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Cuando el VIH se recuesta en tu hombro

Dia mundial del sida

El destino así lo quiso, transformó su vida de la noche a la mañana sin pensar que un día él quería tener familia, una vida normal, andar con plenitud, caminar sin señalamientos. Ahora está condenado a responder por sus irresponsabilidades, las cuales hasta hoy todavía le cuestan caras.

Su nombre podría ser Alejandro o Juan, Diego o David, hasta María o Inés, Cecilia o Arianna, podría ser lo mismo un hombre que una mujer, pues nadie está exento a contagiarse con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH).

Todos piensan alguna vez: “A mí no tiene por qué tocarme”, pero la vida es caprichosa, impredecible, nunca llegas a conocer cada una de sus mañas; de saberlas, seguro te las ingeniabas para no correr riesgos.

Su historia es propia, pero similar a muchas, quiere compartirla en anonimato, pues desea hacer algo para enmendar errores y evitar que se cometan otros, quiere enseñar a la juventud a ser prudente y responsable de sus actos.

YO, TÚ, ÉL... CUALQUIERA

Este alguien, protagonista de mi texto, acostumbraba a visitar las peñas que programaba La Sitiera en el año 2008, pero un día, los aires de juventud, empezando a vivir su década de los 30, lo llevaron a actuar sin compromiso; como chiquillo, terminó aquella noche en estado de embriaguez y bajo la tentación del sexo aventurero.

“Usé condón”, así lo asegura, aunque no lo puede comprobar, no tiene certeza de ello. “No le hice caso a las amistades, pero yo, como todo el que no escarmienta por cabeza ajena, me fui, a sabiendas de lo que hacía”.

Para él sería una ironía, en tanto fue formado desde el 2008 como promotor del centro de prevención y control de las ITS-VIH-sida en la provincia: conocía de la libra todas sus onzas, pero como suele decirse, la suerte es loca... “Yo, promotor, que prevengo y propongo el uso del condón, mira en la situación en la que estaba.

“Todo quedó ahí, a los ocho meses, dos promotores se me acercaron y me dijeron que era necesario que fuera al centro porque la persona con la que había estado en aquella ocasión, ahora había sido diagnosticada como positiva al virus.

“Fui, me chequeé, era julio del 2009, estuve casi un mes esperando, con el cerebro en cualquier parte, y la prueba dio negativa, me volvió el alma al cuerpo, pero ya en noviembre me llama el coordinador del proyecto para que me repitiera la prueba, ahí sí, era positivo al VIH.

“Aunque me estaba preparando psicológicamente para la noticia porque era una de las probabilidades, no fue así, uno nunca está preparado, el cielo lo tenía sobre mi cabeza.

“Empecé a vivir como en un duelo, pasé por diferentes fases y lo primero fue la negación. Sentía más miedo por mi papá –que en ese tiempo vivía– que por mí, pues él fue quien siempre se encargó de mí desde los dos años cuando quedé huérfano de madre.

“No se lo dije, esperé un tiempo, pero él no era bobo, le inventé el cuento de que me mandaban la dieta porque estaba un poco desnutrido, pero cuando llegaba a la bodega a recogerla, se le decía por lo que era.

“Nunca hablamos del tema, al final lo supo, pero nosotros no hablábamos nada de eso, después, cuando pasó el tiempo, sí era muy celoso conmigo y me cuidaba, tuve suerte por ese lado, por su apoyo y el de toda mi familia, pues creo que hubiera sido más duro si me negaran, que es uno de los problemas más grandes por los que atraviesan los que se infectan.

“Fue difícil el cambio en la alimentación, pues tenía que hacer seis comidas diarias, era una vida que yo no llevaba pero tenía que cumplir si quería sobreponerme a la enfermedad.

“Me enfrenté al rechazo de la gente, sobre todo en el sistema de salud, en aquel tiempo aún había un poco de temor, me encontraba con enfermeros que si te iban a hacer un chequeo se ponían doble guante, y eso laceraba mi autoestima.

