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Todos en Ovas quieren al doctor Julio

Medico pinareño

El 3 de diciembre se celebra el Día de la Medicina Latinoamericana. A esta celebración cada año se suma nuestro país. Hoy Guerrillero le obsequia la historia de vida de un médico pinareño, que por donde pasa, siempre deja en los pobladores, una huella de respeto y cariño.

Dice Yeyo, la vecina que vive frente al consultorio # 69 del Consejo Popular “Las Ovas”, que para ella, el doctor Julio es su hijo postizo.
“Es tan bueno, tan noble. Yo me enfermé y el especialista me mandó muchos medicamentos y en una conversación en la que él estaba presente, yo le dije a mi sobrino,´Verás el enredo que se va a formar con tantas pastillas´. Y cuando menos yo me acordaba, ahí llegaba Julio y me decía: ´Yeyo, las pastillas.´ Pero, déjame decirte, que al principio le tenía un poquito de tirre, porque en una ocasión insistió en ingresarme y yo no quería.

Ahora tú me ves llamando a Julio para que tome un poquito de café, para que coma un poquito de dulce y todas las boberías que yo hago, como si fuera mi hijo de verdad.”

Como quien quiere dejarlo más claro, Deisi Lorenzo me asegura:

´Él es el médico de esta y todas las familias de por aquí.´

“Mi papá estuvo postrado durante años y estos últimos cuatro meses antes de fallecer, quien lo atendió fue Julio. Siempre estuvo pendiente de mi viejito. Hasta los fines de semana venían él y el otro médico del consultorio a inyectar a mi papá. Me dio su teléfono y me dijo que a cualquier hora que lo necesitara lo llamara.

Yo quisiera que tú lo vieras, a veces a las cuatro y pico, llega alguien para que él lo atienda o para avisarle de alguien que está encamado, y él deja ir el camioncito de las cuatro y media de la tarde.

Imagínense los sentimientos que tiene, que lo último que hizo por mi papá ya fallecido fue cargarlo. Yo no tengo palabras para agradecer la dedicación y el cariño que él nos da.”

“Es un gran médico, pero ante todo un gran ser humano.” Así lo afirma Leonel Suárez, a quien todos conocen en el poblado como El Gallego.

´”Julio ya es un compañero y un vecino más en el barrio. Todos los días les da una vuelta a mi viejo y a los demás enfermos postrados de la zona, que no son pocos.

La gente del barrio lo ha acogido a él como familia. Mire, el día de su cumpleaños le hicimos una fiestecita. Todo el mundo puso su granito, uno llegó con el dulce, otro con el arroz y así le hicimos un almuercito en señal de agradecimiento por el buen trato de él con los pacientes y las familias del lugar.”

“Ojalá todos los consultorios tuvieran un médico como Julio!” Respondió con espontaneidad Bárbara María Gato, cuando le pedí que me hablara acerca del médico de la familia. “Es muy cariñoso y una atención que cuidado con eso, le explica a los pacientes, siempre tiene ese carácter afable.

Estoy segura que le preguntas a cualquier persona de aquí de Ovas, que se haya atendido con él y te dirá lo mismo que yo.”

Trabajar con Julio es una bendición

Mabel Marrero, enfermera de este consultorio, le asombra cómo Julio con el poco tiempo que lleva en Ovas (un año quizás), conoce y le llega a cada uno de sus pacientes.

“El tiene mucha psicología, mucha paciencia y respeta a todos. Como compañero de trabajo es muy solidario, siempre dispuesto a ayudarnos. Y como profesional es muy competente y para nada le acompleja que yo siendo enfermera lo aconseje. Con él se trabaja perfectamente.”

El otro integrante de este equipo básico de trabajo, el doctor Carlos David Pérez asegura que Julio tiene un gran sentido de la ética médica y del compañerismo.

“Trabajar con Julio da gusto. Entre nosotros no ha habido nunca desacuerdos ni discusiones. Él es capaz de comprender y darle solución a los problemas sin ofender a sus compañeros.

“Cuando inicié en este consultorio yo aún era residente de Medicina General Integral y puedo decirle que Julio ha influido mucho en mi formación profesional, porque enseña con el ejemplo. Y no me molesta que algunas personas prefieran atenderse con él, pues entiendo que Julio se ha ganado ese prestigio y cariño.”

Hace apenas un año, el doctor Julio Alexi Alonso Labrador llegó al consultorio #69 del Consejo Popular “Las Ovas” y ya tiene, como se dice en buen cubano, un pueblo.

Quién hubiera imaginado que aquel muchacho que cogió la carrera de Medicina mediante la orden 18, porque no ofertaron la especialidad que a él le apasionaba, resultara un médico tan querido, por su dedicación y buen trato al paciente.

Este profesional de la salud ofreció ayuda en cuatro países, además del nuestro, y en cada comunidad donde estuvo como MGI, dejó un grato recuerdo en los pobladores.

