decenas de hombres dedicados solo a esta tarea, y es posible que ni así se logre... además nosotros a cada rato entramos en las fondas de Manuel Lazo (Cayuco) y Las Martinas, y valga las jutías para que mucha gente pueda comer’.

“De nuevo el Che arremete: ‘Entonces tú también apoyas las ilegalidades... está bueno esto, con buenos jefes contamos aquí... chico, y la fauna quién la protege’. Concluyó el Comandante en forma lacónica: ‘Por lo menos, aunque no me convencen, ustedes son sinceros’.

“Ahí cambió el tema y pasó para la atención a los compañeros que por una u otra razón se encontraban en el centro”.

EXTRAORDINARIA SENSIBILIDAD HUMANA

El Che fue activo protagonista de la Campaña de Alfabetización en lo que fuera Remates de Guane, actual Sandino. Le dedicó especial atención a la marcha y el grado de avance que iban experimentando los milicianos, que por razones movilizativas se encontraban en el extremo más occidental y quienes en ocasiones se negaban a recibir las lecciones.

Tal fue su seguimiento a esta noble gesta que fueron sus manos las que izaron en la zona, el 15 de diciembre de 1961, la bandera de Territorio Libre de Analfabetismo.

Su sensibilidad humana también destella, junto a Celia Sánchez Manduley, en la construcción del caserío de La Bajada. Treinta casas que beneficiarían a igual número de familias, cuya situación precaria al triunfo de la Revolución se tornaba insoportable.

Esta comunidad, la primera edificada en la península de Guanahacabibes, se inauguró el 13 de mayo de 1963. Sus primeros pobladores recuerdan con beneplácito los encuentros con el Guerrillero Heroico y las expresiones de aliento dadas con particular amor y fe.

Rememoran cómo sus rústicos bohíos se convirtieron en casas confortables para su época.

CARÁCTER DE HIERRO

Detractores del Che plantean que el centro de rehabilitación Uvero Quemado fue construido por indicaciones de él y lo acusan de reconcentrador al estilo Weyler. Sin embargo, la responsabilidad que sí compete al Guerrillero Heroico es la transformación de aquella determinación inicial del Minfar, a partir de nuevos conceptos educativos, y su extensión a dirigentes administrativos que violaran los principios éticos del verdadero revolucionario.

En la primera reunión bimestral del Ministerio de Industrias, el 20 de enero de 1962, ante el planteamiento de Gerardo González, director de la Empresa Consolidada de Derivados del Cuero, de que no se debía mandar a nadie a Guanaha-cabibes sin antes discutir la sanción en los núcleos de base del Partido y con los compañeros sancionados, el Che expresó:

“Gerardo, quiero que sepas que Guanahacabibes no es una sanción feudal. Allí no se envía a la gente que debe ir a la cárcel, a Guanahacabibes se envía a la gente que ha cometido faltas a la moral revolucionaria de mayor o menor grado. Yo sé que es trabajo duro, porque lo he realizado muchas veces en trabajo voluntario, pero te aseguro que no es trabajo ‘esclavo’. Cuando hay un robo, el ladrón va a la cárcel y el director que lo solapó, a Guanahacabibes. A la gente que he visto yo, no sale amargada ni despechada, y además a Guanaha-cabibes va el que quiere y el que no quiere ir, pues no va, aunque se tiene que ir del Minind, porque esas son las reglas del juego aquí, y yo no obligo a nadie a estar aquí”.

VOLUNTAD DE ACERO

Según testimonio de Segundo Victorero, quien fuera dirigente político de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) en la Seccional de Guanahacabibes, “hombres como el Che nacen pocos”.

Contó Victorero que en una ocasión lo seleccionaron para dar un recorrido por la zona y se atascaron en un lugar conocido por Bien Parado. “Con un ataque de asma no se le pudo impedir que se esforzara, a más no poder, para resolver el problema y continuar”.

Recordó que cuando uno de los compañeros le dijo: “Cuídese Comandante”, él le respondió: “Ustedes son los que tienen que cuidarse, que tremenda falta le hacen a la Revolución en este lugar”.

TENACIDAD INDOMABLE

Al hablar del Che persistente, no puede faltar el testimonio de René González Novales acerca de la preocupación del comandante Guevara por el extremo más occidental de la provincia, a inicios de mayo de 1962.

“Me interrogó como si estuviéramos esclareciendo la misión antes de entrar en combate. Me pidió la opinión para el caso de que me rompieran la línea de defensa en el lugar que tenía asignado. Le respondí que lucharíamos para rechazar al enemigo en nuestras posiciones, pero que ante una eventual superioridad de estos, después de agotar todos los recursos, con lo que nos quedara, pasaríamos a la guerra de guerrilla y volveríamos loco al adversario en nuestro entorno. Eso le gustó mucho y concluyó: ‘Eso es... una guerra de guerrilla gelatinosa y de desgaste, la región se presta para eso’”.

Este es el Che que me hacen conocer aquellos que sí tuvieron la oportunidad de compartir con él. Una gente jovial, de hablar pausado, de hablar bajito. Pero muy exigente e implacable en la medida en que a sí mismo se exigía. Un permanente inconforme con lo mal hecho. Un Che que inspiraba respeto y hasta cierto temor porque hablaba sin medias tintas. No obstante, un líder que se ganaba el cariño del pueblo al interesarse por el desposeído y cumplir lo que prometía.

Lo imagino desprendido de las cosas materiales, pero celoso guardián de la libertad de los pueblos. Solidario. Perspicaz. Siempre con una enseñanza unida a su ejemplo. Una persona extraordinaria capaz de tocarle la fibra al ser humano con quien trabajaba y a quien dirigía. Pero sobre todo, un Che de carne y hueso, con aciertos y desaciertos.

Esta es la razón por la que al hablar de él, nuestra mente obvia la cruda realidad de su ausencia física y lo hacemos en presente. Su ejemplo, siempre vigente, nos reta a ser mejores revolucionarios.

Sobre el Autor

Yurina Piñeiro Jiménez

Yurina Piñeiro Jiménez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba

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