“Ser promotor me ayudó a ser disciplinado, a conocer lo que tenía, a saber qué hacer, a no temer, a buscar luces en el camino para seguir, ya hoy tengo 40 años y la carga viral es indetectable, está en cero, que es lo más importante.

“La persona con el VIH debe tener la carga viral baja y las defensas del cuerpo (CD4) altas, se dice que para estar bien debía estar por encima de 300 y preferiblemente de 500, yo nunca sobrepasé los 250, los CD4 siempre los tuve bajos.

“Ya me han cambiado los medicamentos retrovirales en diferentes ocasiones, por cuestiones ajenas a mí. El último CD4 que me hice estaba en 422”.

NOSOTROS AYUDAMOS... ELLOS LO AGRADECEN

“Mis amigos fueron un apoyo, hoy siguen de cerca mi situación y nunca vacilaron en ayudarme, con los centros de trabajo tampoco he tenido problemas, donde quiera que llego ven con seriedad mi caso, suerte que no han corrido muchos.

“A la persona que me infectó la veo pasar, nos saludamos y ya, también está diagnosticada con VIH, pero no sigue con disciplina la asistencia médica, no le guardo rencor, porque cada cual debe asumir las consecuencias de sus actos.

“Dicen que cuando uno se enamora pierde la cabeza pero no es así, el amor no da para tanto, pensemos mejor las cosas, somos responsables de nuestra salud, esto quiero que lo conozcan los más jóvenes, que no comiencen su vida sexual tan temprano y si la van a tener que usen condón, que es la única prevención segura que existe, tanto de embarazos no deseados como de cualquier ITS.

“Tener relaciones sexuales despro-tegidas significa también que, al mismo tiempo, tienes vínculo con las parejas anteriores de esa persona. No es solamente el VIH, es el condiloma que no se cura, el herpes simples, la hepatitis, la gonorrea, la trichomona, entre miles, que abren ventanas para tener VIH.

“Antes mi vida era un poco loca, después ya fue más seria. Ojalá no hubiera sido así. No me gusta decir esto, pero estar enfermo me ha hecho madurar.

“Tengo mi pareja estable, cero discordante, o sea, no está infectado. El hecho de que no se contagie está en mis manos. Asumir una actitud coherente es la base para garantizar que mi vida sea más duradera.

“Nadie sabe lo que es tener VIH, las personas le pierden el miedo y la percepción, se creen que las conocen todas, nadie puede imaginar lo que significa vivir pendiente de un medicamento todo el tiempo, y gracias que al menos tenemos acceso a ellos.

“Es triste ver las condiciones a las que uno se expone cuando llega a la fase sida y no asumimos la medicación con disciplina. Es triste ver todo lo que acarrea en un mismo momento, se deteriora la salud al punto tal de volverte irreconocible. Si fueran sensibles ante eso, entonces le tuvieran un poquito más de miedo.

“Es verdad que podemos vivir casi igual a los demás, pero con mucho cuidado, precaución, con limitaciones, no vives a plenitud, pues tus circunstancias son otras, cambiaron desde el instante en que no usaste el condón”.

Las calles de Alejandro o Juan, Diego o David, María o Inés, Cecilia o Arianna, ya no volverán a ser las mismas, sus costumbres fueron prohibidas y se les impusieron reglas difíciles. El final de sus vidas está más cerca que nunca y sus pies ya no serán tan fuertes como antes. Los sueños se les tornarán lejanos y la mirada gris, pero siguen su andar por esta ciudad. Ayudemos a que sus nombres no se repitan entre la gente, auguremos un futuro más sano, construyamos un mundo sin VIH.

Sobre el Autor

Heidy Pérez Barrera

Heidy Pérez Barrera

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río, Hermanos Saíz Montes de Oca.

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