Hoy cuando Julio lea este trabajo se sorprenderá de que la web 
Guerrillero le dedique un espacio. Como imaginé que por modestia se reservaría muchas de sus virtudes, decidí recurrir a la gente, porque quiénes mejor que ellos para referirse a este hombre, que les entrega su talento y tiempo cada día.

“No te preocupes mami, no estoy loco, solo estoy memorizando”

“Cuando Juli se acogió a la Orden 18 para obtener una carrera, entre Derecho, Psicología y Medicina, él eligió esta última. Imagino que en ello influyó el acercamiento que tuvo a esa profesión, porque él pasó el servicio en el Hospital Militar de aquí de Pinar del Río y durante ese tiempo formó parte de la brigada sanitaria.”

Así cuenta Pastora Labrador Labrador, madre del doctor, mientras apela a la memoria porque la he puesto en el compromiso de contar parte de la vida de su hijo.

“Recuerdo que cuando me dijo que quería estudiar Medicina, le dije que lo pensara bien, que esa era una carrera muy bonita, pero de mucho sacrificio y tenía que gustarle de verdad, porque se trataba de la vida de los seres humanos. Su papá y yo le dejamos claro que si en algún momento él se desencantaba por cualquier motivo, que no tuviera temor ni vergüenza de dejarla, que nosotros siempre lo apoyaríamos.

Pero Julio desde un inicio se esforzó mucho y se enamoró de su especialidad. Cada vez que tenía la oportunidad estudiaba. Se pasaba los días leyendo y yo le preparaba cositas: tostaditas, té, leche con chocolate, dulces...Para que se alimentara porque ¡cómo estudiaba!

Hubo un momento en que Tatá (su papá) y yo nos preocupamos porque hablaba solo mientras caminaba de una esquina a otra de la casa. Hasta que un día le dije: ´Ay mijo, por qué es que tú hablas tanto sólo.´ ¿Tú te sientes bien?´ Y él me dijo:´no te preocupes mami, no estoy loco, solo estoy memorizando.´

Del aula para el mundo

Dice Pastora que el mismo día en que Julio comenzó a trabajar en un consultorio de “La Conchita”, -donde lo ubicaron- llamaron del policlínico a la casa, pidiendo que se presentara en la Facultad de Ciencias Médicas, para que dijera si estaba o no dispuesto a ayudar a los damnificados por el huracán Katrina en Estados Unidos.

Pero allá no aceptaron la ayuda de los médicos cubanos, en Estados Unidos, entonces Juli se mantuvo un tiempo más preparándose en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) y en ese mismo período hicieron un pedido de médicos para Pakistán ¡y para ahí sí que Juli tuvo que irse!.

Fue una experiencia fuerte para él que estaba recién graduado y para nosotros que nunca lo habíamos tenido lejos.

En Pakistán, puedo decirle, periodista, que lo querían mucho...Allí estuvo alrededor de seis meses. Él vino muy contento porque nunca imaginó que esa fuera su primera experiencia laboral y le fue muy bien. Luego regresó, y con la misma, ya lo estaban llamando para otra misión en Bolivia, donde pasó dos años.

Sé que para él fue muy especial su visita a La Higuera. Él me envió fotos de ese momento que, según me contó, fue impactante porque ahí asesinaron al Che.

Después de Bolivia se incorporó a trabajar en el consultorio del nueve plantas en el Reparto “Hermanos Cruz”, y a pesar que estuvo allí sólo nueve meses, los vecinos aún lo recuerdan. En estos días estuve allí y una señora se percató de que yo era la mamá de quien había sido su doctor. Le salió una expresión tan linda: ¡Ay pero si ella es la mamá del doctor Julio!´

Yo conservo cartas que me enviaron desde Venezuela algunas familias diciéndome que me iban a quitar a Juli porque ese era también hijo de ellos. Esos momentos fueron muy especiales para nosotros, porque qué padre no siente orgullo de tener hijos que por donde pasen, siempre dejen una huella de cariño y respeto.

Y cuando regresó de Venezuela, lo ubicaron en el pueblecito de Ovas. Óigame, pero no me dejaron cogerle el gusto, en unos meses se lo llevaron para Brasil, donde estuvo dos años.

Para alegría nuestra, desde hace casi un año Juli trabaja en el consultorio 69 de Ovas, el que está al lado de la posta médica. Allí la gente lo quiere mucho pero me lo han puesto muy cafetero.”

A pesar del poco tiempo que el doctor Julio Alonso Labrador lleva trabajando en este Consejo Popular de Pinar del Río, él se ha ganado el respeto y la gratitud de los pobladores del lugar. Conquista que responde no solo a su capacidad profesional, sino también al humanismo y a la hidalguía con la que cada mañana, este médico perfuma su bata blanca.

Medico pinareño

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Sobre el Autor

Yurina Piñeiro Jiménez

Yurina Piñeiro Jiménez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba

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